"Almanya. Bienvenido a Alemania" (2011)

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Dirigida en clave autobiográfica por Yasemin Samdereli, Almanya relata el fenómeno de la emigración turca en Alemania.

Después de vivir 45 años en Alemania como un “Gastarbeiter” (trabajador invitado) turco, Hüseyin Yilmaz, setenta años cumplidos, anuncia a su familia que ha comprado una casa en Turquía y que todos deben volver con él para hacer las reformas necesarias.

La familia no se siente en absoluto atraída por la idea y todos empiezan a discutir acaloradamente.

Por si no fuera bastante, Canan, una nieta de Hüseyin, decide anunciar que está embarazada y que el padre es su novio inglés, del que nadie sabía nada. Para consolar a su primo Cenk, de seis años, al que trataron de “extranjero” el primer día de colegio, Canan decide contarle la fantástica historia de por qué acabaron todos en Alemania a pesar de no ser alemanes.

Viajan en el tiempo a un maravilloso lugar donde una pequeña familia turca descubre una tierra poblada de gigantes rubios que comen cerdo, sacan a unas ratas muy gordas a pasear con correa, beben agua llamada Coca-Cola, adoran a un hombrecito en una cruz de madera y usan un galimatías ininteligible, una tierra llamada Almanya.

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Una entrevista con Yasemin y la coguionista Nesrin Samdereli

¿De dónde les vino la idea para hacer una película como Almanya?

Yasemin: Hace tiempo descubrimos que nuestros amigos solían divertirse mucho cuando les hablábamos de nuestra infancia. Por ejemplo, Nesrin era una “Funkenmariechen” (un personaje tradicional del carnaval de Renania), fue a una escuela primaria católica y cantó fervientemente himnos religiosos cada miércoles en la iglesia. Yo tocaba la flauta en una banda y siempre escribí mi nombre “Jasmin”, hasta que una profesora frustró mi engaño y me hizo notar que mi nombre era “Yasemin”.

Nesrin: Y dicen que los turcos no se esfuerzan en integrarse… La inmigración es un tema muy interesante, y hoy más que nunca. Almanya echa una mirada muy subjetiva a quiénes somos, cómo empezó todo y lo que significa ser extranjero.

¿Hasta qué punto es una película autobiográfica? ¿Inyectaron experiencias suyas en la historia?

Yasemin: Hay muchos recuerdos de nuestra infancia. Por ejemplo, nuestro deseo de celebrar la Navidad. Para nosotras era una tortura cuando los niños alemanes nos enseñaban los regalos y nos hablaban de las delicias que habían comido. Un año, incluso obligamos a nuestra madre a hacer una comida de Navidad, pero fue un fracaso total.

Nesrin: Además, no teníamos un equivalente. Recuerdo que me preguntaron si no había una fiesta comparable entre los “mahometanos”. Se me ocurrió hablarles de la Fiesta del Sacrificio, para la que se mata muchos corderos y se distribuye la carne entre parientes y vecinos. Los niños alemanes me miraron con ojos redondos y algunos padres me hacían regalos para San Nicolás y Navidad por compasión.

¿Escribieron el guión juntas? ¿Cómo funciona su colaboración y cómo se llega a escribir cincuenta versiones del mismo guión?

Yasemin: Sinceramente, fue un proceso largo y arduo. Si no lo hubiéramos hecho juntas, creo que una o la otra se habría rendido. Ahora somos un equipo perfecto, en parte gracias a las cincuenta versiones de la película. Lo primero era hablar de las secuencias dentro de las escenas, y luego cada una escribía la escena. Posteriormente retrabajábamos las escenas juntas. Pero no siempre trabajamos en equipo, tenemos proyectos individuales.

Nesrin: Por suerte, cuando acabamos la primera versión, no sabíamos cuántas faltaban todavía. El simple hecho de que nunca nos rendimos, de que nos motivábamos mutuamente una y otra vez, nos demostró que la historia merecía salir a la luz.

¿Cómo fue el rodaje en Alemania y en Turquía?

Yasemin: Un rodaje siempre es una gran aventura. Con Almanya, teníamos la dificultad añadida que representaba rodar varias escenas de época en Alemania y en Turquía. Fue muy difícil. No nos dimos cuenta de lo complicada que era la historia que queríamos contar. Además, económicamente, el proyecto era un reto enorme. Luego, el reparto era muy amplio y había muchos días de rodaje con niños. Nada de todo esto facilitaba el trabajo. Y no olvidemos detalles como el hecho de que en los sesenta no existían las parabólicas. En Izmir, donde rodamos, debe haber al menos mil millones. Intenté convencer a una familia turca enganchada a la tele para que quitaran la antena aunque fuese dos días.

Nesrin: Lo más divertido fue los problemas con el idioma. Una parte del equipo estaba formada por alemanes y la otra, por turcos. En general, todo el mundo hablaba en inglés para entenderse, aunque nosotras hablábamos turco con los turcos y alemán con los alemanes, excepto si las dos nacionalidades estaban presentes. Incluso llegamos a usar un “galimatías” que solo Yasemin y yo entendíamos. Es asombroso que todo el mundo llegara a comunicarse.

¿Cómo se les ocurrió inventar un alemán ficticio?

Yasemin: En la maravillosa película El gran dictador, Charlie Chaplin, al que admiro profundamente, usa un lenguaje inventado, un galimatías, para caracterizar a Hinkel (Hitler). Usamos el mismo truco estilístico para que el público alemán tuviera esa sensación de extrañeza que produce el contacto con un idioma desconocido, como le ocurrió a la familia turca al llegar.

¿Qué desean para esta película?

Nesrin: Actualmente se habla mucho en Alemania de cómo enfrentarse a la integración. Hay numerosos debates acalorados acerca de las flagrantes carencias en la cultura “Gastarbeiter”. Se acusa a los jóvenes de atacar a los ancianos alemanes, de cometer asesinatos por honor o simplemente de comportarse antisocialmente. El multiculturalismo parece haber desaparecido. Ahora siempre se habla, lógicamente, de lo que NO funciona. Almanya nos recuerda que los “Gastarbeiter” de entonces fueron invitados por el gobierno alemán y que contribuyeron en gran medida a la estabilidad económica del país. Tienen derecho a estar en Alemania. Almanya dice: “Aquí estamos y nos gusta”.

La oleada de inmigrantes en los sesenta

Poco tiempo después de la Segunda Guerra Mundial, varias empresas de la República Federal de Alemania empezaron a quejarse de falta de mano de obra. Esto se debía mayormente a los años de guerra, que había creado importantes lagunas en la población. El primer acuerdo de reclutamiento se firmó a mediados de los cincuenta. Se limitó sobre todo a traer a Gastarbeiter italianos a Alemania. A estos les siguieron trabajadores españoles y griegos.

En base a un tratado firmado entre Alemania Occidental y Turquía, empezaron a llegar trabajadores turcos a partir de 1961, alcanzado un total de 826.000 “Gastarbeiter” en esos años. Turquía esperaba que dicho tratado ayudara al gobierno a solucionar sus problemas económicos y sociales. Alemania, por su parte, estaba muy interesada en una mano de obra barata que potenciaría el auge económico de los años del milagro económico. Además, la OTAN quería estabilizar Turquía como fuera y, de paso, proteger su flanco noreste durante la Guerra Fría.

La mayoría de los inmigrantes turcos llegaron a Alemania Occidental en trenes especiales. En los años sesenta, se trataba de un viaje de 50 horas a través de Grecia. En los setenta se abrió una ruta más rápida a través de Bulgaria. A finales del periodo de reclutamiento, en 1973, del millón de trabajadores que había a mediados de los sesenta, el número de extranjeros en Alemania Federal había ascendido a más de cuatro millones.

Entre 1961 y 1973, más de 2,6 millones de turcos solicitaron un trabajo en Alemania Federal. Siempre que pasaran los exámenes impuestos por las autoridades alemanas (pruebas de salud y de forma física, de aptitud profesional, de lectura y escritura), podían entrar en el país y trabajar. La mayoría de los trabajadores turcos se instalaron en el valle del Ruhr.

La población turca ascendió continuamente gracias a la política de reagrupamiento familiar y a las bodas celebradas en Alemania. Hoy en día ya hay inmigrantes de cuarta generación. De acuerdo con el Statistiches Bundesamt (Oficina de Estadística), unos 6,7 millones de extranjeros vivían en Alemania a finales de 2009. Los turcos, con una población de 1,66 millones, son el grupo más importante.

Copyright de texto e imágenes © 2011 Beta Cinema, Roxy Film e Infafilm. Cortesía de Golem. Reservados todos los derechos.

Thesauro Cultural

Hay un momento para echar la vista atrás, recordando las condiciones en que nosotros, la especie Homo sapiens, emprendimos nuestra andadura. Hay un momento para explicar lo que fuimos, en el plano científico y cultural, e imaginar lo que seremos, más pronto que tarde. Tú y yo. Ustedes que nos leen y los que escribimos a este lado de la pantalla. Hay, en fin, un momento para explicar el trabajo de los paleontólogos ‒los historiadores de la vida‒ y sumarlo al de tantos otros investigadores que comprueban cómo la cultura altera nuestro recorrido social y evolutivo. Sabios que rastrean las civilizaciones en que se escindió la humanidad. Expertos que nos hacen partícipes de creencias y costumbres, creaciones artísticas y avances tecnológicos. Entre todos, definen una sutil conexión que que nos mantiene unidos desde hace... ¿cuánto tiempo ya? ¿165.000 años? ¿315.000?

Quién sabe si ese interés por la naturaleza humana, en su increíble diversidad, es lo que te trajo hasta aquí. Ahora ya lo sabes: si nosotros hacemos cada día TheCult.es (Thesauro Cultural), es porque tú sientes esa curiosidad por los retos más desafiantes de la ciencia y la cultura. Quizá acabas de descubrir esta revista, buscando un dato que necesitas para la clase de mañana. O acaso usted ‒a quien le incomoda el tuteo‒ hace mucho que completó sus estudios, y nos sigue fielmente desde que nos asomamos a internet, allá por 2007.

¿Sabe lo que le digo? Queremos observar con usted ‒contigo‒ cada detalle del mundo que nos rodea. Queremos recorrer la historia de la biosfera y explorar las huellas más nobles que hemos dejado en el planeta: nuestra cultura científica, nuestro arte y nuestro legado intelectual.

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