Crítica: "Birdman o (la inesperada virtud de la ignorancia)" (2014)

Los Tres Amigos, además de una comedia de John Landis, es el nombre que se ha dado al trío de cineastas mexicano formado por Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro y Alejandro González Iñárritu.

Además de su amistad, estos directores comparten fama por su talento tras la cámara. Hace ya tiempo sorprendieron a público y crítica con sus primeras películas mexicanas: originales y potentes técnicamente, no sólo a la altura de lo que se pudiera hacer en Hollywood, sino por encima de la mayoría de los productos de prestigio hollywoodienses.

La Meca del Cine no tardó en requerir sus servicios, y desde entonces cada director ha desarrollado una carrera brillante. Cuarón ha destacado por ser el más talentoso de los tres, con películas de lo más dispar, de los géneros más diversos, pero todas dominadas por los hallazgos visuales más sorprendentes. Guillermo del Toro se ha convertido en todo un apóstol del cine fantástico, manteniendo encendida la llama del género con productos que llevan un sello muy personal. Iñárritu, por su parte, ha perpetuado, modernizado y ampliado la tradición mexicana del drama, con filmes donde las interpretaciones desgarradas de actores intensos son el plato fuerte.

Si Cuarón y Guillermo del Toro siguen contando con una base de fans sólida, hasta los más fieles de Iñárritu señalaban cierto desgaste en su cine, algo así como una oxidante tendencia a la fórmula. Con Birdman, el director cambia de tercio y presenta un film inclasificable, pero no carente de humor. Hay incluso quien dice que es una comedia, lo cual es un salto de gigante para alguien dado al cine más deprimente.

Birdman es una de esas películas en las que uno sospecha que le están tendiendo una trampa, que detrás de los fuegos artificiales no se nos está contando nada que no se haya contado antes y mejor. ¡Pero qué pirotecnia!

A lo largo del trepidante metraje de la cinta se nos muestran los días previos a un estreno de Broadway en el que una ex-estrella de Hollywood, famosa por encarnar a un superhéroe hace años –antes de la actual moda de las películas súperheroicas– trata de recuperar el prestigio y, por qué no, la celebridad.

Su antagonismo con un enervante teatrero del Método, sumado a sus problemas con su hija tuitera y algo yonqui, con su ex-mujer, con su tarada novia y con la crítica más mezquina, aparte de algún que otro delirio esquizoide, entre otras molestias, le acosan y presionan su vida al máximo. ¿Clichés? Posiblemente, pero si uno conoce ligeramente el mundo del teatro y sus habitantes, sabe que los clichés abundan en esa realidad.

Viendo la película, el cinéfilo selecto recordará, inevitablemente, joyas indiscutibles como Noche de estreno (Opening Night, John Cassavetes, 1977) o Empieza el espectáculo (All That Jazz, Bob Fosse, 1979). Por su parte, el cinéfago más inquieto hallará temas y planteamientos que aparecen en producciones tan dispares como Tropic Thunder (Ben Stiller, 2008), Zebraman (Takashi Miike, 2004) o incluso JCVD (Mabrouk El Mechri, 2008).

Iñárritu toma prestados las técnicas y el director de fotografía habituales de su amigo Cuarón, haciendo que Birdman se sume a la larga y destacada tradición de películas rodadas en un único (falso) plano secuencia, estilo narrativo que tiene como buque insignia la magistral cinta de Hitchcock La soga (1948).

Esta elección, aunque responda a un ligero exhibicionismo, realmente funciona en Birdman, tanto a la hora de hermanar en cierto modo el cine y el teatro (al fin y al cabo, en el teatro todo son planos secuencia) como para conectar con la mente del estresado protagonista, un tipo que no está durmiendo nada y cuya mente está montada en una imparable montaña rusa.

El ritmo del film es vertiginoso, y las elipsis temporales forman parte del plano secuencia, en algún que otro momento llevadas a cabo con trucos sensacionales. Las desmadradas interpretaciones, en especial las de Edward Norton y Michael Keaton (quienes no escatiman líneas autorreferenciales respecto al cine de superhéroes) potencian ese estado febril de Birdman, enganchando al espectador, incluso aunque le vea el truco a todo el asunto. La constante compañía musical de una loca y espectacular percusión es la guinda del pastel.

Al final, alardes cinematográficos aparte, lo que queda es la justa recuperación de un actor ninguneado durante demasiado tiempo, el energético y carismático Michael Keaton. ¡Ya iba siendo hora!

Sinopsis

En Birdman o (la inesperada virtud de la ignorancia), la comedia negra de Alejandro G. Iñárritu, Riggan Thomson (Michael Keaton) espera que encabezando una nueva y ambiciosa obra en Broadway logrará, entre otras cosas, dar nueva vida a su moribunda carrera. En muchos sentidos es un iniciativa profundamente insensata, pero el antiguo superhéroe del cine tiene grandes esperanzas de que este ardid creativo le legitimará como artista y demostrará a todos –incluido él mismo– que es algo más que una vieja gloria de Hollywood.

Al aproximarse la noche de estreno de la obra, el actor principal de Riggan resulta herido en un insólito accidente durante los ensayos y tiene que ser sustituido rápidamente. A sugerencia de la primera actriz, Lesley (Naomi Watts), y ante la insistencia de su mejor amigo y productor, Jake (Zach Galifianakis), Riggan contrata de mala gana a Mike Shiner (Edward Norton), un elemento peligroso que garantiza la venta de entradas y una elogiosa crítica de la obra. Mientras se apresta a debutar en escena, Riggan debe vérselas con su novia y coprotagonista, Laura (Andrea Riseborough); con su hija, recién salida de un tratamiento de rehabilitación, y con su ayudante personal, Sam (Emma Stone), así como con su ex esposa, Sylvia (Amy Ryan), que aparece de vez en cuando para dejarse ver, con la intención de estabilizar la situación.

Iñárritu observa que algunos elementos de la historia de Riggan tenían un significado especial para él; en particular, la efímera naturaleza del éxito y la cuestión de la relevancia. "Yo estaba interesado en examinar los combates con el ego, la idea de que el éxito que uno alcance, independientemente de que sea económico o de prestigio, siempre es una ilusión. Es transitorio. Cuando uno persigue las cosas que cree que quiere y hace posible que el público dé validez a sus aspiraciones; cuando por fin lo consigue, no tarda en descubrir que esa alegría es fugaz".

"Riggan es profundamente humano", afirma Iñárritu. "Yo lo vi como una especie de don Quijote, cuyo humor nace de la disparidad y permanente desacoplamiento de sus elevadas ambiciones y la innoble realidad que lo rodea. Básicamente, es la historia de todos nosotros".

"Me gustan los personajes que tienen defectos, que son dubitativos, que se mueven a fuerza de dudas y contradicciones …lo que incluye a todos los que conozco. Las decisiones de Riggan han sido erróneas y ello ha afectado a las personas de su entorno. A lo largo de toda su vida, Riggan ha confundido el amor y la admiración. Y cuando se ha dado cuenta de la escasa importancia de la segunda, ha tenido que empezar a aprender, con dolor, cómo amarse a sí mismo y a los demás".

Keaton dice sobre su personaje que "me limité a ver a Riggan como una persona. Sin embargo, ser actor es una tarea que exige un tipo específico de personalidad. Uno ya es propenso a caer en una afectación extrema, a estar sometido a su ego y todo lo demás. En este caso, tenemos a un individuo en el que, por decirlo suavemente, todas esas cualidades están causando estragos".

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Regency Enterprises, Worldview Entertainment, Fox Searchlight Pictures. Reservados todos los derechos.

 

Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

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