¿Existió Napoleón Bonaparte?

¿Existió Napoleón Bonaparte? Abdicación de Napoleón, Paul Delaroche, Musée de l’Armée, París, 1840

Napoleón estaba tan loco que creía ser Napoleón. En su novela La isla de los jacintos cortados, Gonzalo Torrente Ballester nos explicó que Bonaparte no había existido; en La muerte de Napoleón –llevada al cine en 2001 por Alan Taylor–, Simon Leys fabula acerca de las andanzas del depuesto emperador, fugado de Santa Elena, y a quien todos toman por loco.

"Mi Napoleón", Alan Taylor, 2001

No quiero volveros locos hasta el punto de que también vosotros creáis ser Napoleón, así que os diré una cosa: Napoleón Bonaparte existió. Para dar prueba de su existencia –quizás, incluso, para probárselo a sí mismo– puso en marcha una impresionante maquinaria propagandística, heredada en gran medida de la época revolucionaria.

Napoleón y sus gestas se convirtieron en protagonistas de pinturas, de espectáculos ópticos, de gabinetes de figuras de cera y de todo medio susceptible de difundir su imagen.

Fue el propio Napoleón quien, tras el éxito alcanzado en 1799 por las vistas alusivas a sus triunfos exhibidas en las dos rotondas del Jardin des Capucins, impulsó la construcción de un nuevo panorama en los Campos Elíseos, donde se expondrían vistas de las grandes batallas de la revolución y del Imperio. Esta rotonda, encargada a Céléria, no pudo llevarse a cabo, a causa del declive napoleónico a partir de 1812

París, rotondas

Los primeros pinceles se pusieron a su servicio: David, Ingres, Gros, Girodet… El apogeo se alcanzó en 1810, cuando la mayor parte de los cuadros expuestos en los Salones se dedicaron a conmemorar sus hazañas.

"Napoleón en las Tullerías", Jacques-Louis David, National Gallery of Art, Washington, 1812

"Napoleón en su trono imperial", Jean-Auguste-Dominique Ingres, Musée de l’Armée, París, 1806

El delirio bonapartista llevó a identificarle con los reyes medievales taumaturgos, como vemos en el cuadro de Gros sobre la visita de Napoleón a los enfermos del hospital de Jaffa:

"Bonaparte visita a los apestados de Jaffa", Antoine-Jean Gros, Louvre, 1804

Un interés especial ofrecen las imágenes de los sucesos bélicos. En la impedimenta de Napoleón figuraban pintores, dibujantes y topógrafos que, desde las campañas italianas de 1796 y dirigidas por el barón Dominique Vivant Denon, se ocupaban de registrar vistas y acontecimientos, ya fuera en Italia, ya en Egipto, ya en cualquiera de los lugares visitados por Bonaparte. Desde Austerlitz, se adoptó la costumbre de que los pintores reprodujeran los bocetos tomados en el campo de batalla.

"Napoleón en la batalla de Austerlitz", François Gérard, Palacio de Versalles, 1810

Uno de los episodios bonapartistas más célebres fue el paso del monte San Bernardo en 1800, durante las campañas de Italia, cuando treinta mil hombres atravesaron el paso, pertrechados con cañones. Cosmoramas, neoramas y teatros pintoresco-mecánicos acogieron la escena: “el cañón a lo lejos anunciará la aproximación del ejército; entonces se verá desfilar a más de 30.000 hombres, a cuya cabeza estará Napoleón, primer general de la república, montado en un caballo blanco: llegado a la cumbre de las montañas, y casi a pérdida de vista, se distinguirá la bandera francesa que sirvió de señal a las demás del ejército” (anuncio del teatro pintoresco-mecánico de Pierre, Diario Mercantil, Valencia, 1 de diciembre de 1843).

"Napoleón cruzando los Alpes", Jacques-Louis David, Galerie Belvedere, Viena, 1801

Alcanzó gran fama el Panorama de la batalla de Waterloo, de Henry Aston Barker, en 1816, para cuya realización el artista se documentó en el propio campo de batalla y en el cuartel general del ejército, en París.

La batalla, sobre la cual se ejecutaron numerosísimos cuadros, dibujos e inscripciones, dio lugar a otras vistas, como la expuesta en Bruselas por Mascamp, o las realizadas por Robert Burford en 1842 y 1852. En la actualidad, puede visitarse el Panorama de Waterloo pintado en 1912 por Louis Dumoulin para conmemorar el centenario de la batalla.

"Panorama de Waterloo", Louis Dumoulin, Waterloo, 1912

En 1840, con motivo del retorno de las cenizas de Bonaparte –suceso que dio título a la composición de Espronceda A la traslación de las cenizas de Napoleón–, su leyenda alcanza el apogeo. Mesonero Romanos refiere, en sus Recuerdos de viaje por Francia y Bélgica, el éxito alcanzado, en el Circo Olímpico de París, por “la representación exacta y gigantesca de las traslación de las cenizas de Napoleón desde la isla de Santa Elena a los Inválidos de París”. Destaca la originalidad del espectáculo, al ver representados en él a personajes presentes en la sala, de modo que “hubo noches que había un general Bertrand entre los actores y otro entre los espectadores; un Gourgaud en un palco y otro en la escena; un Lascasas hablando y otro oyéndose hablar”, en un juego de espejos propiciado por el paralelismo entre los acontecimientos de actualidad y su representación en los espectáculos teatrales y parateatrales.

"Repatriación de las cenizas de Napoleón", Eugène Isabey, Versalles, 1842

En esos años, la monarquía de Julio de Luis Felipe (1830-48) buscaba hacer suyas las glorias napoleónicas. La apreciación variaba, como es natural, según el punto de vista desde el cual se contemplaba, y también según los lugares y las fechas. En España, a principios del siglo XIX, Bonaparte es comparado con figuras como Atila y Nerón, y llega a ser calificado como Anticristo. El teatro recoge esta visión negativa, con obras como la tragedia burlesca anónima, titulada El fin de Napoleón por sus mismos secuaces, representada en Valencia en 1809.

Caricatura de Bonaparte

Héroe o villano, Napoleón ocupa un papel protagonista, en cualquier caso, en el imaginario de la época, y este protagonismo es reflejado tanto por el teatro como por todo tipo de espectáculos populares.

"Apuntes de Napoleón en el teatro de Saint-Cloud en 1812", Anne-Louis Girodet de Roussy-Trioson, 1812

Copyright © Carmen Pinedo Herrero. Reservados todos los derechos.

Carmen Pinedo Herrero

Doctora en Historia del arte y licenciada en Historia moderna, investigadora y escritora. He impartido clases de Patrimonio cultural, he sido comisaria de exposiciones y he catalogado fondos museísticos, pero el terreno en el que me siento más a gusto es el de la investigación y la escritura. Los temas que más me atraen son los relacionados con los espectáculos precinematográficos, la escenografía teatral, la historia de las mentalidades y las relaciones entre arte, técnica y sociedad.

He publicado artículos en diversas revistas especializadas, capítulos de catálogos de exposiciones y los libros La ventana mágica: la escenografía teatral en Valencia durante la primera mitad del Ochocientos (2001), Cuatro artistas de Meliana. Una generación (2001), La enseñanza de las bellas artes en Valencia y su repercusión social (2003), El viaje de ilusión: un camino hacia el cine. Espectáculos en Valencia durante la primera mitad del siglo XIX (2004) y El profesor que trajo las gallinas a la escuela: Antonio Cortina Farinós (1841-1890) (2007).

Durante los últimos años he realizado investigaciones sobre la industria artesana aplicada a la arquitectura; sobre las noticias relativas a arte y artistas publicadas en la prensa histórica y sobre diversas metodologías aplicadas a la escritura autobiográfica y biográfica.

En la actualidad prosigo con las investigaciones sobre escenografía y espectáculos precinematográficos, preparo una serie de libros sobre fuentes documentales del arte y escribo un libro sobre arquitectura y terror, de próxima publicación en Punto de Vista Editores. 

Sitio Web: carmenpinedoherrero.blogspot.com.es/

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