"Gosford Park" (Robert Altman, 2001)

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Hace más de una década, Robert Altman, uno de los más destacados directores cinematográficos norteamericanos, viajó a Inglaterra por primera vez para realizar un singular film coral con un reparto absolutamente extraordinario.

Estamos en noviembre de 1932. Godsford Park es la magnífica mansión campestre en la que Sir William McCordle y su esposa, Lady Sylvia, reúnen a familiares y amigos para una partida de caza.

Han invitado a un grupo variopinto, entre los que se cuentan una condesa, un héroe de la Primera guerra mundial, el ídolo de masas Ivor Novello, y un productor de cine norteamericano que realiza las películas de Charlie Chan.

Mientras los invitados se congregan en las doradas estancias de arriba, sus sirvientes y ayudas de cámara personales se incorporan a las filas de la servidumbre de la gran casa, a lo largo de las incontables cocinas y pasillos de abajo.

Sin embargo, no todo es lo que aparenta ser; ni entre los enjoyados huéspedes que almuerzan y cenan a sus anchas, ni en las habitaciones del ático y lugares de trabajo donde los criados procuran por el bienestar de sus amos.

En parte comedia de costumbres, en parte film con misterio, la cinta resulta en definitiva una emocionante exposición de hechos que tienden un puente entre generaciones, clases sociales, sexos, y trágicas historias personales, para culminar en un asesinato (¿o son dos?) Exponiendo, en definitiva y muy claramente, las complejas relaciones entre los mundos de arriba y abajo, Gosford Park ilustra una sociedad y un estilo de vida que se precipita hacia su desaparición.

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Cómo se hizo

El productor Bob Balaban recuerda: “Hace dos años, lo único que tenía era el germen de una idea cinematográfica, una de aquellas que creí idónea para que la dirigiera alguien como Robert Altman. Ambos empezamos a hablar acerca de realizar aparentemente una película con asesinato que resolver, ubicada, como es tradicional, en la década de los años treinta, que transcurriera en una típica mansión rural inglesa durante varios días, y que estuviera vista por entero desde el punto de vista de la servidumbre.

Al poco de realizar el film, Robert Altman añade: “Creo que dije: ‘Nunca antes he afrontado una película con asesinatos pese al hecho de haber realizado filmes de casi todos los géneros’. Me encanta coger los géneros y girarlos del revés un poco, enfocarlos de modo distinto. Empezamos a hablar y estudiar todo tipo de materiales, incluyendo las novelas de Agatha Christie, y ninguno nos parecía del todo adecuado.

Sin embargo, la película surgió de todo ello: en realidad, no deseaba hacer un whodunit sino más bien un “se hizo esto.” Queríamos tratar ciertos aspectos sociales propios de la época. En un primer momento, situamos la acción en 1934 o 1935, sin embargo, luego decidimos que no convenía que el ascenso de Hitler al poder lo presidiera todo, por lo que nos situamos un poco antes de aquel acontecimiento, en 1932. Por otro lado, me siento atraído por esa época porque yo ya había nacido y constituye para mí un marco de referencia directo en lugar de significar un tiempo sólo conocido por los escritos de cualquier otro.”

El guionista Julian Fellowes estaba ya trabajando con Balaban en otro guión.

Cuando éste último le presentó a Altman y lo introdujo en las discusiones que mantenían acerca de Gosford Park, Fellowes se sintió cautivado por el potencial de aquella idea, por colaborar en el proyecto, y por el lugar que éste ocuparía en la obra de Altman:.

“Creo que lo que le interesa a Bob [Altman] de los proyectos cinematográficos son las historias en las que la gente ha de compartir un lugar geográfico por puro azar y no por decisión emocional: por ejemplo, la fiesta con motivo de una boda familiar [como en A wedding (Día de boda, 1978)], o la variedad de individuos que emplea un estudio de Hollywood [como en The Player (El Juego de Hollywood, 1992)].

En esas situaciones, sitúa a los personajes manteniendo una convivencia no necesariamente deseada y, por tanto, éstos casi siempre albergan intenciones y proyectos del todo distintos respectivamente.” “A Bob se le ocurrió que una reunión en una mansión inglesa allá por los años 30 llevaría por sí misma a esto.

Para él, una situación con servidumbre y amos propicia un rico retablo de gente cuyas vidas son absolutamente distintas así como sus metas, todos bajo un mismo techo.

La película se enfocaría desde la perspectiva de los criados, y como deferencia a Ágata Christie y a todo el género devoto a los misterios que acaecen en mansiones campestres, Altman decidió que había de ser un asesinato lo que actuara como instrumento para impedir que cualquiera de los huéspedes partiera de la casa.

Tuve que dar vida a los personajes y sus historias para desarrollar plenamente esta idea.

Me resultaba familiar el modo en que se gobernaban estas casas en aquellos tiempos, y Bob tenía muy claro que el film debía tomar inspiración de la absoluta realidad.

Por ejemplo, quería que fueran correctos todos los detalles, tanto arriba como abajo, acerca de las distintas actividades que se llevaban a cabo en una casa del tipo de la de Gosford Park.

Una de las primeras decisiones que se tomaron con objeto de garantizar la base real del proyecto, fue que Gosford Park se rodara en el Reino Unido y con actores británicos casi en su totalidad.

Cuando a finales del verano del año 2000 se dio a conocer el proyecto, podría haber parecido extraño para algunos que un director cinematográfico eminentemente norteamericano explorara asuntos tan absolutamente ingleses.

¿Era el hombre adecuado para indagar en las clases sociales de Gosford Park y en todo aquello que les separa el realizador que había captado con tanta precisión el emergente escenario de la música country de Nashville y la aislada e inaccesible fortaleza de la industria cinematográfica en El Juego de Hollywood? Como dice Alan Bates (encarnando a Jennings, el mayordomo de Gosford Park): “No me parece nada extraño porque Robert es un gran maestro del matiz, las actitudes, la atmósfera, y el estado de ánimo. Estos extremos son tremendamente potentes en cada una de sus películas.

Al fin y al cabo, este film habla de personas, y se ha rodado bajo su atenta y maravillosa mirada. Siempre me ha parecido que Robert entiende la vida; nos observa a todos permanentemente, y se muestra ocurrente con sutileza. Se trata de una cualidad excelente.” Con gran empuje, la preproducción dio comienzo a finales del año 2000 presidida por la prioridad de lograr un reparto de conjunto de primera magnitud.

Aún siendo ésta una de las normas de muchas películas de Robert Altman, en esta ocasión el grueso de actores estaba al otro lado del Atlántico.

El productor David Levy, un socio del director desde hace mucho tiempo, lanza todo tipo de elogios hacia la Directora de reparto Mary Selway por su contribución: “Posee un gusto extraordinario y conoce a todo el mundo en Londres.

Nunca antes había estado en una situación donde cada uno de los actores que cruzaba el umbral de la puerta fuera interesante, vital, y carismático.” Levy añade: “Éste no era el proyecto adecuado para el tipo de actor que tiende a contar cuántos diálogos tiene, ni Bob su director.

Por otra parte, si se muestran predispuestos a un acto de fe y se dan cuenta de que, como intérpretes, pueden tener mucho que decir en cuanto hacia dónde evolucionan sus respectivos personajes, y se avienen a una relación de colaboración con Bob, entonces se verán compensados con creces.” Como resulta habitual en todo reparto coral de Altman, éste se enriquece al integrar gran número de talentos entre los que se hallan tanto verdaderos iconos del oficio como rostros nuevos.

No hay nada parecido a una Dame, y Gosford Park tiene dos: Maggie Smith y Eileen Atkins (ésta última, con una larga trayectoria vinculada a los contrastes entre las clases de arriba y de abajo, pues ha creado, junto a la actriz Jean Marsch, la serie dramática de la televisión británica Upstairs Downstairs (Arriba y Abajo, 1971), hace ya tres décadas.) Sumándose a las Dames, hallamos dos Sirs: Michael Gambon y Derek Jacobi.

Entre los relativamente nuevos actores reclutados, están Claudie Blakley y Camilla Rutheford.

Altman estaba ciertamente encantado con los actores que se sumaron al proyecto: “Pienso que ello se debió a la estrecha ligazón que el oficio de la interpretación tiene con el teatro en el Reino Unido, y creo que los actores en sí mismos entienden generalmente el trabajo de conjunto y responden a él.” De hecho, en una película de Altman, la interpretación coral deviene gratificante e incluso puede ser menos estresante para los actores.

Richard E. Grant, quien ya había trabajado en dos ocasiones con Robert Altman, y que encarna en Gosford Park a George, el primer asistente, nos comenta: “Se trata de un estudio acerca de las actitudes y las maneras, donde las historias individuales quedan atrapadas de algún modo en la visión de conjunto, lo que alivia mucho a todos dado que tenemos la certeza de que no hay nadie que tenga que pagar el pato. Se trata de un proceso tan democrático y participativo como cualquier otro que haya afrontado.”

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Clive Owen (encarnando al ayuda de cámara Robert Parks que acompaña a uno de los invitados) añade: “Gosford Park es un clásico de Robert Altman, se trata de una pieza coral en que se entrelazan las partes. Todos albergan sus particulares objetivos e intereses, todos se expresan con sus líneas de diálogo. Resulta denso y brillante. En algunos momentos, era como si estuviéramos haciendo teatro, pues todo el mundo estaba en el plató a diario, y uno acababa por aparecer en escenas en las que el guión no lo contemplaba siquiera siendo perseguido por la cámara. Robert trabaja de un modo muy fluido; el secreto está en la perspectiva que emplea en cada cosa; cada día íbamos para tomar parte en un trabajo genuinamente coral.”

Igual que en repartos de conjunto previos, Altman organizó el modo en el que cree que los actores y él mismo pueden trabajar unidos, lo que puede implicar hacerlo sin guía alguna: “Los personajes de Gosford Park tenían muy pocas instrucciones. Hay ciertas cosas que acontecen en la trama y la mayoría de los actores leían el guión y acudían preparados, sin embargo, yo no decía ‘Así es cómo debe hacerse.’ Los actores disponen de una completa visión de sus respectivos personajes en su cabeza, y no es mi deseo reducir ello a un pequeño pedazo de pastel.

Hay mucha gente [en un proyecto] que se mantiene fiel a lo indicado y observa cómo vamos cumpliendo con los elementos de la trama, sin embargo, si me limito a rodar para conseguir sólo eso, entonces me estoy equivocando de objetivo.

Lo que auténticamente quiero ver en un actor es algo que nunca haya visto con anterioridad, por lo que me resulta imposible decirles qué es ello.

Normalmente, hacemos varias tomas, aun siendo la primera de ellas extraordinaria, porque lo que en realidad espero que se produzca es una “equivocación.” Soy de la opinión que muchos de los momentos verdaderamente grandes en mis películas no se han planificado.

Han sido cosas que ocurrieron y pensamos: ‘¡Oh! Mira esto; ¡incluyámoslo!’ Es ahí donde estamos activando los auténticos resortes para sintonizar con el público, pues lo que quiero de todos cuantos vean Gosford Park es que vibren al reconocer lo auténtico.” Una vez que los integrantes del reparto se vieron en el plató trabajando con Robert Altman por primera vez (lo que es cierto para la mayor parte de la troupe) se sorprendieron como participantes activos en un estilo de rodaje que les estimuló tanto como les fascinó.

Kristin Scott Thomas (encarnando a Lady Sylvia McCordle, esposa de Sir William McCordle, propietario de Gosford Park) comenta: “El modo en que hemos trabajado aquí ha sido muy distinto con respecto a muchos otros filmes, donde una se prepara y sabe exactamente qué va a hacer. No ensayábamos, ¡sencillamente hacíamos acto de aparición! Robert metaforizaba esto como lanzar perlas a un suelo de parquet: veríamos quién iba a chocar con quién y el modo en que todo ello encajaría. Resulta de lo más creativo en cuanto a que se nos permite arriesgarnos e intentar cosas que no sabemos si funcionarán. Robert ha dado en el clavo en el reparto, el guión y en el modo improvisado en que nos ha dirigido con miras a crear un auténtico sentimiento de familia entre las tres hermanas [encarnadas por Scott Thomas, Geraldine Somerville, y Natasha Wightman] y sus maridos [encarnados respectivamente por Sir Michael Gambon, Charles Dance y Tom Hollander].

Copyright de texto e imágenes © USA Films, Capitol Films, Film Council, Sandcastle 5, Chicagofilms y Medusa Film. Cortesía de Lauren Films. Reservados todos los derechos.

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Hay un momento para echar la vista atrás, recordando las condiciones en que nosotros, la especie Homo sapiens, emprendimos nuestra andadura. Hay un momento para explicar lo que fuimos, en el plano científico y cultural, e imaginar lo que seremos, más pronto que tarde. Tú y yo. Ustedes que nos leen y los que escribimos a este lado de la pantalla. Hay, en fin, un momento para explicar el trabajo de los paleontólogos ‒los historiadores de la vida‒ y sumarlo al de tantos otros investigadores que comprueban cómo la cultura altera nuestro recorrido social y evolutivo. Sabios que rastrean las civilizaciones en que se escindió la humanidad. Expertos que nos hacen partícipes de creencias y costumbres, creaciones artísticas y avances tecnológicos. Entre todos, definen una sutil conexión que que nos mantiene unidos desde hace... ¿cuánto tiempo ya? ¿165.000 años? ¿315.000?

Quién sabe si ese interés por la naturaleza humana, en su increíble diversidad, es lo que te trajo hasta aquí. Ahora ya lo sabes: si nosotros hacemos cada día TheCult.es (Thesauro Cultural), es porque tú sientes esa curiosidad por los retos más desafiantes de la ciencia y la cultura. Quizá acabas de descubrir esta revista, buscando un dato que necesitas para la clase de mañana. O acaso usted ‒a quien le incomoda el tuteo‒ hace mucho que completó sus estudios, y nos sigue fielmente desde que nos asomamos a internet, allá por 2007.

¿Sabe lo que le digo? Queremos observar con usted ‒contigo‒ cada detalle del mundo que nos rodea. Queremos recorrer la historia de la biosfera y explorar las huellas más nobles que hemos dejado en el planeta: nuestra cultura científica, nuestro arte y nuestro legado intelectual.

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