The Cult: historia y línea editorial

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En su biografía de Steve Jobs, el periodista Walter Isaacson menciona la siguiente cita del creador de Apple: “Leí algo que uno de mis héroes, Edwin Land, de Polaroid, dijo acerca de la gente que podía situarse en la intersección entre las humanidades y las ciencias, y decidí que eso es lo que yo quería hacer.”

Aunque figuras tan influyentes como el propio Jobs han considerado que esa confluencia entre la ciencia y las industrias culturales es decisiva para una sociedad innovadora, los medios de comunicación aún no han sabido adaptarse a esa corriente de pensamiento. Es más: muchos continúan empeñados en potenciar otros contenidos –los aspectos superficiales de la política, el deporte o la crónica social– que saturan la oferta periodística, alejándola de la audiencia más formada y con un mayor criterio en sus hábitos de consumo.

THE CULT, la plataforma educativa de la asociación conCiencia Cultural, es un medio novedoso, tanto por los temas que integra y relaciona en una sola cabecera –la cultura, el arte, la ciencia, la tecnología y la innovación– como por el modo de abordarlos y presentarlos al lector: de una forma clara y atractiva, de la mano de autores de prestigio –en gran medida procedentes de la tradición de los periódicos impresos– y de divulgadores especializados, adaptados al cambio generacional que ha supuesto internet.

¿Una oferta minoritaria? En absoluto. De hecho, en contra de lo que se cree, el periodismo de divulgación cuenta con un gran número de seguidores. Según el Estudio General de Medios, de las seis revistas mensuales más vendidas en España, tres (Muy Interesante, National Geographic y QUO) pertenecen al área divulgación científica y otra (Historia National Geographic) es una cabecera cultural especializada. Si hablamos de las redes sociales, sucede algo muy similar: ningún medio deportivo o relacionado con la política o la prensa rosa alcanza en nuestro país los casi cuatro millones de admiradores que tiene en Twitter la decana del sector en España, Muy Interesante.

Por desgracia, estos hechos se ven distorsionados por la falsa impresión de que la audiencia no busca contenidos de calidad. Sabemos que no es cierto, y los miles de seguidores que tiene THE CULT en Facebook, sumados a los que siguen a nuestro equipo de redacción, confirman esta tendencia tan positiva.

Al incidir en la ciencia, el arte y la cultura con una perspectiva transversal y divulgativa en sus más de 15.000 artículos, THE CULT se dirige a estudiantes y profesores, pero sobre todo, a los lectores más exigentes, activos y críticos, y también a los emprendedores que se sitúan en los sectores de alta cualificación de nuestra economía. En este sentido, THE CULT y conCiencia Cultural promueven un cambio ciudadano en el que la investigación y el conocimiento son factores clave.

Imagen de la revista en 2009

¿Cómo empezó todo?

Nuestra revista, diseñada como una plataforma educativa y divulgativa, se publica ininterrumpidamente desde diciembre de 2006, pero ha cambiado mucho desde entonces. Desde el principio, quisimos ser una publicación que apelase a la fantasía y a la inteligencia del lector, y quizá por ello siempre confiamos en un determinado estilo. Sin embargo, mentiría si les dijera que la ciencia figuraba entre nuestras prioridades cuando nació el proyecto. Como la deriva continental, unos contenidos fueron desplazando a otros de forma paulatina.

Durante aquel primer mes de vida, elegimos el nombre de Cuadernos de Cine y Letras para resumir nuestros contenidos y nuestra filosofía. Era una denominación larga, de inspiración académica, pero reflejaba con claridad los intereses que nos movían por aquel entonces.

Como en ese periodo que va de 2006 a 2007 la mayor parte de los textos eran narrados en primera persona por quien escribe estas líneas, los principios del Nuevo Periodismo que tanto nos seducían (el cronista como participante central del relato, el punto de vista convertido en estilo...) podían confundirse con el típico procedimiento de una bitácora literaria. Para alimentar aún más esa confusión, decidimos que cualquier método era bueno para evitar el anonimato. Después de todo, personalizar el proyecto era solo el primer paso de un plan que iría cambiando a su debido tiempo.

En aquella etapa procuramos, además, soslayar los inconvenientes técnicos con una estética cuidada y personal, que hasta cierto punto nos identificase con el clasicismo puesto en boga por el editor Franco Maria Ricci.

Javier Sánchez Ventero, cofundador de la revista, quiso que se incorporaran a ella nuevas firmas. Él mismo también participó desde el principio en los contenidos, reflejando toda suerte de experiencias, incluida alguna que anticipaba nuestro posterior interés por la ciencia.

Esa ampliación del equipo de redactores y colaboradores pasó por diversas etapas. En 2006, conocí a Vicente Díaz, que no tardó en editar sus críticas en Cuadernos de Cine y Letras, así como sus entrevistas, en las que descubre a fondo la personalidad de creadores como Guillermo del Toro, Joe Dante o Álex de la Iglesia.

Otro futuro colaborador con el que coincidimos por aquellas fechas es Víctor Arribas, que aún edita en THE CULT sus artículos sobre cine clásico.

Aunque por aquel entonces publicábamos algún que otro artículo de contenido científico –por ejemplo, una entrevista con Juan Luis Arsuaga–, lo cierto es que el punto fuerte de nuestros contenidos seguía siendo el cine. De hecho, comenzamos a cubrir las visitas promocionales de numerosas estrellas de Hollywood. Si la memoria no me traiciona, la primera de ellas fue Cameron Díaz.

Tras un tiempo de incertidumbre, conseguimos superar con un artículo la cifra de 10.000 visitas: Mika Penniman, el nuevo Freddie Mercury. De ahí en adelante, las estadísticas no dejaron de prosperar mes tras mes. Ese crecimiento vino acompañado por cambios muy sustanciales en la apariencia de la web.

Finalmente, en el último tercio de 2007, la revista consolidó una identidad gráfica estable, y empezó a obtener el apoyo de editoriales, distribuidoras cinematográficas y museos. Cuadernos de Cine y Letras pasó a llamarse, simplemente, Cine y Letras.

A mediados de 2008, Cine y Letras se convirtió en una de las revistas de cine y literatura que competían por la audiencia en un momento en el que casi toda la prensa digital cifraba sus esperanzas en el mercado publicitario.

A casi nadie sorprendió que, a lo largo de esa etapa, los contenidos de otras secciones –música, arte, fotografía, diseño... – obtuvieran un creciente apoyo por parte de los lectores. Con ello, logramos aproximarnos al concepto editorial que más nos seducía: el de un suplemento cultural.

Con el objetivo de ampliar aún más nuestros contenidos, concentramos nuevos esfuerzos en un apartado dedicado a la literatura infantil y juvenil. Begoña Pérez Ruiz se hizo cargo de esta sección, y más o menos al mismo tiempo, José Luis González Martín dio un impulso definitivo a la sección de historia. Por su parte, Nuria Álvarez Macías empezó a publicar con nosotros artículos sobre cine asiático, de moda en aquellos días.

De forma inesperada, la sección dedicada a los libros para niños fue una de las que contribuyó a multiplicar el número de seguidores de la revista entre 2008 y 2009.

Por esas fechas, Emilio C. García Fernández se incorporó a nuestro equipo en el apartado cinematográfico. El encuentro con Will Smith que ilustra esta imagen es uno de los muchos que jalonan su carrera en el mundo del cine.

Paulatinamente, gracias a las mejoras técnicas, conseguimos que navegar por la web fuera más cómodo e intuitivo para el lector.

Cuando logramos posicionarnos en el mercado de revistas digitales de difusión cultural, decidimos que también las secciones minoritarias requerían un cuidado especial. Cada reportaje y cada entrevista se planteaba como un reto.

En todo caso, lo cierto es que un gran número de lectores aún nos veía como una revista de cine que ofrecía algo más en otros ámbitos. Ese encasillamiento planteaba un problema a la hora de diseñar una estrategia de marketing. La promoción era una de nuestras prioridades.

Cuando los widgets se pusieron de moda, también aprovechamos ese formato para atraer a nuevos lectores.

Uno de nuestros colaboradores más prestigiosos y queridos, Blas Matamoro, alcanzó un notable éxito de audiencia con su sección El viejo lector. Matamoro escribe en la revista desde 2009. Más o menos por las mismas fechas, empezamos a editar los artículos de otro experto en música y cultura, Fernando Fraga. Ambos forman parte del núcleo de THE CULT casi desde su fundación.

En busca de protagonistas

A los periodistas culturales se les critica a menudo por tomar el camino del elitismo. En nuestro caso, pocos podían sostener esa acusación. Teníamos la sensación, con razón o sin ella, de que la cultura más noble y la más popular debían acomodarse en nuestras columnas. Como entrevistadores y reporteros, sucumbimos al glamour de las estrellas, y ello nos permitió animar la portada con las declaraciones e imágenes de celebridades como Andy García, Russell Crowe, Daniel Craig, Edward Norton, Pedro Almodóvar, Sylvester Stallone, Leonardo DiCaprio, Jennifer López, Zack Snyder, Jennifer Aniston, John Travolta, Dolph Lundgren, Morgan Freeman, Kirsten Dunst, Danny Boyle, Jessica Alba, Audrey Tautou, Cate Blanchett, Ben Affleck, Will Smith, Roland Emmerich, Susan Sarandon, Viggo Mortensen, Anne Hathaway, Benicio del Toro, Keanu Reeves, Scarlett Johansson, Angelina Jolie, Nicole Kidman, Hugh Jackman, Tom Cruise, Kiefer Sutherland, Gerald, Butler, Johnnie Depp, J.J. Abrams, Denzel Washington, Hugh Grant, Peter Jackson y Harrison Ford, entre otros muchos.

Como corresponde en estos casos, el anecdotario de esa etapa está lleno de momentos singulares. Al fin y al cabo, no ocurre muy a menudo que uno se cruce con una figura de gran calibre y que eso origine un texto repleto de cursivas y de signos de admiración.

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El encuentro con John Hurt, que nos dejó para siempre en 2017, fue toda una experiencia.

Después de hacernos esta foto, Fernando Arrabal me contó con gran emoción cómo se le apareció la Virgen María. No fue la única confidencia mística de la velada.

Santiago Segura se acerca a nosotros con un acompañante legendario, Alain Delon. Aquel día le pregunté al viejo galán si era consciente de que podía inspirar terror a un director joven. Al escucharme, su compatriota Thomas Langmann asintió como si hubiera salido vivo de la jaula de los leones.

Robert De Niro y Al Pacino, dando empaque a la vida. Ver de cerca a estas dos leyendas fue una experiencia casi intimidante. Por cierto, DeNiro me regaló ese día un nombre de lo más sonoro: "Jucman".

Una fuerza de la naturaleza: Robert Downey Jr. Entre los momentos que solemos recordar en THE CULT este paso de baile del actor con su mujer, la productora Susan Downey.

¿Han visto ustedes alguna vez a un reportero inmovilizado? Para imaginar ese espectáculo, póngase en mi situación: a unos metros de Jessica Biel, prendado de esa mirada que provoca daños sentimentales en un radio de varios kilómetros.

Un encuentro feliz. Dwayne Johnson, además de simpatía, transmite pasión por el cine. Tras esa apariencia corpulenta y desmedida, es un interlocutor paciente y lleno de recursos.

Después de mencionarle pintores como Giulio Bonasone y Annibale Carracci, el realizador Peter Greenaway me regaló un par de reflexiones dignas de un ilustrado del XVIII.

Cuando vi a Halle Berry salir a la terraza de aquel hotel, me acordé de lo que una vez dijo Raúl del Pozo: los hombres no se enamoran de lo que ven, sino de lo que imaginan o sueñan. Este fue uno de los primeros reportajes que una estrella de Hollywood protagonizó en la revista.

"Tú... Sí, tú". Hugh Jackman nos señala después de alzar los brazos frente a la Puerta de Alcalá.  Jackman carece de ese ego enojoso de otras celebridades, pero cuando uno está cerca de él siente que le caben en las manos las colinas de Hollywood.

De entre las estrellas que he podido ver de cerca, Sophie Marceau es la que más cerca está del glamour clásico. La recuerdo con un punto de fascinación aristocrática.

El fotógrafo Ralf Pascual y yo estábamos en el bar del Hotel Reina Victoria cuando el actor James Purefoy y el realizador Michael J. Bassett empezaron a hacer el ganso. Dos tipos espléndidos.

La monarquía de Hollywood puede evolucionar, pero de momento ese trono lo ocupa Steven Spielberg. Ver al cineasta en el Palacio de Linares fue tan emocionante que, cuando paso por allí, aún miro de reojo por si el director reaparece en alguna de sus salas.

En cuestiones tecnológicas, tengo el don de la inoportunidad. Por eso mismo, suelo comprobar una y mil veces el funcionamiento de micrófonos y demás artefactos del oficio. En esta imagen de televisión, acabo de situar la grabadora frente a Tim Burton, interponiéndome en el camino del compañero que filmaba al director.

Zooey Deschanel marcha por la vida como un personaje de ficción. El pop cantado por ella deja de ser pop y se vuelve complicidad. Como actriz, le sobra encanto hasta para bajar por unas escaleras. Pudimos comprobarlo durante aquella visita promocional en la que acompañó a Jim Carrey. Desde entonces, aunque ella no lo sabe, es una de las musas de THE CULT.

La consolidación del proyecto

En 2010, gracias al apoyo de nuestros colaboradores y a un crecimiento sostenido de la audiencia, llegamos a plantearnos la posibilidad de editar algún número de la revista en formato tradicional. El romanticismo del papel era, por aquel entonces, una emoción muy tentadora. A decir verdad, lo sigue siendo.

A finales de 2010, con un proyecto editorial consolidado, emprendimos la búsqueda de anunciantes. Por razones evidentes, nos dirigimos en primer término a las compañías cinematográficas. En aquellas reuniones comerciales, la primera imagen que proyectábamos en la pantalla era siempre esta: Nicole Kidman, en un entorno elegante, junto a un libro. Nos parecía un resumen perfecto de nuestra línea de contenidos.

En mayo de 2011, lanzamos la primera campaña publicitaria de la nueva etapa de la revista. Supuso un impulso arrollador. El cliente fue Aurum Producciones, que promocionó en Cine y Letras el estreno de El Castor, de Jodie Foster. Desde entonces, muchas cosas han cambiado. Un año después, la crisis del mercado de la publicidad nos obligó a diseñar un nuevo modelo de negocio, ajeno al flamante fulgor de los banners comerciales.

El equipo dedicado a la sección de cine había crecido considerablemente. Cuando en diciembre de 2010 charlamos con Peter Weir, Ed Harris y Colin Farrell, debutó como fotógrafa de la revista Carmen Jiménez Díaz. En 2011, comenzamos a publicar las críticas y artículos de Lola Clemente Fernández. Poco tiempo después, coincidían en el mismo apartado Manu Zapata Flamarique y Raquel García.

En busca de la tercera cultura

A comienzos de 2012, Javier Sánchez Ventero y yo llegamos a la conclusión de que, entre los contenidos de la revista, debía tener un peso cada vez mayor la ciencia. La coexistencia en el mismo medio de los contenidos científicos y culturales quedaba respaldada por una corriente a la que nos sumamos con entusiasmo: la tercera cultura, definida por John Brockman y puesta en práctica por revistas como Edge.org.

En esa confluencia entre ciencias y humanidades fuimos reuniendo a nuevos colaboradores (Gabriel Gómez Manzaneque, Irene Galicia del Olmo, Óscar Vélez Redondo, Nick Delgado, Mario Vega...), que llegaron la revista cuando ésta ya había adquirido un nuevo nombre, THE CULT.

A la hora de rebautizar a Cine y Letras, tuvieron peso diferentes inspiraciones, desde las cult movies hasta los cult books, pasando por la obvia resonancia de una palabra inglesa como cult, que remite a quienes practican un determinado culto, en este caso enfocado hacia el conocimiento.

La renovación fue completa, tanto en el aspecto técnico como en los contenidos. Ello se debe a que en el equipo coincidieron los colaboradores más veteranos de la revista con escritores y periodistas que vinieron a reforzar el proyecto. Entre ellos, cabe destacar a Julia Alquézar Solsona, Pedro Luis Barbero, León Arsenal, Diego Armario, David Hernández Ortega, Ramón Mayrata, Daniel Tubau, Hernán MigoyaSivia Coma, Alfredo Llopico Muñoz y Rafael García del Valle.

Gracias a ellos, THE CULT se ha ido transformando en una aventura intelectual, en un diálogo entre saberes diversos presidido por la libertad de pensamiento y la curiosidad. Sin ayuda de filtros, con el rigor y la pasión en el eje de cada historia.

Finalmente, este medio ha adquirido su forma definitiva al convertirse en plataforma educativa y de divulgación, al servicio de un proyecto más amplio, conCiencia Cultural, una entidad sin ánimo de lucro en la que también coinciden la ciencia, la cultura y el espíritu regeneracionista.

Copyright de texto e imágenes © The Cult, Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista The CULT, un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, The CULT sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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