Crítica de "Guerra Mundial Z" (2013)

Pese a algunas grietas estructurales en su guión, que me impiden hablar de un gran largometraje, Guerra Mundial Z es un sólido blockbuster de verano, urdido con inteligencia y con un impecable elenco técnico y artístico.

Marc Forster ha dirigido una película de zombies para todos los públicos, lo cual, por un lado, supone que aquí no hay primeros planos de látex y jarabe de sirope –carne y sangre, para entendernos–, y por otro, implica que el foco se pone en la epidemia: una plaga anárquica, feroz, que se acelera al mismo tiempo que crece el pánico de sus víctimas potenciales.

El lugar común puede asaltarnos al poco de comenzar la proyección: "Se podrían haber ahorrado la compra de los derechos del libro de Max Brooks, porque esto va por otro sitio". O aún peor: "¿Cuándo nos van a mostrar a un zombi lanzando un bocado en la yugular de alguien?".

Si logramos evitar ambos prejuicios, el entretenimiento está asegurado, porque Guerra Mundial Z es puro escapismo.

Les anticipo un detalle importante: si hubiera que encontrarle un aire de familia a esta producción, tendríamos que relacionarla con otras películas de catástrofes con una pandemia en su argumento. Como es obvio, las cintas de George A. Romero o la teleserie de AMC Los Muertos Vivientes juegan en otra liga. 

Tiene su gracia que la película haya sorteado el fracaso entre la crítica y el público. Durante cierto tiempo, se hablaba de Guerra Mundial Z con el mismo pesimismo con el que se describiría el naufragio de un enorme petrolero. No es para menos: a los rumores sobre la constante rescritura del guión se sumaban los anuncios de que habría que volver a rodar secuencias enteras.

La buena noticia es que, pese al encuentro de egos entre Forster y el protagonista y productor Brad Pitt, la película ha llegado a su destino con un resultado que, pese a sus irregularidades, satisfará a buena parte de los espectadores. Insistiré en ello: no es una cinta perfecta, pero contiene secuencias de enorme brillantez, y hay tramos enteros que uno ve con el alma en vilo.

¿Cuál es, entonces, el problema que me impide llegar al total entusiasmo? Bien, no hace falta tener fuentes en Hollywood para comprender qué oscilaciones de tono y de criterio iba a tener un guión coescrito –y sobreescrito– por tipos con una personalidad tan intensa como Matthew Michael Carnahan (El reino, Leones por corderos, La sombra del poder), J. Michael Straczynski (El intercambio, Thor), Drew Goddard (Buffy Cazavampiros, Alias, Perdidos, The Cabin in the Woods), Damon Lindelof (Perdidos, Prometheus, Star Trek: En la oscuridad) y Max Brooks (guionista de Saturday Night Live y feliz autor del libro en el que, supuestamente, se basa este largometraje. Su responsabilidad acaba ahí, porque en cuanto se puso en marcha el proyecto, no escribió una línea y cedió su lugar a Straczynski).

Podemos imaginar que en el cóctel se fueron añadiendo elementos ideados por cada uno de los escritores mencionados, y que Pitt y Forster han ido encajando las piezas según su criterio.

¿El resultado? Bien, la película crece a partir de un magnífico arranque, sostiene su verosimilitud y su dinamismo durante los dos primeros actos, y da un giro en el último: lo que hasta ese momento ha sido un vibrante thriller de catástrofes se transforma en una historia de terror intimista y menos creíble, con toques propios de una teleserie de nivel medio de la BBC.

Hay pecados mucho más graves en el cine actual, desde luego, pero uno siempre espera que el desenlace de una cinta de estas características sea tan apoteósico como su inicio. Y aquí eso no sucede.

Por insistir en el aspecto positivo de este balance, les diré que me convenció la relación familiar que ese establece entre el protagonista, el investigador de las Naciones Unidas Gerry Lane (Pitt), su esposa, Karin (Mireille Enos) y sus dos hijas. El vínculo emocional de esos cuatro personajes sirve de centro de gravedad a una película cuya trama se expande por medio mundo, con el peligro de disgregarse por el camino.

Las actuaciones son de primer nivel. Entre los secundarios, fíjense en el excelente desempeño de James Badge Dale como ranger de infantería, en el de David Morse como renegado de la CIA, y en el del cineasta holandés Ludi Boeken como agente del Mossad.

En el aspecto técnico, hay que destacar la fotografía, cuyos méritos se deben a Ben Seresin y al no acreditado ganador de un Oscar Robert Richardson. La dirección artística, siempre de magnífica categoría, es obra Nigel Phelps.

¿Y qué decir de los efectos visuales? No me sorprende su calidad, porque son el resultado de la colaboración de cuatro compañías de larga trayectoria: MPC, Cinesite, Industrial Light & Magic y Lola VFX.

Sinopsis

En un día normal y corriente, Gerry Lane (Brad Pitt) y su familia ven interrumpido su tranquilo trayecto en coche por un atasco de tráfico. Como antiguo investigador de Naciones Unidas, Lane se da cuenta de que no es un atasco de tráfico normal. Mientras los helicópteros de la policía rondan por los aires y policías en moto derrapan salvajemente por los suelos, la ciudad se va sumiendo en el caos.

Algo está haciendo que multitud de personas se ataquen salvajemente entre sí: un virus letal que se transmite mediante un simple mordisco, convirtiendo a seres humanos sanos en algo irreconocible, inconsciente y feroz. El vecino se vuelve contra el vecino, un solícito desconocido de repente se convierte en un peligroso enemigo. Se desconoce el origen del virus, y el número de afectados aumenta de manera exponencial cada día, convirtiéndose rápidamente en una pandemia mundial. A medida que los infectados desbordan a los ejércitos del mundo y hacen caer rápidamente a sus gobiernos, Lane se ve obligado a volver a su antigua y peligrosa vida para garantizar la seguridad de su familia, poniéndose al frente de una búsqueda desesperada por todo el mundo de la fuente de la epidemia y de algún medio para detener su incesante avance.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Paramount Pictures, Skydance Production, Hemisphere Media Capital, GK Films, Plan B Entertainment/2DUX2. Cortesía de Paramount Pictures Spain. Reservados todos los derechos.

 

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista Thesauro Cultural (The Cult), un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, Thesauro Cultural sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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