Crítica: "Fast & Furious 7" (James Wan, 2015)

El cine de acción. Ay, el cine de acción… Ocupa, más o menos desde los 80, el lugar que solía estar reservado para géneros como el western o las películas de aventuras, que no desaparecieron del todo, pero sí disminuyeron en presencia y cayeron presas de una actitud revisionista o posmoderna.

¿Es posible hacer buen cine de acción, cuando está basado principalmente en tramas sencillas, violencia y destrucción de la propiedad? Por supuesto. En este género no se trata tanto de contar buenas historias, sino de sacarle provecho al lenguaje meramente cinematográfico: el montaje, los movimientos de cámara, las elecciones de plano pueden hacer que una pelea o una persecución puedan convertirse en piezas de cine puro, el equivalente audiovisual a un buen tema musical.

Directores como William Friedkin, Steven Spielberg, Brian De Palma, John Woo o James Cameron nos han hecho vibrar en las butacas con momentos inolvidables, intensos y , por qué no, bellos en algunas de sus películas. ¿Qué era la secuencia de la escalera de Odessa de El Acorazado Potemkin sino cine de acción?

¿Se hace ahora mismo buen cine de acción? Sí, todavía hay gente con talento y respeto por el género, especialmente en las cinematografías asiáticas, pero también tenemos algún occidental más que interesante, como Gareth Evans o Neil Marshall, que se toman en serio el arte de entretener.

Por otro lado, y es algo que también han sufrido géneros como el terror y la ciencia-ficción, está el daño producido por la condescendencia y el conformismo de determinado público y crítica que no cree que se puedan hacer buenas películas de acción (o terror o ciencia-ficción), que no hay que pedirle mucho y basta con que todo sea lo suficientemente ridículo y ruidoso.

Por culpa de ese ninguneo afable, más perjudicial que el de la gente que, directamente, detesta estos géneros, nos llegan atrocidades como las cometidas por Michael Bay, o cine de no-entretenimiento como Los Juegos del Hambre.

No me  malinterpreten, yo disfruto como nadie del “buen cine malo”. En mi colección tengo, por ejemplo, Commando, esa película tan estúpida con Arnold Schwarzanegger. Siendo totalmente estúpida, resulta divertida porque no se toma muy en serio a sí misma, pero el artesano a cargo de ella, Mark L. Lester, aprovechó al máximo los limitados recursos de los que disponía para que el film resultase vistoso. Vamos, que sabía que estaba haciendo una tontería, pero se esforzó en hacerla bien.

La interminable saga Fast & Furious ha sufrido una interesante evolución. Lo que comenzó siendo una versión motorizada de Le llaman Bodhi se ha ido transformando de modesto icono “cultural” para el público poligonero a versión “cani” de Misión Imposible. De momento, la película mejor realizada y que mejor mantenía el nivel entre lo idiota y lo trepidante ha sido la quinta entrega, tan bien recibida que ha sido sucedida por dos cintas todavía más locas, en las que uno ya encuentra terroristas motorizados, coches voladores, resurrecciones milagrosas y otros elementos de tebeo.

Fast & Furious 7 cuenta con varios reclamos, el primero es el de ser la última película del actor protagonista original, Paul Walker, trágicamente fallecido a causa de su afición por correr demasiado con el coche. Otro reclamo es la presencia en el reparto de estrellas del cine de acción de ayer y hoy como The Rock, Kurt Russell, Tony Jaa o Jason Statham, que no se pierde una. Por último, está la curiosidad de ver cómo se desenvuelve en este género James Wan, un director especializado en exitosas películas de sustos.

Para algunos, la afición por el montaje inquieto es uno de los principales atractivos en la obra de Wan. Para otros, ese nos parece su talón de Aquiles. En esta ocasión, al ponerse a cargo de una película perteneciente a una saga hortera, James Wan se lanza a una sinfonía consistente en tres planos por segundo, y además planos que se menean al ritmo del reguetón. Uno tiene que forzar la vista en más de una ocasión para saber qué diablos está pasando, lo cual es una pena, teniendo en cuenta que se nos están “mostrando” hechos espectaculares, incluyendo los célebres movimientos de un Tony Jaa que bien se podría haber ahorrado el esfuerzo.

Si tenemos en cuenta que la película dura la friolera de 137 minutos, el dolor de ojos es irremediable.

A su favor, la película opta por la desvergüenza y el exceso para ocultarnos lo mal hecha que está (mejor dejamos de lado el guión, posiblemente uno de los más ilógicos y mentecatos que han visto la luz en muchos años), tratando de apabullar a un espectador que se rinde y no tiene más opción que sonreír frente a los momentos de cartoon que se suceden sin tregua.

Fast & Furious 7 es una película boba, a veces en el buen sentido de la palabra y otras en el más penoso. A ratos divierte, a ratos indigna, pero lo importante es que a su público potencial no le va a importar lo que pueda decir esta crítica o cualquier otra que no sea la del Jonathan o la de la Jessy.

Lo realmente triste es que la crítica actual sí dé palmaditas en la espalda de Wan o de Bay por hacer películas “divertidamente tontas”  (aunque sean una patada al arte cinematográfico), y mientras tanto, haya condenado al ostracismo a directores de cine comercial con ideas llamativas y muchas más aptitudes, como pueden ser los Wachowski o Shyamalan.

Sinopsis

Fast & Furious 7 empieza más de un año después de que el equipo de Dom (Vin Diesel) y Brian (Paul Walker) haya podido regresar finalmente a Estados Unidos después de ser indultados. Desean adaptarse a una vida en la legalidad, pero el entorno ya no es el mismo. Dom intenta desesperadamente acercarse a Letty (Michelle Rodriguez), y Brian lucha para acostumbrarse a la vida en una urbanización con Mia (Jordana Brewster) y su hijo. Tej (Chris "Ludacris" Bridges) y Roman (Tyrese Gibson) disfrutan de la libertad viviendo como auténticos playboys.

Ninguno de ellos imagina que un frío asesino británico, entrenado para realizar operaciones secretas, que tiene un asunto pendiente será su mayor peligro. Desde el brutal asesinato de Han (Sung Kang) en Tokio y el asesinato fallido de Hobbs (Dwayne Johnson) en Los Ángeles, Deckard Shaw (Jason Statham) persigue implacablemente a los que mataron a Owen (Luke Evans), su hermano pequeño, durante la última misión del equipo.

Shaw hace volar la casa de los Toretto, el santuario familiar que se les entregó al recuperar la libertad, y Dom debe recurrir a un agente gubernamental de alto nivel (Kurt Russell). La única salida para nuestros héroes es volver a sentarse al volante y hacerse con un elaborado aparato de rastreo que el gobierno estadounidense está buscando. A cambio, se les permitirá usarlo para encontrar al fantasma en que se ha convertido Shaw antes de que vuelva a matar. La banda formada por Dom, Brian, Hobbs, Letty, Roman, Tej y Mia está más unida que nunca y se enfrentará a su mayor amenaza hasta la fecha en lugares tan lejanos como Abu Dabi y Azerbaiyán, pero también en las calles de su propio barrio.

No tengo amigos, tengo familia. Estas cinco palabras simbolizan el corazón de la franquicia Fast & Furious, no sólo para los personajes, sino para el grupo de actores que los interpreta, para los cineastas y el equipo, que después de realizar siete películas juntos, se sienten tan unidos como si la misma sangre corriese por sus venas. Cuando todo empezó hace 15 años, nadie podía pensar que la historia de unos pilotos de carreras ilegales en el este de Los Ángeles acabaría siendo una de las franquicias de mayor popularidad y duración de la historia del cine.

Fast & Furious 7 representa la corona de la saga, al ser la mejor, mayor y más completa entrega hasta la fecha. Todos los miembros de la familia Fast & Furious, los personajes, sus intérpretes, el equipo detrás de la cámara y los incontables seguidores en todo el mundo, no dudarán en estar de acuerdo en que esta entrega es especial.

En 2000 se rodó una película con un presupuesto modesto, con un reparto de jóvenes actores que empezaban a despuntar. El thriller de acción, inspirado en parte por un artículo de la revista Vibe en el que se describía los clubes de carrereas ilegales, se centraba en las hazañas de un equipo de pilotos del este de Los Ángeles que se dedicaban a organizar robos para financiar su pasión por tunear coches de gran cilindrada. La osada historia de unos jóvenes que viven y conducen al margen de la ley se convertiría en A todo gas, el inesperado éxito del verano de 2001 que recaudó nada menos que 207 millones de dólares en todo el mundo.

Las siguientes cinco entregas continuaron despertando pasiones y conquistando a nuevos seguidores hasta conseguir la impresionante cifra de 2,4 mil millones de dólares en taquilla, convirtiéndose en la franquicia más rentable y más larga de Universal Pictures. Por otra parte, los fans de las películas y de los actores son la mayor franquicia activa en las redes sociales.

Con la idea de la familia arraigada en el corazón, la serie Fast & Furious se ha convertido en una película de culto y en una guía para los espectadores que siguen a los atractivos personajes, cuyos recorridos aún revelan una sorprendente profundidad emocional. Ha escalado hasta convertirse en un fenómeno en el que los rebeldes de la velocidad son capaces de realizar hazañas casi imposibles en todo el mundo, desde Japón, pasando por México y la República Dominicana, hasta Brasil, las Islas Canarias y Londres.

Y ahora, en Fast & Furious 7, el equipo se une de nuevo para dar vida a la aventura más desafiante y más emocional hasta la fecha.

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © One Race Films, Relativity Media, Universal Pictures. Reservados todos los derechos.

 

Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

Es coautor del libro 2001: Una Odisea del Espacio. El libro del 50 aniversario (Notorius Ediciones, 2018).

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