Crítica: "La gran estafa americana" ("American Hustle", 2013)

Divertida, descarada, y sobre todo, inteligente. Estas son, en mi opinión, las tres cualidades que definen esta película, una comedia de cuya proyección se sale con una ligereza de ánimo que no es frecuente en el cine actual.

El título original, American Hustle, desvela las intenciones del producto. Una estafa americana... ¿Que la picaresca es internacional? Desde luego, aunque muchos crean que esa costumbre es arquetípica de estos lares, lo cierto es que los truhanes han dado vueltas por todo el orbe mucho antes de que se escribiera el Lazarillo, y seguirán dándolas en los siglos venideros. Sin ir más lejos, los tramposos siempre han abundado en Estados Unidos, país donde los vendedores de crecepelo, los tahúres y los expertos en bonos basura nos hacen ver de un modo práctico que, como decía P.T. Barnum, legendario farsante y empresario circense, "nace un primo cada minuto"

A la caza de primos se dedica el protagonista de este film, Irving Rosenfeld, interpretado por un Christian Bale espléndido, cargado de kilos y con una alopecia disimulada de mala manera con ingeniería capilar.

Corre el año 1978. Rosenfeld está casado con Rosalyn (Jennifer Lawrence), una mujer que razona a la buena de Dios, capaz de arruinar el sistema nervioso de cualquiera con solo abrir la boca.

A la hora de poner en práctica sus timos, Rosenfeld se vale de una cómplice muy sensual, Edith Greensly (Amy Adams). Edith presume de pertenecer a la clase alta británica, y se luce en cualquier estafa, pero su verdadera especialidad consiste en tener con el corazón en vilo a los hombres que la rodean.

No quiero adelantar ninguna clave de una trama en la que abundan los giros y los golpes de efecto. En todo caso, quedan avisados: en American Hustle todos los personajes tienen ambiciones personales, empezando por el agente del FBI Richie DiMaso (magnífico Bradley Cooper), un tipo correoso, empeñado en destapar la corrupción política de Nueva Jersey por medio de Edith y de Rosenfeld, a quienes se permite chantajear por motivos que ya descubrirán. La presa de caza mayor que persigue Richie es el alcalde de Camden, Carmine Polito (Jeremy Renner), un político cuya honradez... (dejémoslo ahí, en puntos suspensivos).

El nivel de todos los intérpretes es admirable. ¿De todos? Sí, y aún diría que me quedo corto, porque todavía no he citado a Robert DeNiro, que en este caso da vida al mafioso (sí, ese mafioso) que siempre lleva cosido a su filmografía. Y no me olvido del veterano Anthony Zerbe (El último hombre... vivo, El juez de la horca), que hace una aparición episódica en el papel de senador.

Se ha hablado mucho del ritmo y del ingenio que el realizador David O. Russell imprime a la narración. No obstante, aunque sepamos que algunos diálogos fueron improvisados, creo que Russell partía de una base muy firme. Me refiero, claro, al guión: un engranaje impecable, redondo y sin fisuras.

La primera versión del libreto, obra de Eric Warren Singer, se inspiraba, supongo que con mayor dramatismo, en una auténtica operación del FBI, conocida por la prensa americana de los setenta como ABSCAM.

Aunque la Columbia no se dio mucha prisa en dar luz verde al proyecto, todo cambió cuando éste llegó a manos de Russell, que caricaturizó el relato hasta el delirio, tomando la misma ruta cínica y feroz que siguió Scorsese con El Lobo de Wall Street.

El resultado, como pueden comprobar en la pantalla, es imaginativo y rotundo, pero nunca anárquico. Por si ello no bastara, la reconstrucción de la época es formidable. Y si alguien duda de mis razones para decir esto último, que pruebe a imaginar la cantidad de litros de laca y el número de pelucas y peluquines empleados en la cinta.

Sinopsis

Una película de ficción ambientada en el fascinante mundo de uno de los escándalos más extraordinarios de los setenta, La gran estafa americana (American Hustle) cuenta la historia de un estafador brillante, Irving Rosenfeld (Christian Bale), que junto a su astuta y seductora compañera Sydney Prosser (Amy Adams) se ve obligado a trabajar para un tempestuoso agente del FBI Richie DiMaso (Bradley Cooper). DiMaso les arrastra al mundo de la política y la mafia de Nueva Jersey, que es tan peligroso como atractivo. Jeremy Renner es Carmine Polito, un apasionado y volátil político de Nueva Jersey, atrapado entre los estafadores y los agentes federales. La impredecible mujer de Irving, Rosalyn (Jennifer Lawrence), podría ser la que tire de la manta, haciendo que todo se desmorone. Al igual que las dos películas previas de David O. Russell, La gran estafa americana (American Hustle) desafía su género para contar una historia de amor, reinvención y supervivencia.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © 2013 Atlas Entertainment y Annapurna Pictures. Cortesía de Tripictures. Reservados todos los derechos.

 

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista The CULT, un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, The CULT sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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