Ingrid Bergman: Volcánico iceberg

Ingrid Bergman (1915-1982), como otras tantas actrices, no es solamente un rostro en la pantalla, sino una parte de mi vida y de la vida de mis padres y de mis abuelos. Es parte de una historia total que no es posible desentrañar sin acudir a los recuerdos más personales.

Ingrid fue una huérfana con todo lo que ello significa. Las biografías lo señalan sin más pero hay que pensar en una niña criada sin padres que tuvo claro desde siempre lo que quería hacer: interpretar. Esa férrea vocación es algo que admiro. Que me llena de esperanza en que siga existiendo gente capaz de luchar por lo que desea. Quizá esa manera de ser tan voluntariosa fue la que logró que, desafiando a la opinión pública de la época, abandonara a su primer marido, el doctor Peter Lindstrom, padre de su hija Pia, para escaparse literalmente con un hombre que la atrajo de forma irremediable.

Aquello no fue un camino de rosas. Recuerdo que, muchos años después, mi madre lo relataba con una suerte de admiración hacia alguien que era dueña de su destino o pretendía serlo. Mi madre no la criticaba, al contrario, decía que todas las mujeres debían correr tras el amor, estuviera donde estuviera. Ay.

Tras Roberto Rosellini, el director de cine italiano por el que desafió a la sociedad, llegó otro matrimonio, esta vez con el productor teatral Lars Schmidt, del que se divorció después de dieciocho años, en 1976. La inquieta Ingrid no se permitía la rutina ni la desgana, al parecer. Bajo su imagen de mujer fría, equilibrada y racional, se encontraba un corazón latino, una fuerza de la naturaleza que buscaba, a toda costa, la felicidad de la pasión correspondida.

Fue en el cine, quizá, donde halló momentos culminantes en esa búsqueda. En Encadenados, de Alfred Hitchcock, de 1946, su beso antológico con Cary Grant ha pasado a la historia. Nunca hasta entonces y quizá tampoco después, ha habido un tan perfecto maridaje entre espías y romance. Antes de eso, el fuego se intuía en la dócil y atormentada esposa de Charles Boyer en Luz que agoniza, a la que salva de la locura el elegante Joseph Cotten, todo ello bajo la batuta impecable del gran director de actrices George Cukor.

Su carta de presentación había sido, sin duda, Intermezzo, en sus dos versiones, la sueca de 1936 dirigida por Gustav Molander y la producida por David O. Selznick en 1939. Esta película hizo entender a los jóvenes que la pasión culpable no estaba exenta de felicidad.

Otras que realizó con el maestro Hitchcock acentuaron su imagen de rubia fría y dotada de una extraña serenidad. Recuerda de 1945 o Atormentada de 1949. Las películas que rodó con Rossellini, sin embargo, recibieron una escasa aceptación, quizá relacionada con el estigma que soportaba la pareja. La letra escarlata de la historia del cine fue sin duda esta unión.

Ingrid protagonizó también Anastasia de Anatole Litvak o Indiscreta de Stanley Donen. Fue Juana de Arco, con Victor Fleming, y la demacrada y enferma protagonista de Sonata de Otoño de Ingmar Bergman, rodada en 1978. Pero, sobre todo, fue la esposa de Víctor Lazslo, la amante de Rick Blaine, la mujer que inspiraba los más dulces momentos de Casablanca, la poseedora del rostro más bellamente tratado de la película más arrebatadora de las que tratan de la ocupación nazi.

Su imagen se me aparece vestida de impecable blanco. Los ojos en los ojos. Las manos anhelantes. Una sonrisa breve, etérea, pero capaz de consumir en el dolor al hombre que la ama. Una sonrisa plagada de nostalgias de amores incumplidos. Ella, su imagen, su rostro, es el trasunto de una pasión que a todos nos arrebata como si fuera nuestra. “Tócala otra vez, Sam”. ¿Quién podría negarle nada a esa sonrisa?

Copyright © Catalina León Benítez. Reservados todos los derechos.

Caty León

Gaditana de nacimiento y crianza; trianera de vocación. Lectora y cinéfila. Profesora de Geografía e Historia y de Orientación Educativa. Directora del IES Néstor Almendros de Tomares (2001/2012). Como experta en organización escolar he publicado los libros La secretaría. Organización y funcionamiento y El centro educativo. Función directiva y áreas de trabajo, artículos en prensa (ABC: 12, 3, 4) y revistas especializadas, así como ponencias en cursos y jornadas.

En noviembre de 2009 recibí la medalla de oro al Mérito Educativo en Andalucía. En 2015 he obtenido el Premio “Antonio Domínguez Ortiz” por la coautoría del trabajo Usos educativos de la robótica. Una casa inteligente.

En el ámbito flamenco he publicado decenas de artículos en revistas como Sevilla Flamenca, El Olivo, Alboreá y Litoral, sobre el flamenco y las artes plásticas, la mujer y el flamenco, entre otras temáticas, así como varios libros, entre los que destacaría la primera incursión en la enseñanza escolar del flamenco, Didáctica del Flamenco, mi libro sobre El Flamenco en Cádiz y el ensayo biográfico Manolo Caracol. Cante y pasión (ver reseña en ABC), así como mi investigación sobre la Noticia histórica del flamenco en Triana. Conferencias, jornadas, jurados, cursos de formación, completan mi dedicación al flamenco. En 2015 he sido galardonada con el Premio de Honor “Flamenco en el aula” de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía.

Por último, la literatura es mi territorio menos público pero más sentido. Relatos, microrrelatos, cuentos, poemas y una novela inédita Tuyo es mi corazón. I Premio de Relatos sobre la mujer del Ayuntamiento de Tomares, en su primera edición. Premio de Cuentos Infantiles de EMASESA en 2015 por Hanna y la rosa del Cairo.

En mi blog Una isla de papel hay un poco de todo esto.

Sitio Web: unaisladepapeles.blogspot.com.es/

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