Crítica de "El lado bueno de las cosas" (2012)

La capacidad de disfrute de una película es inversamente proporcional a la cantidad de información sobre la misma que el espectador posea. Este axioma lo interiorizamos tras una serie de interesantes conversaciones con el donostiarra, compañero de estudios por aquel entonces y ahora prestigioso guionista y director, Luiso Berdejo. Su teoría sobre el disfrute del cine era esta: cuanto menos sepas, mejor.

Por desgracia no siempre es posible mantener esa impermeabilidad cuando llega la temporada de premios, que más o menos se extiende desde septiembre (con los Festivales de Venecia y San Sebastián) hasta justo después de los Oscar, en marzo, sobre todo para quien vive el cine desde tan cerca como puede hacerlo alguien que escribe regularmente sobre las películas que ve. Mantenerse al margen de la cantidad de noticias, rumores y comentarios que surgen sobre aquellos filmes que no se han estrenado todavía pero que llevan un exitoso periplo por el circuito de festivales supone una tarea ardua y difícil. Ese fue el caso de El lado bueno de las cosas.

La primera vez que nos llegaron noticias de este trabajo todavía no tenía título en español, se manejaba el original: Silver linings playbook, y había sido la gran sensación en el Festival de Toronto, haciéndose con el preciado premio del público.

Cuando uno lee algo así sobre una película sus expectativas sobre la misma suben en un porcentaje bastante importante, lo que incrementa las probabilidades de que le pueda decepcionar. Esto nos lleva a otro axioma: cuanto más altas son las expectativas que despierta un filme más fácil es salir decepcionado del cine y, al contrario, si no se espera mucho o no se tiene información alguna, hay muchas más posibilidades de llevarse una agradable sorpresa.

En este caso, los entusiastas comentarios llegaron a comparar El lado bueno de las cosas con El apartamento y claro, eso, para mucha gente incluido quien escribe, son palabras mayores. No le hicieron ningún favor a la película de David O. Russell al colocarla en igualdad de condiciones con una obra maestra de la talla de la dirigida por Billy Wilder. Así que al acudir al primer pase de prensa, allá por el mes de diciembre, el listón ya se encontraba muy alto y uno tal vez juzgó más estrictamente de lo debido este trabajo. Aun así, la primera impresión fue positiva, aunque sin lanzar las campanas al vuelo y a bastante distancia de las inquebrantables adhesiones que se habían producido al otro lado del Atlántico.

Lo cierto es que, ante una segunda oportunidad de ver el filme poco antes de su estreno, ya en el mes de enero, y con el bagaje de tener en la retina la práctica totalidad de los títulos involucrados en la carrera por el ansiado Oscar, no lo dudamos.

Ese segundo visionado en menos de un mes dejó claro que El lado bueno de las cosas es algo más que una comedia romántica al uso. Se sitúa muy por encima de la media de los productos más bien almibarados que la industria del cine en Estados Unidos fabrica en serie. Cuenta con un guión sólido, del propio director David O. Russell, basado en la novela de Matthew Quick, y un gran reparto, encabezado por Bradley Cooper, que realiza su mejor trabajo hasta la fecha, acompañado por un Robert de Niro menos histriónico y mejor dirigido de lo habitual y por la australiana Jacki Weaver, que fue la sorpresa hace un par de temporadas con su trabajo en Animal kingdom por la que fue candidata al Oscar.

Dejo para el final a la sensación de la película, Jennifer Lawrence. Esta joven actriz se está haciendo a pasos agigantados con el estatus de “Grande de Hollywood”. Su trabajo, con tan solo veinte años, en la sobrecogedora y fantástica Winter´s bone ya le valió una nominación a los premios de la Academia de Hollywood, se ha movido con una insultante comodidad por productos comerciales como Los juegos del hambre y ahora no solo se come con patatas a todo el reparto de El lado bueno de las cosas sino que se encuentra, tras su segunda candidatura, a las puertas de hacerse con un merecidísimo Oscar.

Su presencia es magnética. En el momento en que aparece en pantalla solo tenemos ojos para ella. Dibuja un inolvidable personaje que es, con mucho, lo mejor de una película, que siendo brillante, no acaba de ser redonda. Lamentablemente el pulso y la originalidad que había llevado desde un principio culmina en un final deslavazado, trillado, demasiado típico y tópico. Resulta una verdadera lástima que esa chispa y esa frescura inicial se diluya en su tramo final. De todos modos, tras dos visionados, queda claro que se trata de un trabajo bien escrito, efectivamente dirigido y excelentemente montado. En las comedias no se suele apreciar un gran trabajo en este último apartado, tan crucial para que este género funcione como invisible para el público profano, que por otra parte es como debe ser. Un buen montaje, como un buen árbitro, es el que pasa desapercibido.

Así pues, nos encontramos ante un filme notable, que puede hacerse con alguna que otra estatuilla en la noche de los Oscar, especialmente la de interpretación femenina protagonista para la brillante Jennifer Lawrence, y que merece la pena por salirse elegantemente de la transitada senda de la comedia romántica estándar.

Por cierto, el único parecido con El apartamento radica en cierta similitud en cuanto a la estructura del triángulo amoroso planteado, aunque en este caso cambien los vértices y el género de quienes los ocupan.

Sinopsis

En El lado bueno de las cosas (Silver linings playbook), el profesor Pat (Bradley Cooper) vuelve a casa con sus padres después de una estancia en una institución mental, e intenta reconciliarse con su ex mujer. Las cosas se vuelven más desafiantes cuando Pat conoce a Tiffany (Jennifer Lawrence), una chica con sus propios problemas.

Copyright del artículo © Manu Zapata. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © 2012 Mirage Enterprises y The Weinstein Company. Cortesía de eOne Films Spain. Reservados todos los derechos.

Manu Zapata Flamarique

A pesar de ser Licenciado en Empresariales sus inquietudes cinéfilas y cinéfagas le llevaron a diplomarse en montaje cinematográfico por la ECAM y lleva escribiendo sobre cine en las revistas del grupo Nafarpres, entre otros medios, desde hace casi 13 años.

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