Crítica de "El hombre de acero" (2013)

En los albores del mito de Superman, el hombre de acero se consolidó como una de las figuras más esperanzadoras y optimistas la primera mitad del siglo XX. Creado en tiempos del New Deal, el kryptoniano ocupó un lugar en nuestro imaginario del que nadie –ni siquiera la oleada de superhéroes existencialistas– ha logrado desalojarle.

Si bien con algunas reservas, el personaje ha ido evolucionando con el paso de los años, tanto en su apariencia como en sus motivaciones. En todo caso, más allá de la cofradía de lectores que sigue sus andanzas en los tebeos DC, y que ha asistido a su muerte y resurrección, el común de los mortales tiende a identificar a Superman con el Christopher Reeve de la adaptación cinematográfica filmada por Richard Donner en 1978: un tipo íntegro, luminoso, leal, valiente, simpático e indestructible.

Quizá la nostalgia ya no es lo que era, pero uno se enfrenta a El hombre de acero (Man of Steel) con el recuerdo del film de Donner en las pupilas. El prejuicio, desacertado o no, tendrá su peso en la siguiente opinión.

Nos encontramos ante una superproducción muy notable, con grandes aciertos y algunos defectos igualmente notorios. En el balance final, pesan más los primeros –se trata de una buena película–, pero uno acaba pensando en las razones que explican una serie de fallos y desaciertos fácilmente evitables.

Como las malas noticias siempre deben darse en primer lugar, comenzaré con lo menos grato del film. Atención amantes de la narración clásica, porque El hombre de acero es la apología de la shaky cam. Pese a que es un cineasta con talento, Zack Snyder se ha empeñado en dar una textura realista a su relato, y para ello, ha recurrido al estilo del reportero de guerra: la cámara se agita, trepidante, y sus movimientos siguen el puro estímulo de la montaña rusa. A diferencia de Joss Whedon (Los Vengadores) o de Shane Black (Iron Man 3), Snyder ha decidido que esta película adquiera, sobre todo en algunos momentos, ese tono epiléptico y convulsivo que hoy está de moda gracias a tipos como Michael Bay, y que a algunos espectadores de la vieja escuela nos obliga a frotarnos los ojos. (Hago un inciso para recordar que los productores pensaron en ofrecer el proyecto a Guillermo del Toro, a Robert Zemeckis y a Ben Affleck. Ninguno de ellos hubiera caído en esta trampa de la cámara temblorosa)

El segundo detalle que no es de mi agrado es la banda sonora. Les hablé de prejuicios, ¿recuerdan? Resulta difícil no pensar en John Williams o incluso en John Ottman, y no sentir que la partitura de Hans Zimmer es un ejercicio rutinario y falto de carisma.

Y termino el mal trago inicial con un tercer detalle que echo de menos: el humor y la ligereza. Obviamente, este último reproche es un tanto arbitrario, pero sinceramente creo que a El hombre de acero le faltan sonrisas.

Hasta ahí los desaciertos. Voy ahora con los elogios, que no van a ser escasos.

El guión de David S. Goyer rastrea con mucha convicción los orígenes del héroe. Tras un soberbio prólogo en Krypton, asistimos a una aventura bien estructurada, veteada con una larga serie de flashbacks que explican la iniciación del héroe. A los mitómanos y a los tradicionalistas conviene advertirles que parte de los clichés del personaje han quedado abandonados en la papelera de Goyer, pero a cambio, obtenemos emoción a raudales.

Henry Cavill está sensacional como el kryptoniano, y encarna a la perfección sus ideales humanistas, su férrea moral, su afabilidad y su coraje. De Amy Adams qué les voy a decir: es una Lois Lane perfecta, con una inteligencia a flor de piel.

El maravilloso Michael Shannon se luce magistralmente como el General Zod.

Diane Lane como Martha Kent y Kevin Costner como Jonathan Kent se convierten en los padres adoptivos que cualquier espectador querría tener. Pese a la brevedad de su papel, Costner nos regala una de las mejores interpretaciones del film.

Laurence Fishburne consigue robar todas las escenas en las que aparece como Perry White, y Russell Crowe, en el papel de Jor-El, padre de Superman, encarna al segundo héroe de la cinta: solemne, gallardo y tan valiente como su retoño.

Christopher Nolan, que impulsó el guión de Goyer, deja su huella en la película. De hecho, podemos identificar algunos de sus tics más personales en esta narración que procura presentarse como una versión madura de la historia que todos conocemos. Quizá por ello, se subrayan detalles muy interesantes, como la vulnerabilidad del héroe, su búsqueda de una identidad y el modo en que encuentra su lugar en el mundo.

Dado que Nolan no es, en términos narrativos, la alegría de la huerta, es razonable que aquí se atormente al héroe todo lo posible. Pero eso es algo que ya esperábamos.

En líneas generales, el diseño de producción y el de vestuario son magníficos. Cada dólar invertido encuentra justificación en pantalla.

Lo mismo cabe decir de los efectos visuales, por mucho que algunos, como el que esto escribe, acabemos un tanto saturados por ese destrozo de edificios digno de Transformers. Quizá por ello, las partes de la película en las que Superman no muestra sus poderes sobrenaturales son las que más agradables me parecen. En ellas, uno consigue creer que ese joven amable y lleno de dudas, bendecido con un don inexplicable, un día será capaz de salvar el mundo.

Sinopsis

De la mano de Warner Bros. Pictures y Legendary Pictures llega El hombre de acero® con Henry Cavill como Clark Kent/Kal-El a las órdenes de Zack Snyder.

Un chico descubre que tiene poderes extraordinarios y que no pertenece a la Tierra. A partir de ese momento, se embarca en un viaje para descubrir de dónde procede y para qué fue enviado a la Tierra. El héroe que se encuentra en su interior debe salir a relucir si pretende salvar al mundo de su total destrucción y convertirse en símbolo de esperanza para toda la humanidad.

Llamado Kal-El al nacer, en el planeta Krypton, se crió como Clark Kent en la Tierra. ¿A cuál de los dos mundos pertenece? ¿A cuál de los dos mundos defiende? Estas son las dudas que acechan a Superman, y todo lo que haga determinará el futuro del planeta al que siempre ha llamado casa.

Creado por el escritor Jerry Siegel y el artista Joe Shuster, Superman apareció por primera vez en el primer número del cómic Action Comics, publicado el 18 de abril de 1938. Pronto se convirtió en un fenómeno cultural, logrando fans en todo el mundo tanto mediante películas de imagen real como animadas en prácticamente todos los medios de entretenimiento. Superman ha combatido a los villanos más poderosos de la historia en películas y en programas de televisión, radio, videojuegos, medios sociales y literatura.

El director Zack Snyder leyó el guión de David S. Goyer, basado en una historia creada por Goyer mismo junto a uno de los productores de la película, Christopher Nolan. "Sin romper su imagen tradicional, sin deshacerle de todo lo que le convierte en Superman, consiguieron hacer de él alguien con quien te puedes identificar", afirma Snyder. "Me llevaron a un viaje que me resultaba muy interesante, y por eso me animé".

Según Nolan: "A todo el mundo le resultará familiar la interpretación de Superman como el superhéroe definitivo en El hombre de acero pero, mientras su personalidad era impenetrable y era prácticamente una figura divina en películas anteriores de la saga, en esta lo mostramos como un personaje con quien te puedes identificar y que lucha con problemas típicamente humanos como el amor, lealtades encontradas, la familia... incluso a pesar de que ni siquiera sea humano."

El productor Charles Roven también aportó toda su imaginación a la historia. "Me encantó el guión desde la primera lectura. Vi que contenía lo suficiente de aquello con lo que crecí pero a la vez era completamente nuevo. Era una perspectiva nueva de una historia venerada. Es un personaje muy ambicioso. Todos los niños crecen creyendo que, algún día, podrán ser como Superman. Lo que más me gusta de esta historia es que Superman sigue siendo un personaje al que te quieres parecer, pero ahora es mucho más complejo que nunca. En esta ocasión se mueve por unas aguas mucho más emocionales".

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de sinopsis e imágenes © Warner Bros. Pictures y Legendary Pictures. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista The CULT, un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, The CULT sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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