Grace Kelly, la princesa de Filadelfia

La vida y la carrera de la Princesa Grace de Mónaco ha sido siempre descrita como un perfecto cuento de hadas: Una aristocrática y atractiva actriz se casa con el gobernante de un pequeño pero pintoresco principado, y viven felices para siempre. Y aunque fue una de las mujeres más publicitadas del mundo y por muchos considerada como una de las más hermosas, nunca perdió su sentido de dignidad y austeridad patricia.

Grace Patricia Kelly nació en Filadelfia el 12 de noviembre de 1929, hija de una ex modelo de portadas y un rico industrial, el ex campeón del mundo de remo Jack Kelly. Su tío George era un escritor dramático que había ganado el Premio Pulitzer («Craig's Wife»).

Se educó en colegios locales y apareció en varias producciones de teatro aficionado. Al irse a vivir a Nueva York después de graduarse, estudió durante dos años en la Academia Americana de Arte Dramático. Encontró trabajo como modelo, pero los únicos «papeles de actriz» que obtenía eran en anuncios comerciales de cigarrillos en televisión. Kelly hizo finalmente su debut teatral profesional en la obra de su tío '«The Torch Bearers». En el otoño de 1949, Kelly consiguió un personaje de estrella invitada en el programa de televisión «Philco Television Playhouse», y durante los cuatro años siguientes seguiría haciendo apariciones regulares en ese medio.

Aquel mismo año, en noviembre, hizo su debut en Broadway en una reposición de «The Father», de Strindberg, junto a Raymond Massey. Muy pronto Hollywood comenzó a fijarse en ella, y así obtuvo un pequeño papel en «Fourteen Hours», de Henry Hathaway, en 1951.

Dio un enorme salto en su carrera con su siguiente película, teniendo su primer personaje estelar junto a Gary Cooper en «Solo ante el peligro» («High Noon»). MGM la hizo firmar contrato por siete años, bien consciente de que tanto el público como los críticos estaban comenzando a apreciar su belleza de «iceberg» y su estilo de actuación sereno y sofisticado.

Su siguiente film, el tercero, en 1953, le valió una nominación para el Oscar como mejor actriz de reparto por la interpretación de una mujer adúltera que tenía una relación con Clark Gable en «Mogambo».

Después de actuar en teatro en «The Moon is Blue», fue cedida a la Warner Bros para ser protagonista, junto a Ray Milland y Robert Cummings, en «Crimen perfecto» («Dial M For Murder»), su primera película con Alfred Hitchcock. La creativa relación con «El maestro del suspense» demostró ser un componente crucial en su carrera, así como Hitchcock encontró en ella el símbolo del «sex appeal» indirecto.

Siendo la actriz más cooperativa con la que él hubiese trabajado, ella colmó su sueño de la «mujer misteriosa» ideal a la perfección, una mujer que es «rubia, sutil y nórdica», «intrigante pera nunca obvia» y «cuyas acciones son más expresivas que las palabras ». Alabando su habilidad para sugerir el fuego interno detrás de una superficie fría y distante, Hitchcock comentó que «ella es eso tan raro en el cine, una dama. Ingrid Bergman también tenía la misma cualidad».

El director le dio en su siguiente película, «La ventana indiscreta», el papel de una sofisticada editora de revistas de modas, y luego el de una heredera americana de mentalidad muy independiente en «Atrapa a un ladrón» («To Catch a Thief»), En ambos films ella ejemplificaba la idea de Hitchcock de que el sexo en la pantalla podía y debía ser «con suspense».

Ella fue la única actriz protagonista, aparte de Ingrid Bergman, que llegó a hacer tres películas con él. 1954 fue un gran año para Kelly.

Además de las ya mencionadas «Crimen perfecto» y «La ventana indiscreta», fue la protagonista de «Fuego verde» («Green Fire») y «Los puentes de Toko–Ri» («The Bridges at Toko–Hi»). Pero aún más importante es que Grace Kelly ganó el Oscar como mejor actriz, así como el premio de los Críticos de Cine de Nueva York, por su interpretación de la amargada esposa de un actor y cantante alcohólico (Bing Crosby) en la adaptación al cine de la obra de Clifford Odet «La angustia de vivir» («The Country Girl»).

En 1955 estaba considerada como la segunda estrella más taquillera, después de James Stewart. Mientras trabajaba en su tercera película para Hitchcock, «Atrapa a un ladrón», que transcurre en la Riviera francesa, conoció al Príncipe Rainiero III, gobernante del pequeño principado de Monaco, a través del editor de «París Match», Pierre Galante, el marido de Olivia de Havilland.

Su compromiso matrimonial se anunció seis meses más tarde, pero antes tuvo que volver a Hollywood para radar «El cisne» («The Swan») y «Alta sociedad» («High Society»), una versión musical de «Historias de Filadelfia» («The Philadelphia Story»), con Bing Crosby y Frank Sinatra. La boda tuvo lugar en Mónaco el 18 de abril de 1956, y la ceremonia fue uno de los hechos más espectaculares y ávidamente cubiertos por la prensa del siglo.

A los veintiséis años, después de sólo once películas, la Princesa Grace se retiró de la pantalla. Se dedicó a su marido y sus hijos, la Princesa Carolina (nacida en 1957), el Príncipe Alberto (nacido en 1958) y la Princesa Estefanía (nacida en 1965), a la vez que presidía obras de caridad internacionales y actividades culturales. Desde 1976 hasta 1981 ocupó un cargo en la junta de directores de la 20th Century–Fox.

El romance de cuento de hadas de la «Princesa americana» tuvo un trágico desenlace el 14 de septiembre de 1982, cuando murió de una hemorragia cerebral un día después que ella y su hija Estefanía sufrieran heridas en un accidente de coche en las montañas del principado.

Copyright de las notas de producción de "La ventana indiscreta" © 1984 Universal Pictures, Universal Classic, Cinema International Corporation. Reservados todos los derechos.

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Hay un momento para echar la vista atrás, recordando las condiciones en que nosotros, la especie Homo sapiens, emprendimos nuestra andadura. Hay un momento para explicar lo que fuimos, en el plano científico y cultural, e imaginar lo que seremos, más pronto que tarde. Tú y yo. Ustedes que nos leen y los que escribimos a este lado de la pantalla. Hay, en fin, un momento para explicar el trabajo de los paleontólogos ‒los historiadores de la vida‒ y sumarlo al de tantos otros investigadores que comprueban cómo la cultura altera nuestro recorrido social y evolutivo. Sabios que rastrean las civilizaciones en que se escindió la humanidad. Expertos que nos hacen partícipes de creencias y costumbres, creaciones artísticas y avances tecnológicos. Entre todos, definen una sutil conexión que que nos mantiene unidos desde hace... ¿cuánto tiempo ya? ¿165.000 años? ¿315.000?

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¿Sabe lo que le digo? Queremos observar con usted ‒contigo‒ cada detalle del mundo que nos rodea. Queremos recorrer la historia de la biosfera y explorar las huellas más nobles que hemos dejado en el planeta: nuestra cultura científica, nuestro arte y nuestro legado intelectual.

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