Crítica: "Rey Arturo: La Leyenda de Excalibur" (Guy Ritchie, 2017)

Se dice que el rey Arturo regresará de su merecido descanso en Avalón cuando Inglaterra más le necesite. Posiblemente lo haga ahora, para vengar la afrenta que ha perpetrado Guy Ritchie con esta espantosa película.

El film se abre con un confuso prólogo en el que se muestra a Uther Pendragón (Eric Bana) peleando contra Mordred (?) a lomos de un mûmakil, uno de esos elefantes gigantes de El Señor de los Anillos (!?!). Aunque uno no sea un experto en el ciclo artúrico, se dará cuenta de que este acercamiento de Guy Ritchie a la leyenda británica por excelencia es, cuanto menos, libre.

El problema del film no son las “licencias poéticas”, ya que toda leyenda, y especialmente una tan difusa como la arturiana (un batiburrillo de historias célticas y cristianas), se presta a eternas reinterpretaciones. Novelas como La Torre Oscura (Stephen King, 1982) y películas como Los caballeros de la moto (George A. Romero, 1981) o Bienvenidos al fin del mundo (Edgar Wright, 2013) han utilizado elementos artúricos de las maneras más dispares e inesperadas, con estimulantes resultados.

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Lo que sucede con Rey Arturo: La leyenda de Excalibur no es tanto un problema de falta de fidelidad como de exceso de aburrimiento, derivado de una narrativa catastrófica. El film, en realidad, viene a ser una versión de Robin Hood en clave de espada y brujería, lo cual estaría muy bien si la cosa entretuviera en lugar de amuermar y provocar dolor de ojos.

No es una mala película, sino el tráiler de una mala película. Un tráiler de más de dos horas. Ritchie intenta resultar moderno y fresco echando mano a trucos que eran novedosos hace 15 o 20 años, pero que ya huelen a rancio (es lo que suele pasar con lo que intenta ser rompedor, que casi siempre caduca pronto).

Por un lado, el cineasta trata de convertir a Arturo y sus compinches en simpáticos criminales como los de las películas que le dieron fama, utilizando montaje videoclipero para darle un punto cool a sus pillerías. Lo que consigue es que el espectador se desentienda de unos personajes tan mal presentados y dibujados que apenas llegamos a conocerlos, y mucho menos, a sentir empatía por ellos.

A su vez, el film incluye escenas de acción muy mal rodadas (meneo de cámara, confusión visual) y efectos Matrix que le dan a todo un insulso aspecto PlayStation 2, incapaz de sorprender a nadie que haya visto películas o jugado a la consola alguna vez en lo que llevamos de siglo.

Mientras actúa contra el malvado rey Vortigern (Jude Law) y sus amigos vikingos (¿mensaje pro-Brexit?), Arturo (Charlie Hunnam, haciendo lo que puede en medio del desastre) intenta dominar a Excalibur, una espada rúnica con voluntad propia (muy similar a la Tormentosa de Elric de Melniboné), y realiza mil tareas más que nos son mostradas en forma de resumen a lo largo de una película que, a duras penas, logra tener lógica o un mínimo hilo narrativo.

Algunos diseños del apartado artístico (vestuario y decorados) y la bella imagen de Uther transformándose en la piedra en la que se clava Excalibur son los únicos elementos salvables de este absoluto desastre audiovisual, que amenaza con ser la primera película uno de esos “universos cinematográficos” tan de moda últimamente.

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Sinopsis

El aclamado cineasta Guy Ritchie aporta su dinámico estilo a la épica aventura de acción Rey Arturo: La Leyenda de Excalibur. La película, protagonizada por Charlie Hunnam, es una versión heterodoxa del clásico mito de Excalibur en la que seguimos el viaje de Arturo desde la calle hasta el trono.

Cuando asesinan al padre del joven Arturo, su tío, Vortigern (Jude Law) asciende al trono. Arturo, al que han robado su derecho de nacimiento y que no tiene la menor idea de quién es en realidad, sobrevive en los callejones de la ciudad. Sin embargo, cuando saca la espada de la roca, su vida se revoluciona y no le queda más remedio que conocer su verdadero origen.

Junto con Hunnam (Hijos de la anarquía, de la cadena FX) y el nominado al Óscar Law (Cold Mountain, El talento de Mr. Ripley), comparten cartel Astrid Bergès-Frisbey (Piratas del Caribe: En mareas misteriosas), el nominado al Óscar Djimon Hounsou (Diamante de sangre, En América), Aidan Gillen (Juego de tronos, de HBO) y Eric Bana (Star Trek).

Guy Ritchie (Operación U.N.C.L.E., las películas de Sherlock Holmes) ha dirigido el largometraje a partir de un guion de Joby Harold y Guy Ritchie & Lionel Wigram, y una historia de David Dobkin y Joby Harold. De la producción se han encargado el oscarizado Akiva Goldsman (Una mente maravillosa), Joby Harold, Tory Tunnell, Steve Clark-Hall, Guy Ritchie y Lionel Wigram. David Dobkin y Bruce Berman son los productores ejecutivos.

En el equipo artístico de Ritchie se incluyen el director de fotografía John Mathieson (Gladiator, El fantasma de la ópera), nominado a dos Óscar; la diseñadora de producción también nominada al Óscar Gemma Jackson (Descubriendo Nunca Jamás); el montador James Herbert, la diseñadora de vestuario Annie Symons y Nick Davis (El caballero oscuro), supervisor de efectos visuales nominado al Óscar. Daniel Pemberton se ha encargado de la banda sonora.

Todos conocemos la fábula del rey Arturo, o al menos eso creemos. Sin embargo, en las manos del director Guy Ritchie el cuento cobra un carácter indudablemente crudo y moderno, y el propio Arturo, que aún no es rey, es un rufián, un héroe totalmente reacio abocado a descubrir su verdadero destino, incluso cuando lucha contra la misma monarquía que está destinado a gobernar.

“Creo que las mejores narrativas siguen a un hombre en un viaje que trasciende sus limitaciones y le permite evolucionar desde su naturaleza más primaria a alguien que merece una vida más importante”, señala Ritchie, que también colaboró en el guion y la producción de la película. “En nuestra versión, la historia de Arturo empieza cuando es pequeño: un niño en un burdel, recorriendo las calles, aprendiendo a pelear y esquivando la ley con sus compañeros. Luego, las acciones de otras personas, algunas con buenas intenciones y otras no tanto, le obligan a ampliar su visión de quién podría llegar a ser”.

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Guy ha cogido la clásica historia del héroe y lo ha convertido en una historia con un Arturo muy accesible para las nuevas generaciones”, explica Charlie Hunnam, el protagonista. “Nuestro Arturo ha crecido valiéndose por sí mismo, de forma tosca, creando un pequeño mundo en el que es el príncipe de los ladrones. No obstante, él no es un alma noble que busca una causa”.

Sin embargo, esa causa sí le está buscando a él, y tan pronto como Arturo toca a Excalibur, esa extraordinaria pieza de hierro firmemente encajada en granito, su vida cambiará para siempre, tanto si le gusta como si no.

“No es el rey Arturo de nuestros padres”, señala el productor Akiva Goldsman. “No se trata de un hombre que intenta sacar la espada de la roca y que se pregunta nervioso si él será el elegido. Es un hombre que no sabe qué narices está haciendo ahí, que no quiere ser él. De hecho, no tiene ni idea de lo que significará para él lograr esa proeza, pero sospecha que no tendrá un resultado apetecible, y no se equivoca”.

Mientras que la presencia del famoso Camelot era indispensable, fue el productor y guionista Lionel Wigram quien sugirió que la mayor parte de la acción transcurriese lejos del castillo, en un ambiente más urbano, y ambos hombres recurrieron a una versión antigua de la capital de Inglaterra: la Londres romana, que en aquella época se llamaba Londinium.

“Ha habido muchas versiones independientes y diferentes de la historia del rey Arturo, en las que ha sido de todo: desde un guerrero celta a un centurión romano. El mito ha perdurado y ha ido cambiando para adaptarse a los requisitos de las distintas épocas en las que se ha contado. Gracias a esta rica tradición de interpretaciones, nos pareció que, mientras mantuviésemos los elementos temáticos esenciales, teníamos licencia para crear nuestra propia versión de la historia, para divertirnos con los detalles de una forma que esperamos que conecte con el público actual”, cuenta Wigram.

Naturalmente, ninguna historia sobre el rey Arturo estaría completa sin un poco de magia. No obstante, en vez de dragones, los cineastas querían crear un mundo mitológico nuevo y singular, con “elefantes tan descomunales como un campo de fútbol y serpientes tan grandes como vagones de metro”, señala el guionista y productor Joby Harold.

Harold, que se sintió libre para eludir el rigor histórico (a fin de cuentas, la historia está basada en una leyenda), imaginó una forma diferente de contrarrestar los elementos originales. “No es la típica película de fantasía. La fantasía suele ser más lírica, mientras que esta es más texturizada, más áspera, y para mí eso es lo que la hace interesante como un escenario de fantasía. Exploramos cómo sería crecer de una forma y acabar descubriendo que tu origen es totalmente distinto. Le damos al público tiempo para meterse en la piel de Arturo, pero contrarrestamos esa sensación de realidad con abundantes elementos de fantasía”.

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Warner Bros. Pictures, Village Roadshow Pictures, Weed Road/Safehouse Pictures. Reservados todos los derechos.

Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

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