Crítica: "La conspiración del silencio" (Giulio Ricciarelli, 2014)

Aunque el título español nos haga pensar que nos encontramos ante el remake de un film de John Sturges, o si me apuran de Val Kilmer, esta película es en realidad un drama judicial basado en hechos reales. El tema que se trata es el primer juicio alemán a criminales de guerra nazis, tiempo después de los procesos que abrieron los aliados en Núremberg.

Aunque podamos pensar que todo el asunto de los nazis es un tabú en el cine alemán, lo cierto es que sucede más bien al contrario. De hecho, el público de aquel país suele quejarse de la abundancia de cintas que tratan este tema, algo muy similar al hastío provocado en España con el subgénero de la Guerra Civil.

Por otro lado, el actual resurgir de los neonazis en Europa nos está revelando que, pese a los recordatorios de los errores del pasado, estos siempre siguen latentes, esperando su oportunidad.

La conspiración del silencio no es una película de juicios, sino de las investigaciones previas a éstos. El protagonista es un joven fiscal, de la primera generación de adultos tras la II Guerra Mundial, que va descubriendo las verdades que el pueblo alemán se oculta a sí mismo, en este caso, las atrocidades de Auschwitz.

El film se centra especialmente en el shock del joven al descubrir que, básicamente, casi todo el mundo era nazi en la Alemania de Hitler. Una verdad incómoda y que no conviene sacar a la luz si la nación quiere volver a ser un país democrático e integrado en el mundo moderno, según le indican sus superiores a base de presiones y trabas en la investigación.

¿Hacer justicia o despertar a los peligrosos fantasmas del pasado? Ese dilema, vivido hace décadas en Alemania, lo hemos experimentado recientemente (caramba, actualmente) en España, donde la memoria de ambos bandos sale hoy a la luz, y es reinterpretada por historiadores de diversas tendencias. Resulta curioso escuchar en la película frases mil veces pronunciadas en los informativos patrios contemporáneos, del tipo “No conviene reabrir las heridas del pasado”.

Los responsables de la película ensalzan la opción de la justicia, de sacar a la luz ‒y si puede ser, castigar‒ el horror como terapia de todo un país para poder seguir adelante. Dicho horror está encarnado por el abyecto y escurridizo doctor Mengele, que se convierte en una obsesión y una pesadilla para el protagonista.

El film trata un tema interesante, y lo hace con dignidad, aunque no con brillantez. Al fin y al cabo, no es habitual ver una cinta alemana actual que no adolezca de ese aspecto más bien televisivo y ceniciento, correcto pero falto de brío y vitalidad, y La conspiración del silencio no es una excepción.

Sinopsis

Alemania, 1958, en plena reconstrucción y milagro económico. Johann Radmann (Alexander Fehling) acaba de ser nombrado fiscal, y, como todos los principiantes, tiene que contentarse con encargarse de aburridas infracciones de tráfico. Cuando el periodista Thomas Gnielka (André Szymanski) monta un escándalo en los juzgados, aguza el oído: un amigo de Gnielka ha identificado a un profesor como un antiguo guardián de Auschwitz, pero nadie está interesado en llevarlo a juicio. Contra la voluntad de su inmediato superior, Radmann empieza a estudiar el caso, y acaba inmerso en una red de represión y negación, pero también de idealización. En aquellos años, "Auschwitz" era una palabra que algunos nunca habían oído, y que otros querían olvidar lo antes posible. Sólo el fiscal general Fritz Bauer (Gert Voss) anima la curiosidad de Radmann, ya que él también lleva mucho tiempo queriendo llamar la atención pública sobre los crímenes cometidos en Auschwitz, pero no dispone de los medios legales para perseguirlos.

Cuando Johann Radmann y Thomas Gnielka encuentran unos documentos que los conducen hasta los autores de esos crímenes, Bauer se da cuenta enseguida de lo explosivos que son y encomienda oficialmente a Radmann la misión de seguir con las investigaciones. El joven fiscal se dedica con todo su empeño a su nueva tarea, y está decidido a descubrir lo que pasó realmente. Pregunta a testigos, rebusca entre los documentos, consigue pruebas y se deja arrastrar hasta el punto en que se vuelve ciego ante cualquier otra cosa que no sea el caso, incluida Marlene Wondrak (Friederike Becht), de quien se ha enamorado sin remedio. Radmann traspasa límites, se pelea con amigos, colegas y aliados, y se enreda cada vez más y más en un laberinto de mentiras y culpa en su búsqueda de la verdad. Pero lo que acaba sacando a la luz cambiará al país para siempre...

"Hay gente en Alemania que sigue pensando que una película seria no debe ser entretenida", explica la productora Uli Putz. "Pero eso es precisamente lo que queremos hacer en La conspiración del silencio".

La película narra la historia de varios hombres y mujeres que, a finales de los años 50 y a pesar de encontrar una gran resistencia tanto social como política, se esfuerzan por asegurarse de que Alemania no huya de su pasado, que por aquel entonces no era tan lejano. Esos hombres y mujeres querían que Alemania fuera el primer país del mundo en llevar a sus propios criminales de guerra ante un tribunal. "A diferencia de los juicios de Nuremberg, hoy en día casi nadie conoce los juicios de Auschwitz", declara el productor Jakob Claussen.

"En cierto sentido, vemos nuestra película como una forma de evitar el olvido; sin embargo, no está planteada como una lección de historia ilustrada, estructurada y políticamente correcta, sino como la emocionante y entretenida aventura de un héroe. En esa época, hicieron falta más de cinco años desde las diligencias preliminares hasta que se empezaron los procedimientos principales del primer juicio de Auschwitz. Los comienzos de esta película duraron un tiempo parecido."

La idea central surgió de la guionista Elisabeth Bartel. Había leído sobre el tema en un periódico y se puso en contacto con la productora Sabine Lamby. Ella reconoció inmediatamente el potencial de la historia, que nunca antes se había contado en el cine. Las dos empezaron a desarrollar la historia, y luego ficharon a Giulio Ricciarelli, compañero de Lamby en Naked Eye Filmproduktion, para que participara en el guión. Durante esa fase, Ricciarelli desarrolló tal fascinación por el tema que se dio cuenta de que tenía que convertirse en una espléndida película histórica, y que tenían que encontrar a un productor experimentado para que el resultado fuera exitoso. Así, en 2011, Sabine Lamby recurrió a Claussen+Wöbke+Putz Filmproduktion, que le dio una respuesta de lo más positiva: "Leí el guión y me quedé anonadada", recuerda Uli Putz. "Enseguida supimos que queríamos contar esta fascinante historia juntos."

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

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Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

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