Crítica: "Los Juegos del Hambre: En llamas" (2013). Una estupenda distopía juvenil

Lo ha dicho uno desde hace mucho: cuando el talento se pone al servicio del cine comercial, el público está de enhorabuena. Obviamente, la saga de Los Juegos del Hambre es un fenómeno fundamentalmente juvenil, pero lo cierto es que esta película –la segunda entrega del ciclo inspirado en las novelas de Suzanne Collins– encierra bastantes más valores de los que parece.

Francis Lawrence filma con oficio y espectacularidad el equilibrado guión de Simon Beaufoy y Michael Arndt (alias Michael deBruyn): una vigorosa y convincente distopía en la que, sin perder nunca de vista al espectador adolescente, ambos libretistas reflexionan sobre temas de absoluta actualidad.

Collins, la autora de la novela original, ha supervisado que la fidelidad a su obra sea respetada, así que los fans de la serie literaria pueden abandonar cualquier suspicacia en el consabido debate en el que suelen compararse los libros con su traducción a imágenes.

La oscarizada Jennifer Lawrence interpreta nuevamente a la heroína proletaria Katniss Everdeen. Lawrence posee una belleza rústica, deportiva y más bien taciturna, que encaja plenamente con los rasgos del personaje, bastante mejor delimitado en esta película que en su predecesora.

Del resto del reparto, cabe destacar a Woody Harrelson, Stanley Tucci, Donald Sutherland y Toby Jones, que vuelven a los roles que ya encarnaron en la primera entrega. Todos ellos son buenos incluso cuando trabajan con el piloto automático, así que su brillantez no encierra sorpresas.

Como saben los conocedores de la saga, Josh Hutcherson, en la piel de Peeta Mellark, y Liam Hemsworth, encarnando a Gale Hawthorne, son los dos amores entre los que se debate la protagonista. Ambos interpretan sus papeles con naturalidad y sin necesidad de subrayar emociones, dado que, si bien se mira, vienen a ser estereotipos masculinos.

En cualquier caso, el verdadero triunfador del elenco es otro. Phillip Seymour Hoffman, nuevo en esta plaza, se adueña de todos los planos en los que aparece, y lo hace olímpicamente, con esa soberanía que solo poseen los grandes intérpretes, convencidos de sus propias dotes frente a la cámara.

La magnitud de los medios empleados en el rodaje se advierte de forma palmaria a partir del segundo acto, en esa selva letal y lujuriosa reconstruida en escenarios naturales de Hawai. Lo mismo cabe decir sobre los decorados urbanos, llenos de inventiva y magnificencia.

Dejo para el final el aspecto más chirriante de la cinta: el diseño de vestuario. La encargada de este cometido, Trish Summerville, ha contado en esta oportunidad con el respaldo de Sarah Burton, directora creativa de Alexander McQueen. Cuando el espectador conoce este detalle, puede sentirse inclinado a ser más benevolente con ciertos modelos que aparecen (y de qué manera) en la cinta. La moda vanguardista es así –así de loca y estrafalaria, quiero decir–, y no hay que tomarla de otro modo.

En todo caso, hay momentos de Los juegos del hambre que parecen la fiesta de cumpleaños de Lady Gaga. Y uno, que es más bien clásico, encaja mal tanto estilismo y tanta peluca de colorines.

Sinopsis

Los Juegos del Hambre: En llamas sigue la línea iniciada en 2012 con el monumental éxito de taquilla Los juegos del hambre, con un nuevo capítulo del fenómeno mundial suscitado por los bestsellers de Suzanne Collins, que continúa la historia y profundiza en ella.

La primera película, que cosechó grandes elogios de la crítica, presentó a los espectadores el fascinante mundo distópico de Panem, en el que cada año doce distritos oprimidos se ven obligados a enviar a una pareja de jóvenes adolescentes para competir en una prueba de pura supervivencia en el fastuoso Capitolio de la nación. La ganadora del Oscar® Jennifer Lawrence encarnó a la reticente heroína de 16 años de la historia, Katniss Everdeen, en su esfuerzo por sobrevivir ante decisiones imposibles en la arena de los Juegos del Hambre, poniendo de manifiesto un intenso vínculo con su personaje.

Menos de un año después, cuando el equipo se reunió para trasladar el segundo libro de la trilogía de Collins a la gran pantalla, no tenía intención de dormirse en los considerables laureles. Se sumieron en una nueva etapa de la historia de Panem y de los dilemas morales cada vez más complicados a los que Katniss debe hacer frente, con la misma fidelidad al relato que les había servido de guía desde el primer momento, así como con su deseo de llegar aún más lejos.

La película, con una historia que fuerza a Katniss a vivir una experiencia que jamás podría haber imaginado, al obligarla a participar en unos segundos Juegos del Hambre, llevó al reparto y al equipo a territorios técnicos y emocionales previamente inexplorados.

Los Juegos del Hambre: En llamas empieza cuando Katniss Everdeen regresa sana y salva a casa tras ganar la 74ª edición anual de los Juegos del Hambre, junto a su compañero tributo Peeta Mellark. Ganar significa tener que dejar atrás a su familia y amigos, para emprender una “Gira de la Victoria” por los diferentes distritos. Por el camino, Katniss se da cuenta de que está comenzando a gestarse una rebelión, pero el Capitolio sigue manteniéndolo todo perfectamente bajo control, mientras el presidente Snow prepara la 75ª edición anual de los Juegos del Hambre (El Vasallaje de los Veinticinco), una competición que podría cambiar Panem para siempre.

Copyright de sinopsis e imágenes © Lionsgate, Color Force, Lionsgate. Cortesía de eOne Films Spain. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista The CULT, un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, The CULT sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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