He aquí la catástrofe

He aquí la catástrofe Joseph Wright of Derby, "Vista del Vesubio desde Portici", Art collection of the Huntington Library in Pasadena, CA, 1775 c.

“¡El Universo perece! ¡He aquí la catástrofe!”. Con estas palabras, de acentos próximos a Plinio, se anunciaba en 1868 la destrucción de Pompeya que daba fin a la ópera Jone, de Errico Petrella. Como podéis imaginar, el público estaba encantado con el desastre: no cabe duda de que Troyas y Pompeyas, por no hablar de diluvios universales, Sodomas y Gomorras, dieron muchas alegrías.

John Martin, "Sodoma y Gomorra", Laing Art Gallery, Newcastle, 1852

La destrucción de edificios y aun de ciudades enteras, presente en la pintura desde fechas tempranas, fue uno de los alardes predilectos del género de gran espectáculo en el teatro del siglo XIX: explosiones, hundimientos, terremotos, incendios y demás calamidades fueron aliño indispensable de esas obras que prefiguran el “cine de catástrofes”, de tanto auge en los años 70 del siglo XX.

Giulio Romano, "Caída de los gigantes", Palacio del Té, Mantua, 1534-1544

Desiderio Monsù, "King Asa", Fitzwilliam Museum (University of Cambridge), 1630 c.

Francisco Soler y Rovirosa: mutación a vista para "Sansón y Dalila", de Camille Saint-Saëns, Barcelona, 1897, Institut del Teatre, Barcelona

La destrucción también ocupa un lugar muy importante en la literatura y el cine de terror. Es frecuente que la historia concluya con la destrucción del edificio donde se desarrolla la historia o que, incluso, protagoniza la misma. Esta destrucción, producida a menudo por el fuego, tiene un sentido purificador. Es lo que sucede con el molino donde se refugia la criatura de Frankenstein o con Manderley, donde cada noche soñábamos que regresábamos.

James Whale, "Frankenstein", 1931

Alfred Hitchcock, "Rebecca", 1940

Terence Fisher fue muy aficionado a rodear de llamas al pobre Peter Cushing:

Terence Fisher, "Frankenstein Must Be Destroyed", 1969

Aunque el fuego ocupa un lugar protagonista en este tipo de representaciones, la más famosa casa destruida de la literatura –aparte de sus numerosas versiones cinematográficas, como La chute de la maison Usher (1928), de Jean Epstein; The Fall of the House of Usher (1928), de James Sibley Watson y Melville Webber, o House of Usher (1960), de Roger Corman– no perece por el fuego, sino que se derrumba de puro abandono, desolación y horror. Es la Casa Usher.

Jean Epstein, "La chute de la maison Usher", 1928

Explosiones y hundimientos merecen el aplauso de los espectadores. En el teatro, ya desde el siglo XVIII causaban gran regocijo las representaciones bélicas con sus cañonazos, tiroteos, muros desplomándose, un derroche de fuegos artificiales y, como escribe Moratín, “batallas, tempestades, bombazos y humo”.

Buenaventura Planella (atribuido): Mutación a vista para una obra desconocida, c. 1835, Institut del Teatre, Barcelona

El edificio que alberga la acción en The Black Cat salta por los aires cuando Verdegast acciona la palanca; en The Bride of Frankenstein, explota el torreón; el disparo de Raoul, desviado por Anatole, hace en The Phantom of the Opera que parte de los techos del sótano de la Ópera de París se derrumben, sepultando al enamorado fantasma bajo sus escombros.

Arthur Lubin, "The Phantom of the Opera", 1943

¿Qué más se puede pedir? ¿Un buen terremoto, como el que tuvo lugar en la Martinica el 11 de enero de 1839, cuyo reflejo convulsionó de inmediato las tablas teatrales y los espectáculos ópticos? ¿Las siempre lucidas erupciones volcánicas?

Joseph Mallord William Turner, "Vesubio en erupción", Yale Center for British Art, Paul Mellon Collection, 1817-20

Así que ya sabéis, esto es lo que hay: el universo perece. He aquí la catástrofe.

Ludwig Meidner, "Paisaje apocalíptico", Fishman Family Collection, 1913

Copyright © Carmen Pinedo Herrero. Reservados todos los derechos.

Carmen Pinedo Herrero

Doctora en Historia del arte y licenciada en Historia moderna, investigadora y escritora. He impartido clases de Patrimonio cultural, he sido comisaria de exposiciones y he catalogado fondos museísticos, pero el terreno en el que me siento más a gusto es el de la investigación y la escritura. Los temas que más me atraen son los relacionados con los espectáculos precinematográficos, la escenografía teatral, la historia de las mentalidades y las relaciones entre arte, técnica y sociedad.

He publicado artículos en diversas revistas especializadas, capítulos de catálogos de exposiciones y los libros La ventana mágica: la escenografía teatral en Valencia durante la primera mitad del Ochocientos (2001), Cuatro artistas de Meliana. Una generación (2001), La enseñanza de las bellas artes en Valencia y su repercusión social (2003), El viaje de ilusión: un camino hacia el cine. Espectáculos en Valencia durante la primera mitad del siglo XIX (2004) y El profesor que trajo las gallinas a la escuela: Antonio Cortina Farinós (1841-1890) (2007).

Durante los últimos años he realizado investigaciones sobre la industria artesana aplicada a la arquitectura; sobre las noticias relativas a arte y artistas publicadas en la prensa histórica y sobre diversas metodologías aplicadas a la escritura autobiográfica y biográfica.

En la actualidad prosigo con las investigaciones sobre escenografía y espectáculos precinematográficos, preparo una serie de libros sobre fuentes documentales del arte y escribo un libro sobre arquitectura y terror, de próxima publicación en Punto de Vista Editores. 

Sitio Web: carmenpinedoherrero.blogspot.com.es/

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