Preguntas frecuentes sobre The Cult (Thesauro Cultural)

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¿Qué significa el título de nuestra revista?

The Cult es la sigla de Thesauro Cultural. La palabra thēsaurós, en griego, alude a una colección. El latín se apropió del vocablo con el significado de tesoro, fuera éste material o relativo al conocimiento. Desde que la expresión latina thesaurus fue usada por el florentino Bruneto Latini (1220-1294) en su enciclopedia Li livres dou Trésor (1262-1268), el término se fue consolidando como sinónimo de diccionario, fuera monolingüe, como el Thesaurus Linguae Latinae (1532) o bilingüe, como el Thesauro castellano traducido en lengua ysinay (1751), de Juan de Ormaza. Con el tiempo, el tesauro ha pasado de ser un índice o compendio de voces ‒en suma, un diccionario‒ a convertirse en una lista descriptiva de los sistemas documentales, usada para su indización.

Sin embargo, nuestra revista recuerda con su título (Thesauro Cultural) la definición que ofreció en 1736 el Shorter Oxford English Dictionary: el tesauro sería un tesoro o depósito de conocimiento. Al elegir un arcaísmo, thesauro, y no su grafía actual, tesauro, evocamos las connotaciones más antiguas de este vocablo.

Para reducir ese título original, destacamos la citada sigla, The Cult, que también tiene su propio significado en inglés. El historiador Christopher Dawson (1889-1970), en uno de sus escritos, decía que una cultura viene a ser una suerte de culto. Es muy probable que esa idea esté detrás de expresiones como cine de culto (cult movies), libros de culto (cult books) o bandas de culto (cult bands). En buena medida, la sugerencia de Dawson es lo que nos condujo a usar como título (y como sigla) The Cult.

En inglés, esta expresión adquiere un significado religioso o ritual, pero también alude a los seguidores de culto (cult following), es decir, a todas esas comunidades de admiradores que se centran en un área específica de la cultura, desde el cine de serie B a las novelas de Hermann Hesse o los papeles operísticos de Maria Callas. Dicho de otro modo: grupos de amantes de la cultura que no pierden un entusiasmo casi juvenil.

Así pues, aunque los lectores pueden conocernos por el título completo de la revista, Thesauro Cultural, hemos preferido emplear la sigla The Cult para ampliar su significado y popularizar nuestra cabecera.

¿Qué quiere decir "La revista de la Tercera Cultura"?

The Cult (Thesauro Cultural) se presenta como la revista de la tercera cultura. La idea de la tercera cultura se la debemos al editor John Brockman, quien la acuñó en su libro de 1995, La tercera cultura. Más allá de la revolución científica

Brockman aboga por un punto de encuentro entre la cultura humanística y la científica. Un cruce de caminos que, desde la orilla hispanohablante, hemos convertido en razón de ser de esta revista. Para aclarar aún más ese concepto, ofrecemos a nuestros lectores este artículo sobre nuestra defensa de la tercera cultura ‒en el que explicamos la línea editorial de The Cult‒ y una sección que se titula precisamente así, Tercera Cultura.

Otra referencia esencial para nuestra publicación ha sido el biólogo Edward O. Wilson, doblemente premiado con el Pulitzer. La lectura de uno de sus libros, Consilience. La unidad del conocimiento (1998), nos permite emprender con más ánimo esa búsqueda de un punto de encuentro entre las ciencias naturales, las ciencias sociales y las humanidades.

"Un sistema unido de conocimiento ‒escribe Wilson‒ es la manera más segura de identificar los ámbitos de la realidad todavía no explorados. Proporciona un mapa claro de lo que se sabe, y enmarca las cuestiones más productivas para la indagación futura. Los historiadores de la ciencia observan con frecuencia que plantear la pregunta correcta es más importante que obtener la respuesta correcta. La respuesta correcta a una pregunta trivial es también trivial, pero la pregunta correcta, aunque sea insoluble de forma exacta, es una guía para los grandes descubrimientos. Y así será siempre en las excursiones futuras de la ciencia y en los vuelos imaginativos de las artes".

¿Cuál es el modelo en el que se inspira The Cult.es?

En el mundo editorial anglosajón, hay revistas que nos han precedido a la hora de relacionar las ciencias con las humanidades. Edge, creada por John Brockman en 1988, es un ejemplo admirable. Lo mismo cabe decir sobre Smithsonian, que desde 1970 recoge en sus páginas todo el conocimiento y toda la curiosidad que alberga en sus instalaciones el Instituto Smithsoniano.

Sin embargo, a la hora de establecer esa interconexión entre las letras, el arte y el conocimiento científico, nos hemos fijado en precursores mucho más proximos. En particular, La América: crónica hispano-americana (1857-1886), una de las revistas más importantes de nuestro siglo XIX.

Escrita por magníficos intelectuales, escritores y científicos de ambas orillas del Atlántico, La América dedicaba secciones a la filosofía, las ciencias y las artes, la historia, la enseñanza, la crítica literaria y la poesía. Incluso recogía una temprana pasión por la tecnología, como demuestra este párrafo de Pedro Calvo y Martín, publicado el 24 de febrero de 1859: "Si fuese posible enumerar hoy la diversidad de opiniones a las que la máquina contribuye, sellarían volúmenes (...) antes de buscar el fin de una progresión cuya razón es un trabajo incesante del pensamiento humano, y cada término un paso hecho sobre la pendiente, cada vez menos fuerte, que suben las sociedades".

Al igual que La América, The Cult.es también reúne a pensadores, escritores y científicos españoles e iberoamericanos.

Más próxima en el tiempo, Cuadernos Hispanoamericanos (1948), por su prestigio y amplitud temática, ha sido otra cabecera que nos sirvió de modelo, sobre todo durante la etapa que dirigió Blas Matamoro.

¿Por qué The Cult.es dedica un gran espacio a la ciencia?

Nuestros ámbitos de trabajo son la cultura humanística, las ciencias sociales y la cultura científica. De ahí que nos ocupemos tanto de la ciencia y sus alrededores como de la biodiversidad y la educación ambiental, sin olvidar ese juego de espejos que establecen la filosofía, la historia, la literatura, el arte y también aquellos conocimientos que surgen del laboratorio.

El motivo es bien simple: el avance de las ciencias discurre en paralelo a la mejora de nuestra sociedad, y en términos históricos, los procesos democráticos triunfaron allí donde lo hizo la revolución científica, siempre a la sombra de la razón.

Entender lo cultural a partir de la ciencia y viceversa. En eso consiste nuestra mirada ‒y nuestra narrativa‒ sobre la realidad. Y por eso mismo evitamos el generalismo periodístico, encarnado por el típico periodista tertuliano o tuitero, legitimado para opinar sobre cualquier cosa, incluido aquello que no comprende.

¿Por qué la revista incluye tantos artículos sobre el futuro?

Toda narración se genera a partir de un antes y un después. Y dado que la revista aspira a narrar nuestro pasado cultural y científico, nos parece lógico pensar que también debe proponer un relato de ese futuro dominado por la Inteligencia Artificial y el Big Data.

El porvenir nos descubrirá una sociotecnología que hoy sólo estamos intuyendo, y en este sentido, no sólo nos interesa el futuro más probable sino las profecías más imaginativas de la ciencia-ficción.

¿Es The Cult.es una revista minoritaria?

Ni lo es hoy, ni aspiraba a serlo cuando la creamos. Y no sólo por una cuestión de audiencia ‒que en nuestro caso no es precisamente pequeña‒, sino por el alcance global de los temas que abordamos.

Suele decirse que la prensa tiene como función informar y entretener. En The Cult.es aspiramos a recuperar otras dos misiones que la prensa defendió durante cierto tiempo y que ha ido olvidando: explicar el mundo en que vivimos y educar a la sociedad.

En resumen, ofrecemos una mirada hacia lo relevante, no desprovista de aprendizaje y pasión. Queremos descubrir las claves de la vida y del universo a través de la gente que más nos interesa, y por eso nos importan más la sabiduria o la curiosidad que la actualidad y la polémica.

Una de las razones por las que el periodismo generalista ha decaído ‒una de tantas‒ tiene que ver con el perfil de sus directores y cuadros medios. Se trata, salvo excepciones, de periodistas que provienen de la economía y la política, y que consideran que esas dos materias deben estar en el eje de la opinión pública. Como sucede entre mucha gente de letras sin demasiada inquietud, estos gestores ocultan cierto desdén hacia las ciencias y también hacia determinadas especialidades humanísticas. Y ese desprecio afecta a la calidad de su discurso, empobrece la dimensión pública del periodismo, y sobre todo, antepone a cualquier otra consideración el debate politico más banal y cortoplacista.

Este asunto va más allá del choque cultural entre ciencias y letras. Parafraseando a Machado, podríamos hablar de cierto periodismo que "desprecia cuanto ignora".

Frente a esa tendencia, en The Cult.es insistimos en la divulgación de dos áreas imprescindibles para el progreso: la cultura humanista y el conocimiento científico.

En el mundo actual, es imprescindible una sociedad madura, crítica e ilustrada, capaz de opinar sobre todas esas decisiones que se toman en torno al conocimiento experto. Como dijo Stephen Hawking al recibir el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 1989: “Aunque alguien quisiera no podría retrasar al reloj del tiempo hacia una época anterior. El conocimiento y las técnicas no pueden ser relegados al olvido ni se pueden impedir más avances en el futuro. Si admitimos que no es posible impedir que la ciencia y la tecnología cambien el mundo, podemos, al menos, intentar que estos cambios se hagan en la dirección correcta. En una sociedad democrática, eso significa que los ciudadanos necesitan tener unos conocimientos básicos de las cuestiones científicas, de manera que puedan adoptar decisiones informadas y no depender únicamente de los expertos".

¿Cuál es el compromiso de The Cult.es con la ecología?

A menudo, se confunde el ecologismo con la ecología. Y aunque los activistas del primero están legítimamente relacionados con la segunda, lo cierto es que la ecología es una ciencia: en concreto, la rama de la biología que estudia las interrelaciones de los diferentes seres vivos entre sí y con su entorno. El término fue acuñado por Ernst Haeckel en 1869, tres años antes de que en España fuera fundada la Sociedad Protectora de los Animales y las Plantas.

Nuestro acercamiento al periodismo ambiental está mucho más cerca de la divulgación científica que del activismo, sobre todo cuando éste adquiere un sesgo político.

En todo caso, nuestros referentes a la hora de plantear esta pedagogía social son figuras como Pedro Pidal y Bernaldo de Quirós (1869-1941), pionero de los asuntos medioambientales y de los Parques Nacionales, Félix Rodríguez de la Fuente (1928-1980), legendario impulsor del naturalismo en los medios de comunicación, Francisco Bernís (1916-2003), fundador en 1954 de la Sociedad Española de Ornitología, y el biólogo, naturalista y ecólogo José Antonio Valverde (1926-2003). En esta línea, también nos sentimos muy próximos a la tarea investigadora y divulgativa que se desarrolla desde hace décadas en el Museo Nacional de Ciencias Naturales.

Para concretar ese esfuerzo, la revista cuenta con un suplemento, EcoCult: Ecodiversidad y Cultura Ambiental.

Parte de nuestra línea editorial coincide con los planteamientos científicos de Quentin Wheeler, y apoya planes internacionales como HalfEarth, promovido por el citado E.O. Wilson. 

Desde un punto de vista práctico, popularizamos desde nuestra revista esa fórmula que los científicos llaman biomímesis, largamente probada en las más diversas áreas técnicas. La biomímesis consiste en tomar como modelo el mundo natural y emplear sus estrategias para resolver nuestros principales problemas. "En un mundo biomimético ‒escribe Janine M. Benyus‒, produciríamos como los animales y las plantas, empleando la energía solar y compuestos simples para fabricar fibras totalmente biodegradables, materiales cerámicos, plásticos y productos químicos. Nuestras explotaciones agrícolas, inspiradas en las praderas, se autoabonarían y serían resistentes a las plagas. A la hora de encontrar nuevos medicamentos o cultivos, consultaríamos a los animales que durante millones de años han empleado las plantas para mantenerse sanos y bien nutridos. (...) En cada caso, el mundo natural proporciona modelos: células fotovoltaicas que copian las hojas, fibras que imitan las telas de araña, cerámicas irrompibles derivadas de la madreperla, curas del cáncer gracias a los chimpancés, granos perennes inspirados en las gramíneas pratenses, ordenadores que funcionan como las células, y una economía circular que aprende de los bosques de secuoyas, los arrecifes de coral y los bosques de nogales".

¿Por qué la revista no admite comentarios en sus artículos?

Hay una corriente que está convirtiendo a casi todos los medios digitales en algo similar a redes sociales. Al final, importan más el tiempo de permanencia de los lectores y su fidelización artificial que la lectura efectiva de los artículos.

Aunque parezca una generalización excesiva, un simple vistazo a los comentarios de cualquier periódico nos descubrirá el porcentaje de comentaristas que se ha limitado a ojear el titular antes de lanzarse a volcar sus prejuicios. Sumemos a ello el spam y los extremismos, y el resultado será aún más indigesto.

No queremos moderar un diálogo paralelo ‒con todos los compromisos y excepciones que esto conlleva‒, sino generar contenido interesante y útil para nuestros lectores.

Por supuesto, estamos abiertos a propuestas y aclaraciones en nuestro correo electrónico, pero abrir un canal público de comentarios o alimentar la conversación digital no figura entre nuestros planes inmediatos.

¿Por qué The Cult.es no es más activa en las redes sociales?

Aunque sabemos que algunos de nuestros lectores más fieles nos han descubierto a través de las redes sociales, la verdad es que preferimos que nos elijan a que nos encuentren. Y la casualidad es un factor demasiado decisivo en esas redes como para que dediquemos a éstas demasiado tiempo. De hecho, nuestros contenidos casan mal con plataformas donde predominan los titulares sin verificación ni contexto y con un claro posicionamiento político

Facebook o Twitter son una oportunidad y un riesgo para los medios de comunicación. Si lo que uno pretende es incrementar de forma artificiosa las estadísticas, debe producir contenidos virales ‒generalmente de baja calidad‒, invertir una creciente cantidad de dinero en esas redes y ceñirse a sus reglas de juego.

En The Cult.es, nos parece más práctico que nuestros lectores visiten directamente la web de la revista que dedicar un mayor esfuerzo a espacios digitales donde priman los trucos adictivos y la distracción pasajera.

Nuestros perfiles en las redes sociales están gestionados por programas automatizados, que cumplen con una función básica: enlazar allí los artículos de The Cult.es. Ahí acaba nuestra labor. Desde el punto de vista editorial, no somos entusiastas de estos nuevos servicios que están empobreciendo el modo en que la información llega a la audiencia.

¿Por qué los artículos de The Cult.es no llevan fecha?

El periodista y filósofo Walter Lippmann, premio Pulitzer en 1958 y 1962, solía decirles a sus alumnos de Periodismo que por importantes que fueran sus exclusivas, los periódicos en que éstas se publicasen acabarían envolviendo el pescado del día siguiente.

En el mundo digital, esa apreciación de Lippmann es aún más dramática: lo que es noticia por la mañana puede quedar desfasado a las pocas horas. Y en muchas ocasiones, la trivialidad y la ignorancia sustituyen a la coherencia informativa.

Como género, dice el cineasta Rodrigo Cortés, la actualidad es "un lastre. La actualidad es, por definición, contingente, efímera, fungible, sin vuelo. Expresa verdades que no han sido sometidas a reflexión, su vigencia es necesariamente caduca, y su resonancia breve".

En The Cult.es nos gusta pensar que, en su mayoría, nuestros artículos son casi atemporales, y pueden conservar su vigencia años después de su primera edición. Por supuesto, no es algo que pueda decirse de todo lo que publicamos, pero ese principio ‒o si lo prefieren, ese objetivo‒ forma parte de nuestra línea editorial.

El metabolismo de los medios en internet ha cambiado, generalmente a peor. Las prisas y la necesidad de atraer clics con los peores artificios han suprimido viejas habilidades periodísticas, como elaborar borradores, pulir y corregir los textos, comprobar los datos, editar un texto sin comprometer su esencia... Son costumbres que aquí procuramos mantener, como si esta edición digital fuera hecha en papel, al viejo estilo.

Aquí publicamos sólo aquello que tiene fiabilidad e interés, y nos negamos a caer en las tácticas generalizadas por sitios como BuzzFeed o RT, que lanzan contenidos a la red sin necesidad de comprobar si son importantes, si son coherentes o si los rumores en los que se basan tienen una realidad detrás. Por desgracia, nos enfrentamos a una tendencia imparable.

Por qué The Cult.es no tiene una portada con los contenidos jerarquizados?

En la portada de cada sección, nuestros contenidos se estructuran con un esquema de mosaico, similar a los tableros para compartir imágenes de Pinterest.

Estamos seguros de que una de las causas del caos informativo digital es la falta de jerarquías, motivada por la desaparición de la clásica portada del periódico, con su ordenamiento periodístico de las columnas. Sin embargo, hemos optado por esta fórmula, y lo hemos hecho con el convencimiento de que todos nuestros artículos merecen un similar interés. ¿Y qué sucede con aquello que no nos parece tan apreciable? Sencillamente, no lo publicamos.

¿Se pueden reproducir los artículos de la revista en otros medios?

En su gran mayoría, los artículos y las fotografías de la revista tienen copyright, y para reproducirlos es necesario un permiso escrito por el autor o los editores.

Sólamente aquellos textos o imágenes que figuran específicamente bajo una licencia Creative Commons pueden reeditarse con la misma variedad de licencia.

¿Cómo puedo recibir en mi correo electrónico la newsletter de la revista?

Con una periodicidad que depende de nuestra cadencia de producción, remitimos a nuestros suscriptores un boletín. Para suscribirse gratuitamente, basta con solicitarlo en la dirección Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.  

¿Cómo se mantiene económicamente The Cult.es?

Repitiendo un lema que se difundió desde Silicon Valley, los utopistas de internet insisten en que el acceso a la información tiene que ser libre y gratuito. El problema es que las grandes empresas digitales han menoscabado el mercado publicitario. Y lo han hecho de forma que la gratuidad se convierte en una trampa casi mortal para los medios.

Los diarios y revistas ofrecen su mercancía con un presupuesto cada vez menor, porque obtienen menos beneficios de la publicidad. En su mayoría, son deficitarios. Al abaratar su coste de producción, el contenido se vuelve cada vez más frívolo, militante e insubstancial, lo que justifica que, en último término, nadie quiera pagar por él.

En realidad, la sociedad en su conjunto ha perdido la razonable costumbre de pagar por lo que otro escribe. Y cuando el acceso no es libre o se plantea una barrera legal, siempre queda la opción de piratearlo sin consecuencias. ¿El resultado? Una precariedad sin precedentes del periodismo clásico, que parece abocado a la extinción.

En realidad, la información nunca es gratuita. Tampoco lo es la verdadera investigación. Cuesta tiempo y esfuerzo ofrecer por escrito un descubrimiento o una novedad. Lo sabemos en The Cult.es, donde también fuimos víctimas de esa rápida agonía del mercado publicitario.

Ante la imposibilidad de generar otro modelo de negocio, tuvimos que optar por un recurso que nos hace depender del compromiso de los lectores y de los mecenas. Ya no somos una revista al uso, sino la plataforma de una entidad sin ánimo de lucro, conCiencia Cultural (Asociación Española para el Estudio y la Divulgación de las Ciencias, las Artes y la Biodiversidad).

Al igual que otros medios que han dado este paso antes que nosotros, no perseguimos un beneficio económico sino una finalidad social y altruista. Pero eso no nos libra de los gastos de mantenimiento y de producción, que son muy elevados por las dimensiones de nuestro proyecto y por el tráfico de visitas que la infraestructura de la web debe mantener.

El registro mediante una cuota, los micropagos o las donaciones privadas e institucionales se convierten en nuestro único horizonte de subsistencia, y en la única garantía de que nuestro empeño por divulgar la ciencia y la cultura se prolongue en el tiempo.

Copyright © The Cult (Thesauro Cultural). Reservados todos los derechos.

The Cult (Thesauro Cultural)

conCiencia Cultural  es una entidad sin ánimo de lucro creada con un triple propósito. En primer término, la promoción y la divulgación de las artes y las ciencias. En segundo lugar, el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en las instituciones docentes como en el conjunto de la sociedad. Y en último término, dentro de esa misma línea, el desarrollo de proyectos y recursos vinculados al estudio de la biodiversidad.

La plataforma de divulgación de este proyecto es The CULT (Thesauro Cultural). Fundada en 2006 como una revista de arte, ciencia y pensamiento, es en la actualidad un portal dedicado a la divulgación cultural y científica y al diseño de recursos educativos.

Tanto conCiencia Cultural como su revista, The CULT y el suplemento EcoCult se inscriben en la corriente de la Tercera Cultura, que promueve el encuentro entre las ciencias y las humanidades.

Para alcanzar esa síntesis entre diversas ramas del saber, colaboran en The CULT profesores, periodistas, divulgadores, científicos y gestores culturales. 

Gracias a esta interacción entre autores procedentes de distintos campos del conocimiento, The CULT, a través de más de 25.000 artículos, ofrece elementos para la reflexión y el debate, recursos para el estudio, y sobre todo, herramientas para una mejor comprensión del mundo.

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