"La tormenta de hielo" (Ang Lee, 1997)

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Vista con perspectiva, La tormenta de hielo (The Ice Storm) no sólo es una de las mejores películas de Ang Lee. También es una de las mejores películas de los noventa. Parte del mérito se debe al espléndido guión de James Schamus, inspirado en la novela de Rick Moody.

Estamos en noviembre de 1973 en New Canaan, Connecticut. Richard Nixon se encuentra atrapado por el Watergate. Los Beatles graban en solitario. El intercambio de esposas ha llegado a los suburbios. Y la familia Hood está descontrolada.

Ben Hood (Kevin Kline) pretende acostarse con su amante, la vecina de enfrente Janey Carver (Sigourney Weaver), que no parece muy dispuesta a ello.

La esposa de Ben, Elena (Joan Allen) está leyendo “Jonathan Livingstone Seagull y la Respuesta Sexual Humana”, al tiempo que ya comienza a estar harta de las mentiras de su marido. Y la joven Wendy Hood (Christina Ricci), descubre nuevos juegos que practicar con sus vecinos, Mikey Carver (Elijah Wood) y su hermano pequeño Sandy (Adam HannByrd).

El día después de Acción de Gracias, el hijo de los Hood, Paul (Tobey Maguire) huye a la ciudad para perseguir a una chica de familia acomodada de su escuela.

Ben y Elena asisten a una fiesta que acaba convirtiéndose en un “intercambio de parejas”: una lotería de esposas para parejas que se quieren o que no se soportan.

Al caer la noche, cuando los miembros de la familia se embarcan en sus respectivas odiseas sexuales, una La tormenta de hielo se abate sobre la Costa Este, la peor en treinta años.

Los acontecimientos de esa noche –irreverentes, cómicos y trágicos al mismo tiempo– llevarán a los Hood a enfrentarse cara a cara entre ellos, por primera vez, cuando el día siguiente amanezca y la tormenta haya pasado.

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Cómo se hizo

La mordaz novela de Rick Moody sobre los años setenta, “La tormenta de hielo”, fue publicada en abril de 1994.

No se tardó en apuntar que la época que describía ya forma parte de la historia: el mes de mayo comenzó con la muerte de Richard Nixon, que practicamente es otro personaje más de la obra, y acabó con la muerte de Jacqueline Kennedy, la viuda de otro presidente cuyo nombre nunca se menciona, a pesar de que los acontecimientos del libro sucedan un 23 de noviembre de 1973, el día después del décimo aniversario del asesinato de JFK.

El primer libro de Moody, “Garden State. A Novel”, acerca de los adolescentes confundidos de New Jersey, fue premiado con el prestigioso Puschcart Press Editors’s Book Award.

La tormenta de hielo”, cuya acción transcurre en la ciudad natal del autor cuando él era joven, está protagonizada por una serie de personajes que van dando tumbos al tiempo que se produce la Revolución Sexual. También fue recibida con aplausos por la crítica literaria.

“Tormenta blanca” llamó la atención del productor James Schamus gracias a su esposa, la investigadora literaria Nancy Krikorian, que conocía a Rick Moody del curso MFA de la Universidad de Columbia.

“Se trata de un libro tremendamente cinemático –asegura Schamus–. Pero, a consecuencia de sus cualidades literarias, mucha gente no se dio cuenta de ello”.

Schamus le enseñó el libro a Ang Lee, con quien él y su compañero, el productor Ted Hope, ya había hecho cuatro películas. Además del evidente interés del director de El banquete de Bodas por los apuntes de comedia familiar de errores de la novela de Moody, Lee afirma que lo que realmente le atrajo fue su clímax: cuando Ben Hood descubre el hielo, momento que continúa con la emotiva reunión de la familia Hood la mañana después de la tormenta.

“El libro me afectó en esos dos momentos –comenta Lee–. Entonces supe que allí había una película”.

Lee aceptó dirigir la adaptación, que escribió Schamus, mientras éste y el director se encontraban en Inglaterra rodando Sentido y sensibilidad.

Los dos acordaron transformar la obra de Moody en un guión que cumpliera con los intereses del director (Lee y Schamus habían trabajado juntos con anterioridad en los tres primeros film de aquél, Pushing Hands, El banquete de bodas y Comer, beber, amar).

La tormenta de hielo se desarrolla en los años setenta, tratándose así de una película de época, al igual que el anterior largometraje de Lee, la adaptación de “Sentido y sensibilidad” de Jane Austen, que fue nominada a siete premios de la Academia, siendo premiada con un Oscar al mejor guión adaptado, obra de Emma Thompson.

“Me di cuenta de que La tormenta de hielo era lo contrario a Sentido y sensibilidad –asegura Lee–. En Sentido y sensibilidad el código social te obliga a ser racional y bueno, mientras los personajes quieren comportarse mal. En La tormenta de hielo el código social quiere que seas malo, y al final resulta que nadie lo es, en realidad, porque todos quieren ser, al fin y al cabo, buenos”.

5 En otras palabras, La tormenta de hielo es un nuevo desafío para Ang Lee.

En sus tres primeras películas los personajes rompen con las normas establecidas, pero los valores tradicionales permanecen, siempre representados por el padre sabio y digno que en cada una de ellas interpretó Sihung Lung. Lee se refiere a estos films como la trilogía Father Knows Best. “Sabio” y “digno” son dos palabras que, en cambio, están ausentes a la hora de describir a Ben Hood o cualquiera de los otros padres y madres que aparecen en La tormenta de hielo, que están demasiado preocupados por autorealizarse como para intentar ser un ejemplo para sus hijos.

“La estructura de la sociedad en esta película aparece más descompuesta que en el resto de mis películas –dice el director–. La situación resulta más caótica. Toda la nación se encuentra en un período de adolescencia, experimentando con nuevas situaciones, reglas… incluso los adultos se comportan como adolescentes. Al mismo tiempo, la época era inocente y positiva, porque la gente se rebeló contra las viejas normas y el viejo orden establecido. El concepto de Nueva Epoca o New Age, hoy puede parecer divertido, pero los personajes de la película buscan algo distinto. Ahora nosotros ya estamos cansados, pero en aquella época, la gente empezaba a descubrir nuevos horizontes. Y lo que encontraron durante ese proceso fue la verdadera naturaleza de la que estamos hechos y la La tormenta de hielo te ayuda a tener más respeto por la Naturaleza. Al final resulta que, en realidad, no somos tan libres como nos pensamos”.

James Schamus asegura que escribir el guión para La tormenta de hielo fue un ejercicio con un doble objetivo.

“Por un lado, lo vi todo a través de los personajes de los niños. Yo mismo era como ellos a mediados de los setenta. Y todo lo que pasé por aquellos momentos y que los chavales de La tormenta de hielo experimentan, continúa en mí y en la generación que creció en los setenta. Por otro lado, como padre, también me situé en la perspectiva de los padres que experimentan, debido a la presión y la fuerza de lo que pasaba en la sociedad, muchas de las mismas cosas que les pasan a sus hijos”.

“La película traza paralelismos entre los comportamientos de los padres y los hijos –interfiere Lee–. De tal padre, tal hijo; de tal madre, tal hija”.

Tales paralelismos, que conforman los acontecimientos caóticos de la novela de Moody, continúan y, de hecho, se acentúan en el guión Schamus.

“Ver a tu padre llorar es una de las experiencias más terroríficas pero al mismo tiempo más emotivas por las que uno pueda pasar”, comenta Lee.

Y como simbólico centro de acción de los fenómenos sociales que rodean a los personajes se sitúa, tanto en el film como en la novela, Richard Nixon, que en un momento determinado se dirige a la nación en pleno estallido del Watergate para reconocer que ha engañado a la nación.

Los personajes y el reparto

Al final, los que hizo de la novela de Rick Moody un buen material para convertirse en una película, fue sus personajes, según el socio de Schamus y productor Ted Hope.

Aquéllos son el eje del film de Lee.

“Ang siempre dice que si va a hacer una película, más vale que tenga buenos personajes –afirma Hope–. Porque va a tener que vivir con ellos durante tres años”.

Para elegir a los actores que iban a dar vida a tales personajes, los productores partieron con ventaja.

Lee es admirado por ser un director de actores, y teniéndole a él tras las cámaras no tuvieron muchas dificultades para conseguir el reparto adecuado.

La elección de Kevin Kline fue crucial, asegura Hope, explicando que todos le querían a él “porque necesitábamos a alguien que aglutinara todo el arco emocional que su papel requería”.

Aclamado actor cómico, Kline también consigue hacerse con el público gracias al papel de Ben Hood.

Kevin Kline y Sigourney Weaver habían trabajado juntos con anterioridad en la comedia Dave. Presidente por un día.

Ambos son buenos amigos, lo que ayudó a elegir a la actriz para el papel de la amante de Ben, Janey Carver.

“Kevin y yo justo acabábamos de leer una poesía en el cumpleaños de mi marido, cuando me comenzó a hablar de una cosa titulada La tormenta de hielo. Y de repente me dije, quiero formar parte de esa historia, así que llamé a mi agente”.

La esposa de Ben, Elena, está interpretada por Joan Allen, que fue nominada al Oscar por sus papeles como Pat Nixon en Nixon, de Oliver Stone, y El crisol, de Nicholas Hytner.

El actor teatral Jamey Sheridan es Jim, el marido de Janey, un hombre idealista cuya devoción por su trabajo está destruyendo su matrimonio.

Joan Allen ofrece la mejor definición posible acerca de la aproximación de Ang Lee a los personajes de La tormenta de hielo.

“Más que ningún otro director con el que he trabajado, Ang demuestra tener una verdadera fascinación y compasión por el comportamiento humano y las relaciones, especialmente entre gente de la misma familia. El encuentra estas relaciones de enorme interés. En el plató, cuando se celebra la fiesta, en la que tenemos que depositar una llave en una vasija para que cada mujer sea elegida por otro hombre, recuerdo que le dije: “Por cada llave en la vasija, hay un corazón roto”.

Y él me preguntó: “¿Has dicho corazón? Querrás decir familia”.

“La familia Hood está desmoronándose –asegura Lee–. Pero cuando llega el momento de entenderse y comunicarse al final, el momento es muy emocionante”.

A pesar de los instantes cómicos que salpican la narración, la descripción de los personajes que lleva a cabo el director, es más compasiva que juiciosa.

Para Lee, Ben Hood “es un buen tipo que hubiera vivido una vida maravillosa en los cincuenta o sesenta, pero que está absolutamente desorientado en los setenta.

Elena quiere acabar con su matrimonio, pero está asustada”, porque pertenece a una generación de mujeres que no tienen independencia económica.

Y Janey Carver es “una mujer inteligente” que coulta su infidelidad en su papel de esposa y madre, mientras que mujeres más jóvenes se están liberando de sus ataduras.

“Al final de la película –comenta Lee– su simpatía natural va emergiendo poco a poco”.

“Una vez elegidos los actores adultos, el otro gran desafío de la película fue la selección de los chicos –dice Ted Hope–. Muchos de los papeles requerían actores serios y profesionales. Elijah Wood y Christina Ricci eran caras conocidas, pero sus personales han representado su transición de papeles de niños a adultos”.

“Wendy se siente incómoda con la idea de ya no ser una niña –asegura Christina Ricci acerca de su personaje–. Cuando eres una niña sabes perfectamente lo que la gente quiere de ti. Ahora, de repente, se siente extraña, y algo tiene que ver la forma en como Mikey y Sandy la miran. Los tres han jugado y crecido juntos, pero ahora las cosas son distintas. Wendy intenta buscar algo que la haga sentir mejor, y mucho de lo que pasa en la película proviene de la idea de que, a lo mejor, la solución está en el sexo. Ella se muestra intimidada ante lo que le sugiere Mikey, por lo que en cierta forma se aprovecha de Sandy, al pensar que si le domina a él y le hace sentir del mismo modo a como se siente ella, al menos tendrá algo con lo que identificarse”.

Mikey también se siente “incómodo con el mundo y trata de encontrar algo que le haga sentir mejor –dice Elijah Wood–. Cuando ve el comportamiento sexual de sus padres, no le gusta, pero cree que tiene que formar parte de él. Es por ello por lo que experimenta con Wendy, aunque no tenga ni idea de cómo hacerlo”.

“A Wendy le gusta demostrar su poder por encima de Mikey y Sandy, no de un modo cínico, pero sí emocional, para intentar establecer un cierto contacto con el mundo –interfiere Schamus–. Y durante la noche en la que tiene lugar la La tormenta de hielo, sin querelo, lleva a cabo con otra persona la más real y humana conexión emocional que existe en la película”.

El hijo de Ben, Paul, es otro afiliado a la Revolución Sexual.

“Paul tiene un verdadero desafío –afirma Tobey Maguire, que debuta en el cine con este personaje–. Quiere relajarse, pero tiene conciencia. Y eso no casa”.

Maguire, que describe a La La tormenta de hielo como “un Twister con argumento”, asegura que la época en la que acontece la película le resulta fascinante.

“Todo el mundo que conozco escucha música de los setenta, porque aún está entre nosotros. Aunque yo nací en 1975, forma parte de mí”.

Adam Hann–Byrd (El pequeño Tate, Jumanji) coincide con Maguire. “Cada vez que hablo a alguien de este film, recibo la misma respuesta: “¡Vaya! Estás en una película acerca de mi infancia”.

Acerca de la producción

La La tormenta de hielo está situada en un mundo tan distante para Ang Lee como la Inglaterra de Jane Austen.

Lee nació en Taiwán; su infancia nada tuvo que ver con la de los chavales que describe la novela de Moody. Ni siquiera recuerda ninguno de los clásicos del rock que se escuchan de fondo en el devenir de la historia.

“Durante mi infancia y adolescencia –recuerda el director– la única música americana que escuché era la que emitía la onda media, y era la más hortera”.

“Quizás ésta sea una de las razones por las que la película tiene este tono de fábula –asevera Ted Hope–. Había una vez… los setenta”.

Lee y sus colaboradores contaron con la ayuda del asesor Jean Castelli, que cuenta con miles de páginas de información acerca de todos los aspectos más importantes de la época y que puso a disposición de los autores del film antes de que comenzara el rodaje.

El diseñador de producción Mark Friedberg utilizó la base de datos de Castelli y sus propios recuerdos para crear el look requerido por Lee.

“El film necesitaba de un “look” –comenta el realizador– por la estructura de la historia y porque ésta es un estudio social de una época.

La segunda mitad de la película es más cercana a la gente, por lo que resulta más dramática; pero el desfío estaba en sentar las bases durante la primera parte, quedar claro que se trataban de los setenta; poliéster, rock progresivo, intentar ser lo más “kitsch” sin resultar ridículo… Así, el final resulta más dramático y emotivo, porque juega en contra de la primera mitad.

Les dije a Mark Friedberg y Carol Oditz, la diseñadora de vestuario, que aunque la dirección artística normalmente ayuda a los actores, quería que diseñaran en contra de ellos. La naturaleza humana en la película va en dirección contrario al “look” de los personajes”.

Lee fue a Vermeer para inspirarse en el diseño de Sentido y sensibilidad, mientras que para La La tormenta de hielo él y Friedberg encontraron la inspiración en el arte de los 70.

“El foto–realismo, que fue un estilo que despuntó en aquellos años, interesó mucho a Lee –recuerda Friedberg–. Cuando pintas una fotografía, lo que se convierte de inmediato en una interpretación de la realidad, ésta cambia el doble, y a pesar de que el resultado sea en ocasiones extraño, aún sigue siendo realista”.

“El foto–realismo es materialista y objetivo –afirma Lee–. Y es más intenso que una fotografía. Existe un vacío, un sentimiento difuso en esas imágenes. Empleamos muchos materiales transparentes y reflectivos para lograr el mismo efecto: espejos, croma y cristales, lo que al final nos ayudó a crear el efecto del hielo y su partición”.

Friedberg añade que “si hay que felicitar a alguien es a Fred Elmes, el director de fotografía, porque desde un principio aceptó el desafío.

Convertimos a los techos y las paredes en los elementos de un marco.

Utilizamos los reflejos allí donde nos era posible y, en ocasiones, la historia fue contada en base a esos reflejos, lo que la aparta de la realidad.

El resultado final es una película con un “look” muy especial, único, que pasó a formar parte de la narración”.

Lee continúa diciendo que “la estructura de la película recuerda al Cubismo, porque existen muchos elementos que unidos en la historia puedes ser vistos desde distintos ángulos y todos ellos tienen un significado. Al principio de los setenta, el Cubismo practicamente había llegado a su fin, lo que provocó su simplificación”.

Esto resultó de enorme ayuda para Carol Oditz.

“Alex Katz, los “collages” de Hockney, Wesselman, Ruscha, Richard Smith, D’Arcángelo, todos estos artistas son maestros de la tensión exterior, que es un estilo de dibujo que carece de la profundidad de campo y que tiene que ver en cómo el conjunto puede ser alterado en un mismo plano –explica la diseñadora de vestuario–.

Sabía que si podía conseguir ese mismo efecto, lograría obtener la esencia de la ropa de los setenta y su perfecta adecuación a los personajes.

En cierta forma, el vestuario dice mucho acerca de cada uno de ellos.

El conjunto versa sobre el choque de los colores, el tipo de texturas, formas y volúmenes que se influencian entre sí.

Lo diseñé todo de forma que creara en el cuerpo el efecto deseado: piernas y pies, cinturones de todos los tamaños, joyería, bufandas, chalecos, sombreros… Incluso los peinados fueron considerados un accesorio: las mujeres tenían toda clase de pelucas y colores”.

Los hombres, según Oditz, no se sintieron tan cómodos con ese vestuario como las mujeres, que parecieron disfrutar de la ocasión.

“Hay algunos vestidos que no tendría ningún inconveniente en utilizarlos para salir a cenar –asegura Joan Allen–, porque ahora los ves en cualquier revista”.

Pero Sigourney Weaver no está del todo de acuerdo.

“De hecho mi vestuario me encantó. Pero al cabo de unos días, lo que en un principio parecía maravilloso se transforma de repende en algo espantoso. Sobre todo los hombres, con esos cuellos de camisa inmensos, esas corbatas horrororas y esos colores que no benefician a nadie… Aún hay quien dice que los setenta están regresando. No es cierto. Los setenta no regresan. No pueden. De hecho, ¡debería estar prohibido!”.

La La tormenta de hielo se filmó en New Canaan, en el hogar de Philip Johnson y en otros edificios de importantes arquitectos de los 70.

Los creadores de la película no tuvieron ninguna dificultad a la hora de localizar enclaves que se ajustaran a sus deseos.

La casa de los Carver es de estilo Moderno de los Setenta, lleno de superficias que se reflejan, incluyendo techos y paredes cubiertos de espejos, lo que hizo que la La La tormenta de hielo que forma parte de la acción incrementara su presencia visual.

El hogar de los Hood es de estilo Contemporáneo de Finales de los Cincuenta con un diseño geométrico interior en el que destacan su suelo y las paredes empapeladas.

Los interiores de la casa donde tiene lugar la fiesta que precede a la tormenta fue construida en un estudio, después de una larga discusión acerca de qué estilo era el más adecuado.

“Al final decidimos que sería una casa estilo Colonial –apunta Friedberg– para dar a los invitados la sensación de que estaban rodeados de riqueza. Ello dio una extraña impresión a la fiesta. No se trataba tanto de describir a los setenta, sino más bien de poner en pantalla la forma en la que en ese barrio conservador, los viejos valores y tradiciones estaban a un paso de desaparecer”.

El apartamento en Nueva York de Libbets Casey (Katie Holmes), donde Paul fuma hierba mientras Ben se emborracha, es, de hecho, un apartamento de Park Avenue, que presenta también ese aspecto de riqueza antes apuntado.

Otro de los interiores construido en estudio fue el sótano de los Carver, donde Ben descubre a Mikey sugiriéndose a Wendy, quien lleva una máscara de Nixon.

“Creamos un sótano en el que los chicos tenían su sala de juegos y sus habitaciones –dice Friedberg–. Fue diseñado sobre una zona de juegos que yo conocí cuando era un adolescente. Así se puede decir que es algo así como semi–autobiográfico. De hecho, utilicé algunos de los elementos que aún conservo de la casa donde crecí”.

A pesar de toda la búsqueda de información, los realizadores de la película no pretendieron en ningún momento presentar una versión fidedigna de la época.

“Tras la primera proyección del film –recuerda Friedberg–, Ang me dijo: “Mark, es perfecto. No son los setenta, pero resulta muy interesante. No quisimos crear una réplica de la época, sino más bien una impresión. Incluso utilizamos objetos de los noventa, más que nada porque con este “revival” de los 70 que vivimos nos lo permitió. Pero también hay elementos que no son de la época, pero que no llama la atención el que estén ahí”.

“Tienes que crear un mundo con vida propia –explica el director–. Tienes que conectar con el pasado. Utilizamos a los setenta con base, pero nosotros nos comunicamos con el público de los noventa, esperando que no sólo recuerden aquella época sino que también la revivan. Todo ha de resultar nuevo y, al mismo tiempo, debe tener un significado para todos nosotros. De hecho, la historia es el comienzo de lo que somos ahora”.

El compositor Michael Danna fue un paso más allá al intentar conectar los acontecimientos de ese fin de semana con la historia de la Coste Este americana, al emplear instrumentos primitivos integrados en una orquesta contemporánea.

“La primera vez que la pelíucla, con todas esas imágenes de hielo, enseguida pensé en la Gamelan Ensemble, un grupo indonesio que utiliza sólo instrumentos de madera y de cobre –comenta Danna–. De hecho, es una paradoja, porque los Gamela provienen de una región tropical, pero los sonidos de sus instrumentos resultan fríos”.

Danna combinó el sonido de los Gamela con la flauta tradicional y una orquesta minimalista.

“Son tres estilos opuestos –continúa–. Desde un principio quise que la banda sonora hiciera de contraste con las fuerzas de la naturaleza, dado su protagonismo. Y también me gustó la ironía de utilizar esta clase de instrumentalización que recuerda a los nativos americanos para retratar una sociedad que sigue los pasos de civilizaciones que ya no están más entre nosotros. Ang y yo quisimos recordar a la gente el poder de la naturaleza y que esa naturaleza ha estado en la Tierra antes que nosotros y que continuará estando aquí una vez ya hayamos desaparecido. Creo que la musica trabaja en un nivel del subconsciente para alcanzar tales objetivos”.

Al combinar los Gamelan con la flauta tradicional y la orquesta Danna otorgó a la banda sonora de un sentimiento atemporal con influencias musicales que parten de finales de los sesenta y prosiguen hasta principios de los setenta.

El objetivo general fue siempre, según Carol Oditz, “homenajear” a la época. “Lo primero que le dije a Ang fue que tuviera cuidado de que todo no resultara demasiado ridículo, porque no beneficiaría a los personajes. Es una época de la que resulta tan fácil burlarse…”.

Otro de los objetivos fue “la búsqueda de un estilo visual que ha sido definido como el mal gusto por antonomasia”, concluye Oditz.

Copyright de texto e imágenes © International/Canal + Distribution, Good Machine. Cortesía de Lauren Films. Reservados todos los derechos.

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