La saga "Evil Dead": el bosque animado

Evil Dead, o Posesión Infernal si lo prefieren, lleva tres décadas consolidándose como película de culto. Su influencia se va extendiendo como el propio Mal que se desata en la película. Generaciones de jóvenes aficionados la van descubriendo, adentrándose en el maravilloso mundo de la serie B de guerrilla y el gore más creativo.

Las leyendas sobre su rodaje son ya clásicas, como el famoso préstamo que Raimi y compañía pidieron a unos tipos de dudosa reputación, la participación de los hermanos Coen o la invención de una steadycam kamikaze fabricada al estilo McGyver, con unos tablones y mucho morro.

Para los más despistados o los poco conocedores del género, Evil Dead es la ópera prima de Sam Raimi, director cotizado hoy en día, pero que en su época tuvo que echar mano a un presupuesto cero y a un montón de buenas ideas, realizando una de las películas más determinantes en la estética audiovisual de fin de siglo, y no solamente dentro del género de terror.

La cinta narra la historia de un grupo de amigos que va a pasar un fin de semana a una cabaña perdida en el bosque. No olvidemos la tradición propia de ese escenario, que nos lleva a los tiempos en que el mago Merlín fue aprisionado en el bosque de Brocelandia. Desde Shakespeare (El sueño de una noche de verano) hasta Tolkien (El Señor de los Anillos), pasando por los bosques encantados del folklore tradicional, lo cierto es que hablar de los bosques equivale a mencionar un espacio de fantasía, magia o terror, muy arraigado en el imaginario colectivo.

Una vez en la cabaña, los protagonistas encontrarán las pertenencias del anterior inquilino, un arqueólogo con voz de Homer Simpson, al menos en el doblaje de toda la vida. Estas pertenencias son: un viejo gramófono, una escopeta (de un cañón en la primera entrega, de dos en las siguientes) y el abominable Libro de los Muertos, o Necronomicón. Este libro, que debe su nombre al famoso volumen inventado por H.P.Lovecraft, está encuadernado en piel humana (sus cubiertas tienen horribles caras en relieve) y escrito con sangre.

El gramófono recita unos pasajes que hacen resucitar los espíritus-demonios del bosque y entonces la demencia se desata sin descanso, a lo largo de una saga de tres películas.

Los espíritus malignos van poseyendo los cuerpos de los jóvenes uno a uno, menos el joven Ash, que sobrevive al Mal quemando el Necronomicón. Por supuesto, cuando todo parece haber acabado, veremos como Ash es atacado por un espíritu maligno. Fin.

Con este argumento tan simple, cabe prevuntarse: ¿por qué Evil Dead es tan venerada? Básicamente por su realización. A falta de dinero para efectos especiales, Raimi libera la cámara de ataduras academicistas, usando todo tipo de trucos, desde lentes deformantes, ángulos insólitos, stop-motion (animación fotograma a fotograma) y, sobre todo, los famosísimos travellings asesinos.

Estos travellings son algo así como la visión subjetiva de los monstruos-demonios-espíritus de la película, a los que nunca vemos. De hecho, es como si la propia cámara fuera una criatura amenazante, que corre a toda pastilla persiguiendo a los protagonistas a través de la espesura.

Tampoco hay que obviar las grandes cantidades de sangre, pus y partes corporales que pueblan la película. Efectillos baratos pero efectivos por su carácter de grand-guignol y terror a lo Tales from the Crypt.

El estilo visual de Evil Dead remite tanto al cine italiano de Bava o Dario Argento como, sobre todo, al Robert Wise de The Haunting, mezclando gore y sustos de feria con barroquismo visual propio de un Orson Welles on acid.

El propósito final de esta “cámara liberada” es dar una sensación de continuo peligro. Aquí no hay dónde esconderse: las fuerzas del Mal pueden atacar en cualquier momento, son invisibles.

Vemos cómo las bombillas se llenan de sangre, los espejos se vuelven líquidos, el bosque viola a muchachas y los poseídos dejan a la niña de El Exorcista a la altura de Sor Citröen.

La película se convirtió en un éxito sorpresa que se benefició tanto del apoyo de la clásica revista Fangoria (Evil Dead y esta cabecera son un matrimonio duradero desde entonces) y de unas palabras de adulación por parte del mismísimo Stephen King, que no son precisamente las que se pueden leer ahora en el cartel de la reposición, pero bueno.

Por supuesto, la secuela no se hizo esperar. Estrenada en España bajo el título de Terroríficamente Muertos, Evil Dead 2 es la película más adorada por muchos fans, especialmente por los de su protagonista, Bruce Campbell.

El film comienza como si no fuera una secuela, con unos primeros diez minutos que en realidad son como un falso resumen de la primera, pero que desembocan en el momento en el que acababa ésta, un travelling asesino hacia Ash.

Ash es poseído por el Mal, pero la posesión dura poco, ya que el sol aparece en el cielo y ahuyenta a los espíritus malignos. Así, el personaje tiene que enfrentarse él sólo a los terrores del bosque (no le da tiempo a huir de la espesura debido a una extraña alteración temporal).

Bruce Campbell, en su papel del atribulado Ash, demuestra ser todo un showman, luchando contra el danzarín y decapitado cadáver de su novia, aguantando cómo la cabaña se ríe de él (literalmente) o peleando contra su propia mano poseída, en una escena antológica y mil veces imitada (ver El Club de la Lucha o Yo, yo mismo e Irene). El final de la cinta es uno de los más hilarantes y sorprendentes jamás vistos.

Evil Dead 2 se beneficia de un presupuesto algo mayor y de un estilo visual todavía más alocado, en el que el humor de los dibujos animados de Tex Avery o de Tom y Jerry es más que determinante. Pero sobre todo es la película en la que nace Ash como el primer héroe del cine gore.

Los juguetes de acción y las estatuas de Ash, con su recortada a la espalda y su motosierra en lugar de mano, aún se venden como rosquillas en todas las tiendas de cómics del mundo, e incluso se ha convertido en protagonista de unos exitosos videojuegos. En internet florecen páginas que homenajean a este gran personaje y expresiones suyas, como “Groovy!” o “Hail to the King”, son himnos para los muchos enfermos que poblamos este submundo.

Ya en los 90 llegó la insólita tercera parte de la saga. Se trata de una película que muchos apreciaron sin saber que es la tercera entrega de una trilogía. El Ejército de las Tinieblas enlaza con la anterior haciendo un poco de trampa, e incluye un prólogo explicativo en el que aparece fugazmente Bridget Fonda (que es una gran fan) en el papel de la desafortunada novia de Ash, Linda.

La película es un homenaje al cine de aventuras fantástico, a medio camino entre Un yanqui en la Corte del Rey Arturo y los films de Ray Harryhausen y George Pal, alejándose del gore y regodeándose en su condición de película camp y fantasiosa.

El film se resiente de una producción por parte de Dino de Laurentis bastante pobretona, pero es disfrutable por su humor caricaturesco y por ideas tan geniales como la de la prueba de los tres necronomicones o los clones liliputienses y traviesos de Ash.

Otro punto a su favor es su excelente banda sonora, gentileza de Joseph LoDuca y que incluye un tema de Danny Elfman.

El Ejercito de las Tinieblas ha sido vista, además, con dos finales distintos. Uno que se abre a una continuación, con Ash trasladado al futuro, y el que vimos en las salas de exhibición, que narra el enfrentamiento en un supermercado entre nuestro héroe y una poseída, al más puro estilo de las locuras balísticas del cine de Hong Kong.

El estilo visual de Posesión infernal ha sido definitivo en el cine de los últimos años, desde los hermanos Coen a Tim Burton, pasando por Peter Jackson, la MTV, Barry Sonnenfeld, Parker Lewis nunca pierde, Ally McBeal, los anuncios de la tele y, en definitiva, todo el espectro audiovisual contemporáneo.

Nunca algo tan pequeñito hizo tanto ruido. No se pierdan la oportunidad de conocer esta joya en versión restaurada y en pantalla grande cuanto antes. Y no olviden dejar sus prejuicios en casa.

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

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