Crítica: "Maléfica" (Robert Stromberg, 2014)

A partir de un guión escrito por Linda Woolverton, Maléfica retuerce la trama del cuento de Charles Perrault hasta conseguir que sus personajes cambien de papel, invitando a los villanos a subir los escalones de la bondad, y a la parte benéfica del elenco a descender en sentido contrario.

El tema principal de la película es fácilmente resumible, y contiene todo aquello que debe acompañar siempre a las fábulas derivadas del feminismo New Age, y que fue definido en su momento por Clarissa Pinkola Estés en el ensayo Mujeres que corren con los lobos (1996).

Al comienzo del film conocemos a la vecina más carismática de la Ciénaga. Se trata de Maléfica (Ella Purnell), un hada que custodia alegremente el mundo mágico. En las riberas de ese territorio se forman comunidades de criaturas prodigiosas: elfos, tritones y ninfas que se ocultan en los depósitos de agua cristalina y en los huecos de troncos centenarios.

Maléfica descubre el amor cuando conoce a Stefan (Michael Higgins). Lo que no imagina es que este último será capaz de traicionarla con el fin de acceder a un reinado que no le corresponde. Enemistados para siempre, el rey Stefan (Sharlto Copley) y la poderosa Maléfica (Angelina Jolie) decidirán su futuro a partir de la maldición de ella lanza sobre la hija del monarca, la princesa Aurora (Elle Fanning).

Aunque todo el proyecto se define como una revisión del clásico animado de 1959, lo cierto es que tiene mucho que ver con la novela Wicked: Memorias de una bruja mala (1995), de Gregory Maguire, inspirada en El Mago de Oz (1900), y convertida luego en un magnífico musical de Broadway, Wicked: The Untold Story of the Witches of Oz, compuesto por Stephen Schwartz.

Del mismo modo que en la fantasía de Maguire la malvada Bruja del Oeste es vista bajo un prisma amable y comprensivo, en Maléfica sucede lo mismo con su tétrica protagonista.

El amor hacia las fantasías infantiles de Tim Burton justifica que este último quisiera rodar el proyecto. En ausencia del realizador –y sin su talento–, la película acabó en manos de Robert Stromberg, diseñador de producción de la Alicia burtoniana y de Oz, un mundo de fantasía. No ha de sorprender que en la epidermis de las tres películas detectemos los mismos colores, las mismas texturas y el mismo maquillaje digital.

Con la ayuda no acreditada de John Lee Hancock, Stromberg ha sacado adelante una película más lustrosa en su apariencia que en su esencia narrativa. Que conste que hablamos de un maestro en su oficio (Stromberg ganó un Oscar por su trabajo en Avatar), pero ser un director con brío y corazón es otra cosa.

El trabajo interpretativo de Angelina Jolie es vigoroso y magnético, como si en lugar de un hada fuera una vampiresa del cine negro. Sin embargo, al final, lo que uno le pide a un cuento de hadas –el encanto– queda fuera del programa. En cuanto al humor, diremos que depende del trío de hadas buenas: las británicas Lesley Manville, Imelda Staunton y Juno Temple.

Con esa tendencia al formalismo, es natural que lo que uno más recuerde al salir de la proyección sean esos escenarios virtuales, lejanamente inspirados en las fantasías de Hayao Miyazaki, los cuentos infantiles de Maurice Sendak y los abigarrados cuadros de Richard Dadd.

Sinopsis

Disney presenta la historia jamás contada de Maléfica, la villana más querida de Disney del clásico de 1959 La Bella Durmiente. Maléfica es una bellísima joven con un corazón puro y unas asombrosas alas negras. Crece en un entorno idílico, un apacible reino en el bosque, hasta que un día un ejército de invasores humanos amenaza la armonía del país.

Maléfica se erige en la temible protectora de su reino, pero al final es objeto de una despiadada traición que endurecerá su corazón hasta convertirlo en piedra.

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Walt Disney Pictures, Roth Films, Walt Disney Studios Motion Pictures. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista The CULT (Thesauro Cultural), un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, The CULT (Thesauro Cultural) sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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