La vedette contra el monstruo

Hace poco he leído una vieja edición de Dinosaur Tales, recopilación de relatos y poemas de Ray Bradbury donde el protagonismo recae en los monstruos prehistóricos. El libro cuenta un par de introducciones del propio autor y de su viejo amigo Ray Harryhausen, quien además sirve de inspiración para uno de los relatos.

Como admirador de Bradbury y fanático religioso de Harryhausen, a un servidor se le han saltado las lágrimas, tanto por recordar la desaparición de ambos genios como por la descripción que hacen ambos de su amor por los animales antediluvianos, surgido en la infancia a raíz de sus visitas a museos, de las ilustraciones de artistas como Charles R. Knight y, sobre todo, del profundo impacto causado por las criaturas de Willis O'Brien en El Mundo Perdido (1925) y King Kong (1933).

Los niños que nos quedamos cautivados para siempre por los dinosaurios en las décadas de los 70 y los 80 tuvimos una versión ligeramente más modernizada de estos animales que la que gozaron los dos Rays, pero no tan “puesta al día” como la de los peques iniciados en esta pasión por Parque Jurásico.

Nosotros pudimos disfrutar todavía de aquellos reptiles gigantescos y pesados, amantes de la destrucción y más tontos que un concejal que también (y tan bien) veneraron los Rays.

En mi “Biblia” sauria personal, el tomo dedicado a la prehistoria de la colección Vida Íntima de los Animales, ilustrado por Zdenek Burian, se hablaba del archaeopteryx, y se comentaba de manera breve que muchos paleontólogos pensaban que las aves descendían de estas bestias. Eso me parecía estupendo, pero no era suficiente como para que se me borrara de la mente la evocadora y poderosa imagen de los colosos que luchaban y rugían en los films de Harryhausen.

Obviamente, mientras leía este tipo de libros y jugaba con mis bichos de plástico, yo tenía claro que de mayor iba a ser paleontólogo, para terror de los adultos que no sabían qué era eso y que esperaban que un mocoso de 6 años contestara “futbolista” a la pregunta “¿Qué vas a ser de mayor?”

Pasaron los años, mi cerebro se encogió y me di cuenta de que lo mío no eran las ciencias, pero nunca he dejado de amar a estos mostrencos y, más o menos, he estado al día de las noticias que iban surgiendo respecto a ellos.

Ahora, los dinosaurios tienen plumas.

No sólo los archaeopteryx o los struthiomimus, no. Hablamos también de tiranosaurios o alosaurios, los monstruos sanguinarios que nos aterrorizaban, ahora transformados en coloristas vedettes. Gwangi se ha convertido en Caponata.

Hace unos años, la gran estrella de la paleontología Jack Horner declaraba que muchos niños perdían los papeles cuando les explicaba que el T-Rex era un carroñero. Y es que la ciencia está bien, la Verdad siempre es la última meta, pero tampoco hace falta ser un aguafiestas.

El T-Rex ha pasado de ser un pesadillesco dragón de cuento a ser un buitre sobrealimentado, y en estos momentos uno recuerda el célebre “publica la leyenda” de El Hombre que Mató a Liberty Valance. No me refiero, claro está, a las publicaciones científicas, sino al ámbito de la ficción.

Sí, los “nuevos” dinosaurios suponen un nuevo mundo de posibilidades para el narrador: unos animales rápidos, inteligentes, ágiles y de vistoso plumaje que casi les hace parecer criaturas alienígenas. Eso está muy bien, pero no olvidemos a aquellos juggernauts blindados con armaduras de escamas, hediondos colosos que reducían a astillas árboles del tamaño de bloques de edificios, que provocaban terremotos con cada pisada y cuyos bramidos acallaban hasta a los propios volcanes. Esos volcanes que siempre, SIEMPRE había al fondo de la imagen.

Los circenses y científicamente correctos fraguelsaurios actuales no deben quedarse con el monopolio del entusiasmo infantil, y bien pueden convivir en la ficción prehistórica con los “lagartos trueno”.

¿Y qué me dicen de las cavernícolas voluptuosas conviviendo con dinosaurios de sonrisa pícara? ¿También vamos a perder eso en Nombre de la Ciencia?

¡Respetemos a los clásicos, señores!

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

Es coautor del libro 2001: Una Odisea del Espacio. El libro del 50 aniversario (Notorius Ediciones, 2018).

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