La fealdad del marciano

La fealdad del marciano Michael Whelan, Ilustración para "Crónicas marcianas", de Ray Bradbury, 1989

A los marcianos se les pinta feos y cabezones. No se entiende cómo no protestan por haber sido representados hasta la saciedad con ojos saltones, rostros cadavéricos de tintes verdosos y unos rasgos que varían entre los del insecto y el reptil. Eso, sin mencionar el abusivo título de “marciano” que alegremente se impone a los hipotéticos habitantes de cualquier planeta distinto a la Tierra.

Tim Burton, "Mars Attacks!", 1996

Al marciano, provisto o no de tentáculos, lo imaginamos viscoso y, a menudo, babeante. No importa que, como algunos insectos, esté dotado de un exoesqueleto de aspecto más o menos metalizado: el pringue es indispensable.

Ridley Scott, "Alien, el octavo pasajero", 1979

Roland Emmerich, "Independence day", 1996

Estos tipos tan raros, pertenecientes a una civilización tecnológicamente tan avanzada como para plantarse en la Tierra en un santiamén, tienen a menudo un aspecto simiesco, caminan con torpeza y, a veces, parecen algo amojamados. Sus intenciones suelen ser aviesas. Los ojos, inyectados en sangre, no dejan lugar a dudas.

M. Night Shyamalan, "Señales", 2002

Edward L. Cahn, "La invasión de los hombres del espacio", 1957

Hay marcianos buenos, aunque también son feos, no nos engañemos. Su aspecto, a medio camino entre el niño y el anciano, inspira ternura. En gran medida, estos amables extraterrestres nos recuerdan a otras criaturas, procedentes del mundo de las leyendas populares, que compaginan el aire aniñado con la vejez: los gnomos.

Steven Spielberg, "Encuentros en la tercera fase", 1977

Steven Spielberg, "Encuentros en la tercera fase", 1977

Steven Spielberg, "E.T. el extraterrestre", 1982

Imaginamos al marciano como un ser híbrido, en el que se entreveran trazos humanos con otros artificiales o animales. El marciano se suma así a los seres mixtos que habitan las pesadillas, los mitos y el terror: de hecho, es de esas fuentes iconográficas de donde extrae muchos de sus rasgos. Quimeras, Medusas, Equidnas y muchas otras criaturas semejantes proporcionan rugosidades, garras, afilados colmillos y todo un repertorio de horrores en sus inverosímiles combinaciones.

Jean-Louis Desprez, "La Quimera", 1743–1804 c.

Los bestiarios medievales y la imaginería románica ofrecen modelos para nuestros marcianos. Todas las cohortes del infierno, desplegadas en la pintura de siglos posteriores, avanzan los elementos, a menudo más grotescos que aterradores, que acabarán viajando al espacio.

Hans Memling, "Juicio Final", detalle, Museo Nacional de Gdánsk, Polonia, 1466-73

Hans Memling, "Juicio Final", detalle, Museo Nacional de Gdánsk, Polonia, 1466-73

No faltan, como vemos, los poco favorecedores tonos verdosos:

Hyeronimus Bosch, El Bosco, "Infierno", detalle, Palacio Ducal, Venecia, 1490 c.

Johann Heinrich Füssli, "La pesadilla", detalle, Detroit Institute of Arts, 1781

En todo momento se hallan presentes las formas que oscilan entre lo extraño y lo ridículo:

David Teniers el Joven, "La tentación de San Antonio", detalle, Museo de Arte de Ponce, Puerto Rico, 1665 c.

David Teniers el Joven, "Iniciación a la brujería", detalle, Akademie der bildenden Künste, Viena, 1647-48

Seres que existen en la realidad, como los reptiles, los moluscos, los arácnidos y los insectos, aportan su grano de espanto para la creación del marciano: escamas, garras, partes retráctiles, ocelos, aguijones, colas, pinzas…

Araña saltadora. (Autor: Opoterser, CC)

Mantis religiosa (Autora: Eliza Tyrrell, CC)

Pez demonio negro (Melanocetus johnsonii) y otras especies del orden de los Lophiiformes (Masaki Miya et al. "Evolutionary history of anglerfishes (Teleostei: Lophiiformes): a mitogenomic perspective". BMC Evolutionary Biology 2010)

Ajolote (Autor: John Clare, CC)

Al extraterrestre lo imaginamos como ser mitológico o legendario, como demonio, como homínido apenas evolucionado, como criatura abisal, como uno de esos porfiados insectos que en las fantasías postapocalípticas nos sobrevivirán.  Feo. Aunque, a veces, muy divertido.

Georges Méliès, "Viaje a la Luna", 1902

Copyright © Carmen Pinedo Herrero. Reservados todos los derechos.

Carmen Pinedo Herrero

Doctora en Historia del arte y licenciada en Historia moderna, investigadora y escritora. He impartido clases de Patrimonio cultural, he sido comisaria de exposiciones y he catalogado fondos museísticos, pero el terreno en el que me siento más a gusto es el de la investigación y la escritura. Los temas que más me atraen son los relacionados con los espectáculos precinematográficos, la escenografía teatral, la historia de las mentalidades y las relaciones entre arte, técnica y sociedad.

He publicado artículos en diversas revistas especializadas, capítulos de catálogos de exposiciones y los libros La ventana mágica: la escenografía teatral en Valencia durante la primera mitad del Ochocientos (2001), Cuatro artistas de Meliana. Una generación (2001), La enseñanza de las bellas artes en Valencia y su repercusión social (2003), El viaje de ilusión: un camino hacia el cine. Espectáculos en Valencia durante la primera mitad del siglo XIX (2004) y El profesor que trajo las gallinas a la escuela: Antonio Cortina Farinós (1841-1890) (2007).

Durante los últimos años he realizado investigaciones sobre la industria artesana aplicada a la arquitectura; sobre las noticias relativas a arte y artistas publicadas en la prensa histórica y sobre diversas metodologías aplicadas a la escritura autobiográfica y biográfica.

En la actualidad prosigo con las investigaciones sobre escenografía y espectáculos precinematográficos, preparo una serie de libros sobre fuentes documentales del arte y escribo un libro sobre arquitectura y terror, de próxima publicación en Punto de Vista Editores. 

Sitio Web: carmenpinedoherrero.blogspot.com.es/

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