La biblioteca del diablo

Como podrá comprobar todo aquel que observe con detenimiento esta imagen, en los anaqueles de la biblioteca infernal se ordenan escrupulosamente los cráneos de notorios pecadores. Es curioso, porque si a un bibliófilo le hablamos del infierno, pensará de inmediato en ese armario o estante cerrado en el que los libros prohibidos, por lo común ejemplares de literatura libertina, aguardaban a un lector de confianza.

Sin embargo, esta biblioteca satánica, que imaginamos en algún suntuoso palacio de Lucifer, nada tiene que ver con el enfer de los bibliófilos más licenciosos, sino con un curioso artefacto, digno predecesor del cine en tres dimensiones.

La placa en cuestión pertenece a Les Diableries, una serie de fotografías estereoscópicas publicada en París, en torno 1860.

Los aficionados a los espectáculos horripilantes y a la literatura gótica fueron los principales seguidores de este lanzamiento, todo un éxito en tiempos de Napoleon III.

Para crear los modelos que se usaron en Les Diableries, colaboraron tres escultores, Louis Alfred Habert, Pierre Adolph Hennetier y Louis Edmond Cougny.

Si por un momento hacemos abstracción de que se trata de escenas modeladas para un estereoscopio, no ha de resultarnos difícil imaginar que somos espectadores de la escenografía del Averno, con sus verdugos y diablos saboreando la congoja de los recién condenados, con sus estremecedores salones de tortura, sus eternas hogueras y otras fantasías morbosas.

Quien sacó partido económico de esta iconografia perversa fue el editor Francois Benjamin Lamiche, cuya oferta de estampas en relieve fue ampliada por otro empresario, Adolph Block, quien llegó a comercializar 72 escenas infernales.

Coloreadas a mano, todas estas fotografías estereoscópicas se ambientan en el torbellino abrasador del infierno, y sin embargo, siempre contienen una irresistible dosis de sátira y humor negro. ¿Quién dijo que la risa era incompatible con el fuego eterno?

A propósito de los estereoscopios panorámicos de mano, Santiago Ramón y Cajal escribe en la revista La Fotografía (1901) que "el precioso instrumento que presta a la fotografía la animación de la vida y la ilusión del relieve, tiene, al lado de indiscutibles excelencias, algunos inconvenientes que limitan su empleo a casos especiales. Uno de ellos es la imposibilidad de usarlo con los tamaños de placa y media placa, y menos aún con los extensos panoramas obtenidos mediante el cilindro-grafo y otros aparatos ad hoc; la corta distancia que media entre nuestras pupilas (7 a 8 centímetros) nos obliga a servirnos de fotografías pequeñas (8 por 8 o 7 por 7), logradas con objetivos de escaso ángulo y de breve distancia focal."

Al leer estas líneas, uno imagina a don Santiago, gran aficionado a la cámara binocular, analizando la técnica empleada en Les Diableries. Una técnica que, más allá del ingenio fotográfico empleado, nos permite descender a los templos subterráneos de Lucifer, como peregrinos en un desierto de ceniza y lava, en busca de ocultas depravaciones.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista The CULT (Thesauro Cultural), un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, The CULT (Thesauro Cultural) sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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