Un público difícil

Un público difícil Albert Guillaume, "Los que llegan tarde", Museo Carnavalet, París, 1914

¿Alguna vez os habéis lamentado, en el cine, a causa de la actitud molesta de algunos espectadores? Si así es, no os falta razón, pero no consideréis que este es un fenómeno nuevo o que se limita al público cinematográfico. ¿Cómo se comportaban, por ejemplo, las personas que asistían a la ópera y el teatro en el pasado? Echemos un vistazo a la prensa, para descubrirlo.

Tavik František Šimon, "Theatre du Vaudeville", 1906

En El Correo de las Damas de 1835 se publicó un artículo firmado con el seudónimo de "Severo Comodón". En él se describen las distintas actitudes de los espectadores: nos encontramos, así, con el que en medio de la representación entra y sale diez veces, o con quien arrolla sombreros, enreda capas, derriba bastones y quebranta paraguas por mirar hacia los palcos –o hacia uno de ellos, en particular-, en lugar de mirar por dónde anda. También hay quien saluda a voces a los conocidos, de un extremo al otro del teatro, o quien, de visita en los palcos, cierra sus puertas con estrépito. Aunque, quizá, lo más curioso es la humilde petición que formula el autor del texto: “que no se ande canturreando la ópera cuando se sabe para repetirla y cuando no, aprenderla”.

Albert Guillaume, "En el teatro"

Las luces de la sala se mantenían encendidas durante la representación. Además de pedir que se corrija esto, el novelista Juan Valera solicita que se lleven a cabo otra serie de reformas como, por ejemplo, que una vez descorrido el telón, cesen las conversaciones, flirteos y coqueteos a los que el público se entregaba con entusiasmo.

Albert Guillaume, "En la ópera"

Honoré Daumier, "Intermedio en la Comédie Française", 1858

Los espectadores se distribuían en el teatro según su fortuna: los más pudientes accedían a los palcos y el patio de butacas, mientras que el paraíso, es decir, las localidades más altas, era ocupado por la clase media menos adinerada: comerciantes, dueños de pequeñas tiendas y funcionarios siempre en peligro de ser cesados.

Honoré Daumier, "En el teatro", colección particular, 1860-64

Era este público de paraíso, precisamente, el que atendía con mayor interés y disfrutaba de la ópera, mientras que los que ocupan los lugares más prestigiosos no solo llegaban tarde siempre y abandonaban la función en el momento en que se les antojase, sin preocuparse por las molestias que podían causar, sino que consideraban su palco como una especie de prolongación del salón de su casa.  En él se recibían visitas y se charlaba haciendo caso omiso de lo que acontecía en el escenario.

Boris Kustodiev, "En el palco", 1909

Jean-Louis Forain, "Un palco en la Ópera", Fogg Art Museum, Harvard University, Cambridge, 1880

En 1887, un periodista de El Imparcial comentaba en su artículo el desinterés del público de palcos y plateas durante la representación de la ópera mozartiana Don Giovanni. "Vacíos palcos y plateas ‒dice el cronista‒. Producía frío y tedio el espectáculo de aquella soledad, formando contraste con el bullicio, la animación y el buen gusto del paraíso. Allí no había faltado nadie”.

Albert Guillaume, "Un palco privado"

En España, la afición por la ópera, traída por las reinas italianas, había comenzado ya en el siglo XVIII. En la temporada de 1821-22 llegó al madrileño Teatro del Príncipe la primera compañía italiana, y fue tal su éxito que desde 1825 hubo que traer de Italia a las principales figuras del canto.

Rossini, Pacini, Bellini y Vaccai se cuentan entre los músicos favoritos del público español. Inmediatamente surgen en la prensa artículos de Mesonero Romanos y Larra mostrando su inquietud ante la apasionada afición a la ópera, espectáculo contra el cual el teatro "de verso" no puede competir. Bretón de los Herreros escribe también una divertida sátira titulada "El furor filarmónico".

Antonio Bergón, “He aquí un apreciable tenor cómico de zarzuela”, El Museo Literario, nº 7, 17 de febrero de 1866

A partir de 1833 comienza a declinar la pasión operística, coincidiendo con el auge del mejor teatro romántico. Esta afición lírica volverá, no obstante, a conocer momentos de auge en años posteriores. Sin embargo, la actitud del público o, por lo menos, de un sector del público, no mejora. Muchos espectadores seguirán “canturreando la ópera cuando se sabe para repetirla y cuando no, aprenderla”. Pensad en ello cuando, en el cine o en cualquier otro espectáculo, os exasperen algunos espectadores.

Boris Kustodiev, "En el palco", 1912

Copyright © Carmen Pinedo Herrero. Reservados todos los derechos.

 

Carmen Pinedo Herrero

Doctora en Historia del arte y licenciada en Historia moderna, investigadora y escritora. He impartido clases de Patrimonio cultural, he sido comisaria de exposiciones y he catalogado fondos museísticos, pero el terreno en el que me siento más a gusto es el de la investigación y la escritura. Los temas que más me atraen son los relacionados con los espectáculos precinematográficos, la escenografía teatral, la historia de las mentalidades y las relaciones entre arte, técnica y sociedad.

He publicado artículos en diversas revistas especializadas, capítulos de catálogos de exposiciones y los libros La ventana mágica: la escenografía teatral en Valencia durante la primera mitad del Ochocientos (2001), Cuatro artistas de Meliana. Una generación (2001), La enseñanza de las bellas artes en Valencia y su repercusión social (2003), El viaje de ilusión: un camino hacia el cine. Espectáculos en Valencia durante la primera mitad del siglo XIX (2004) y El profesor que trajo las gallinas a la escuela: Antonio Cortina Farinós (1841-1890) (2007).

Durante los últimos años he realizado investigaciones sobre la industria artesana aplicada a la arquitectura; sobre las noticias relativas a arte y artistas publicadas en la prensa histórica y sobre diversas metodologías aplicadas a la escritura autobiográfica y biográfica.

En la actualidad prosigo con las investigaciones sobre escenografía y espectáculos precinematográficos, preparo una serie de libros sobre fuentes documentales del arte y escribo un libro sobre arquitectura y terror, de próxima publicación en Punto de Vista Editores. 

Sitio Web: carmenpinedoherrero.blogspot.com.es/

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