Crítica de "Anna Karenina" (2012)

Los adjetivos que he repetido mentalmente durante la proyección son: estilizada, delirante y pretenciosa. Y el dato más crucial, que pone en contexto esas tres características, es el que sigue: una novela tan admirada como la de Tolstoi no merece una adaptación como ésta.

Y es una lástima, porque este estreno llegaba todas las credenciales, empezando por la calidad de su director, Joe Wright. De los protagonistas –Keira Knightley, Jude Law, Matthew Macfadyen...– qué vamos a decir que no esté dicho ya. Pero lo que más me duele, como miembro del club de fans de Tom Stoppard, es que él sea el firmante de este guión, que parece escrito por un principiante que desconoce la esencia y el tono del libro original.

En manos de Wright, la relación entre Anna Karenina (Kightley) y Vronsky (un flojo Aaron Taylor-Johnson) se convierte en un musical sin canciones, diseñado a mayor gloria del equipo de vestuario y del camarógrafo que pasea la steadicam por el decorado. Una mina inagotable para esos coleccionistas de secuencias, para quienes la forma y el virtuosismo técnico están por encima del contenido.

Con una puesta en escena pretenciosamente teatral, la cinta parte de un concepto erróneo y lo envuelve en lujoso papel de regalo. Es el preciosismo, sin duda, un elemento fundamental en esta producción británica, cuya exuberancia estilística queda al servicio de un drama de cartón piedra, tan olvidable como un anuncio de perfume.

Creo que la palabra kitsch basta para resumir todo el párrafo anterior.

Ni que decir tiene que Sarah Greenwood es una espléndida directora artística y Seamus McGarvey un sólido operador, pero el hecho de que su labor sea tan memorable confirma que el corazón de la película no es el drama sino su embalaje de purpurina.

Olvídense de esta película y lean –o relean– Ana Karenina. Como nos dice Vladimir Nabokov, "Ana no es sólo una mujer, no es sólo un espléndido ejemplar de femineidad; es una mujer que posee un carácter moral pleno, compacto, importante: todo cuanto rodea a ese carácter es significativo y notable, y esto vale también para su amor".

Sinopsis

Esta historia atemporal explora la capacidad del corazón humano para amar, al tiempo que muestra la fastuosa sociedad de la Rusia imperial. Nos encontramos en el año 1874. La preciosa y vivaz Anna Karenina (Keira Knightley) lleva la vida deseada por todas sus contemporáneas: está casada con Karenin (Jude Law), un importante funcionario al que ha dado un hijo, y su posición social en San Petersburgo es envidiable. Viaja a Moscú después de recibir una carta de su hermano, el mujeriego Oblonsky (Matthew Macfadyen), pidiéndole ayuda para salvar su matrimonio con Dolly (Kelly Macdonald). En el tren, Anna conoce a la condesa Vronsky (Olivia Williams), a la que espera su hijo, el elegante oficial de caballería Vronsky (Aaron Taylor-Johnson). Cuando Anna es presentada al oficial, surge una chispa mutua que ninguno de los dos ignorará.

Levin (Domhnall Gleeson), un terrateniente compasivo y sensible, es el mejor amigo de Oblonsky y tiene la intención de pedir la mano de Kitty (Alicia Vikander), la hermana pequeña de Dolly, pero no sabe que la joven está perdidamente enamorada de Vronsky. Ante el rechazo de Kitty, el entristecido Levin regresa a sus tierras de Pokrovskoe y se entrega a los trabajos del campo, mientras Kitty descubre con dolor, durante un baile, que su gran amor Vronsky no le quita ojo a Anna Karenina, que parece compartir sus sentimientos.

Anna, en un esfuerzo por recuperar la cordura, se apresura a regresar a San Petersburgo, donde la sigue Vronsky. Ella intenta recuperar su vida familiar, pero no deja de pensar en el joven oficial. Tienen una apasionada aventura que escandaliza a la sociedad de la capital. La situación de Karenin es insostenible y se ve obligado a dar un ultimátum a su esposa. En un desesperado intento por ser feliz, la decisión de Anna resquebraja el barniz de una sociedad obsesionada por el qué dirán, y da pie a las trágicas y románticas consecuencias que cambiarán dramáticamente su vida y la de los que la rodean.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de sinopsis e imágenes © 2012 Working Title Films, Focus Features. Cortesía de Universal Pictures International Spain. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista The CULT, un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, The CULT sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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