Buddy movies

Abundantes en la década de los 80 y los 90, las buddy movies o películas de colegas no son tan numerosas en este siglo XXI. Este tipo de films sirven intriga policiaca y acción con el protagonismo de una pareja de policías o detectives privados, de personalidades generalmente opuestas.

Si bien este género adquirió su perfil definitivo en la década de los 70, es cierto que las películas protagonizadas por una pareja de amigos/aliados eran ya moneda corriente. Recordemos, sin ir más lejos, las comedias de Abbot y Costello o Jerry Lewis y Dean Martin, o westerns como Dos cabalgan juntos (John Ford, 1961) o Dos hombres y un destino (George Roy Hill, 1969).

La televisión tuvo mucho que ver en la popularización de este subgénero, gracias al éxito de series como Las calles de San Francisco (1972), protagonizada por veterano agente encarnado por Karl Malden y su joven compañero interpretado por Michael Douglas, o Starsky & Hutch, (1975), clásico catódico por excelencia en el que David Soul y Paul Michael Glaser compartían investigaciones policiales, aventuras y un deslumbrante Gran Torino (Mucho tiempo después, Starsky & Hutch tuvo un homenaje/parodia en la película homónima de 2004, dirigida por Todd Phillips y protagonizada por Ben Stiller y Owen Wilson.)

Otras series en las que se ha utilizado la fórmula de la pareja de investigadores –obviemos el antecedente holmesiano– han sido Cagney & Lacey (1981), con una pareja de policías femeninas; Remington Steele (1982), con una detective femenina acompañada por un misterioso y seductor ex–ladrón con el rostro de Pierce Brosnan, o Luz de Luna, serie similar a Remington Steele pero más experimental y divertida, al menos en sus primeras temporadas, y protagonizada por Cybill Shepherd y un Bruce Willis aspirante a estrella.

También han sido definitivas en la cultura pop de las últimas décadas los trajes horteras y las operaciones contra el narcotráfico de los detectives Crockett (Don Johnson) y Tubbs (Philip Michael Thomas) en Corrupción en Miami (1984), serie producida entre otros por Michael Mann, quien realizó un remake cinematográfico en 2006, de escaso éxito –quizá por la poco acertada elección de la pareja protagonista, Colin Farrell y Jamie Foxx–, aunque de sorprendente estilo visual.

Entre el policíaco y la ciencia-ficción se movía la serie "de colegas" más popular de los 90, Expediente X, creada en 1993 por Chris Carter. En este caso, el soñador agente del FBI Mulder (David Duchovny) y su compañera Scully (Gillian Anderson) se enfrentaban a retorcidas conspiraciones, alienígenas, mutantes y a una tensión sexual que nunca parecía resolverse. Aquella serie contó con dos secuelas cinematográficas de desigual resultado: Enfréntate al futuro (Rob Bowman, 1998) y Creer es la clave (Chris Carter, 2008).

También podrían considerarse dentro de la misma fórmula dos series infravaloradas, Hércules y Xena, producidas por Robert Tapert y Sam Raimi. Con todo, la delirante mezcla genérica de ambas complica su etiquetamiento.

En el cine, el género se hizo fuerte con los thrillers de acción dura que surgieron a finales de los años 60 y que proliferaron durante la siguiente década.

En el calor de noche (Norman Jewison, 1967) aprovechaba una tensa historia de investigación en un pueblo sureño estadounidense para tratar el tema del racismo, y presentaba a una pareja "a la fuerza" –prácticamente una constante de las buddy movies– formada por un poli blanco del Mississippi (Rod Steiger) y un colega negro de Filadelfia (Sydney Poitier).

El film gozó del beneplácito del público y la crítica. Eso propició dos secuelas: Ahora me llaman Sr. Tibbs (Gordon Douglas, 1970) y El inspector Tibbs contra la Organización (Don Medford, 1971), donde el protagonista absoluto era el personaje del policía afroamericano.

La serie de las películas protagonizadas por el inspector Harry "El Sucio" Callahan también se pueden considerar parte de este subgénero, ya que en cada una de las entregas el comisario interpretado por Clint Eastwood era obligado a trabajar con un muevo compañero, miembro de alguna minoría dentro de los cuerpos policiales (chicano, asiático, mujer...). Esto es algo que siempre revelaba que el duro de Harry, en realidad, no tenía tantos prejuicios como quería aparentar. También es cierto que sus compañeros siempre acababan lesionados o muertos, con lo cual Harry siempre tenía que acabar el trabajo por su cuenta.

Ya en la década de los 80, ese magnífico y algo olvidado director que es Walter Hill consiguió un gran éxito con la interesante Límite: 48 horas (1982), un thriller de acción con pequeños toques de comedia en el que una investigación juntaba a Nick Nolte, en el papel de hosco detective de policía, con Eddie Murphy, quien ponía cara (dura) a un delincuente pícaro con permiso penitenciario temporal.

El film tuvo una secuela algo tardía y menos exitosa, titulada 48 horas más (1990), con el mismo director y reparto.

Pero la buddy moviebuddy cop film, película de colegas o como quiera el lector llamar a este tipo de cintas– por excelencia es Arma Letal, dirigida por Richard Donner en 1987.

Esta producción de Joel Silver (en su era dorada) unía a Murtaugh (Danny Glover) , un sargento de la policía de Los Ángeles excesivamente responsable y padre de familia, con el sargento Riggs (Mel Gibson), un desequilibrado viudo, con marcadas tendencias suicidas.

El film contó con tres populares secuelas, en las que siempre repetía el mismo equipo. Se trataba de largometrajes muy entretenidos, en los que Riggs iba mejorando su condición mental hasta convertirse en un marido y padre feliz. La saga iba añadiendo y acumulando personajes secundarios en cada secuela, hasta que los protagonistas formaban parte de una especie de troupe, más que una pareja.

Arma Letal contaba con un guión de Shane Black, uno de los más peculiares escritores dentro del oficio y gran experto en películas de colegas. Su estilo suele combinar acción, humor irónico y tramas chandlerianas. Entre sus trabajos destacan El último Boy Scout (Tony Scott, 1991), una de las películas con más acumulación de frases groseras y a un tiempo ingeniosas de la Historia del Cine, protagonizada por un detective privado perdedor y ex-héroe (Bruce Willis) y una ex-estrella del fútbol americano (Damon Wayans); Memoria letal (Renny Harlin, 1996), lamentable título español para The long kiss goodnight, donde una tierna profesora y ama de casa (Geena Davis) descubre que en realidad es una súper-espía/asesina, viéndose envuelta en una trama en la que ha de colaborar con un detective privado de segunda (Samuel L. Jackson); y Kiss Kiss Bang Bang, dirigida por el mismo Black en 2005.

Este último título se ha convertido en una cinta de culto, y ha supuesto uno de los más importantes empujones en la "resurrección" de Harry Downey Jr.

En Kiss Kiss Bang Bang se potencian todas las señas de identidad autoral de Shane Black, con rebuscados diálogos irónicos francamente hilarantes, homenajes directos a la novela negra clásica y una pareja singular de protagonistas: un antiguo ladrón que prueba suerte en el cine de Hollywood (Downey Jr.) y un popular detective de la meca del cine, tan duro como gay (Val Kilmer).

Shane Black es uno de los escritores que colaboró en el guión de una de las superproducciones más extrañas de todos los tiempos, una inteligente excentricidad metanarrativa titulada El último gran héroe (John McTiernan, 1993), en la que un chaval aficionado al cine de acción vive aventuras dentro y fuera de la pantalla junto a su héroe fílmico favorito (Arnold Schwarzenegger). Entre los muchos gags de la película figura uno en el que, en una comisaría cinematográfica, se forman parejas de policías de lo más dispar: un rabino con un nazi, un poli normal con un gato dibujo animado...

Esta situación no parece estar muy alejada de lo que debían de ser las reuniones de los productores en los tiempos del auge de las buddy movies.

La fórmula llegó a extremos insospechados, y así surgieron películas en las que trabajaban juntas las más variopintas parejas policiales: un veterano sereno y un iracundo jovenzuelo (Seven, 1995), un machote y un gay (Algo más que colegas, 1982), un yanqui y un japonés (Black Rain, 1982), otro yanqui y un soviético en plena perestroika (Danko: calor rojo, 1988), un terrícola y un extraterrestre (Alien Nation, 1988), un vivo y un zombi (Estamos muertos, ¿o qué?, 1988) o Whoopi Goldberg y un dinosaurio antropomórfico (Dino Rex, 1995).

Tampoco podemos olvidar clásicos de John Woo como The Killer (1989) y Hervidero (1992). Con ciertas connotaciones homoeróticas y acción a raudales, estas películas mostraban una pareja formada por un policía y un asesino a sueldo (The Killer) y otra compuesta por un agente con tendencia a la masacre y otro con demasiados años de infiltrado en las triadas (Hervidero).

Cierta influencia, mal digerida, de John Woo se apreciaba en las caóticas imágenes de Dos policías rebeldes (1995) y Dos policías rebeldes 2 (2003), donde una pareja de maderos formada por Will Smith y Martin Lawrence soltaba chistes de negros y sudaba mientras el director Michael Bay se esforzaba en acabar con el cine de acción a golpe de incompetencia narrativa y de mal reciclaje de planos.

Precisamente había un par de referencias satíricas a Dos policías rebeldes 2 en la comedia negra y de acción Arma Fatal (Hot Fuzz), dirigida en 2007 por Edgar Wright y protagonizada por un súper-policía de Londres (Simon Pegg) destinado a un pequeño pueblo de la campiña, donde ha de formar pareja con un bonachón y algo cortito agente local (Nick Frost). Esta última fue una de las últimas películas notables dentro de un subgénero algo abandonado últimamente, y que parece estar esperando un nuevo gran taquillazo que lo revitalice.

Copyright del texto © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

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