Enseñar la vida

¿Qué hace un guapo ingeniero de raza negra convertido en profesor de una escuela de un suburbio de Londres? Sobrevivir.

Al igual que tantos y tantos profesores, Mark Thackeray no tiene vocación. Acude a realizar su trabajo porque “algo hay que hacer, de algo hay que vivir”. Su elegante atuendo, sus modales suaves, su voz templada, su paciencia, no serán precisamente señas de identidad comunes en esa escuela a la que asisten chicos faltos de esperanza. Ay, la esperanza. El pasaporte único que logra que los ojos se conmuevan con los libros y que las manos se apresten a construir ingenios que asombrarán al mundo. Ay, la esperanza.

En la escuela de Thackeray los profesores han olvidado el viejo secreto de los maestros antiguos. El arte de enseñar. Esa fórmula mágica, construida a través de los tiempos, a golpe de talento y sentido común, que logra el milagro de que un chaval aprenda, a pesar de sí mismo. Enseñar a los niños. Enseñar contra los niños.

Los alumnos de Mark Thackeray son insolentes, maleducados, faltos de ilusión, semianalfabetos. El espacio de la escuela está lleno de problemas escondidos, de madres enfermas, padres ausentes, pugnas internas, desolación, fracaso. La escuela del fracaso se construye así, a fuerza de ocultar las situaciones difíciles, a base de mentiras y de engaños. Nadie mira a los ojos. Nadie conoce a nadie.

Thackeray no sabe de pedagogía pero tiene clara una cosa: lo que hace no sirve. Tiene que construir una nueva forma de acercamiento, una reescritura, una representación que evite la huida de las mentes y no solo que contenga el conflicto.

Este es el nudo argumental de Rebelión en las aulas, la película inglesa de 1967, dirigida por James Clavell, cuya estrella, Sidney Poitier, se convirtió en el profesor que todos quisieran tener alguna vez en su vida.

Su título original, To Sir, with Love, es el mismo que lleva la canción que, al final del film, interpreta la famosísima Lulu, que da vida a una de las alumnas.

Si nos fijamos, desde el punto de vista de la pedagogía, del método que usa el profesor para lograr redimir a sus alumnos y mejorar su percepción de la vida encontramos tres ideas que dan sentido unitario a la actuación de Thackeray: el respeto a los alumnos; la identificación con ellos, a través de su propio pasado difícil de hombre hecho a sí mismo y la sustitución de los contenidos curriculares tradicionales por otros de carácter práctico de “hacer” más que de “saber”.

Nadie podrá decir que, en este sentido, la película no está plenamente de actualidad. Lo que dice mucho de la cinta y muy poco de la enseñanza, que aún sigue lidiando con la búsqueda del Santo Grial educativo.

Resulta encantador, por otra parte, observar los atuendos, los peinados, el estilismo, la música, el baile, de los sesenta. Ninguna otra película lo logra como esta. Ninguna otra puede trasladarnos ese espíritu de rebeldía consciente de los jóvenes de entonces, esa necesidad de distinguirse del mundo de los adultos, esa obsesión por formar parte de un grupo, por poseer unas señas de identidad que los refuerce como personas. El individualismo vendrá más tarde. En esos momentos, ellos son los jóvenes en plural.

Un hombre solo, Poitier en una de sus mejores interpretaciones; un grupo de atónitos profesores que no aciertan a entender el milagro; una clase de jóvenes desorientados, sin mala intención pero profunda y pertinazmente equivocados, es el escenario que permite el desarrollo argumental. Es también una excusa, o mejor, un ejemplo, de que enseñar es un arte, de que ser profesor no es solamente poseer conocimientos técnicos sino atesorar un talento único para que la huella de tu paso por la vida de los alumnos sea imborrable.

El final de la película es portentoso. Inocente, pero fílmicamente impecable. Sencillo y obvio, pero sentimental y emocionante. Mark Thackeray romperá en un gesto solemne y sin alharacas la carta de aceptación para un empleo de tercer ingeniero. Y lo hará tras comprobar in situ que hay muchos alumnos a los que educar todavía. Y siempre.

Sinopsis:

Mark Thackeray es un ingeniero de telecomunicaciones que obtiene un primer empleo como profesor en una escuela de un suburbio londinense. La clase que se le asigna está formada por adolescentes disconformes, maleducados y llenos de problemas. Los métodos pedagógicos del flamante profesor tendrán que adaptarse a una situación que parece irresoluble desde el principio.

Algunos detalles de interés:

To Sir, with Love es una película de 1967, dirigida por James Clavell y de nacionalidad británica, producida por la Columbia Pictures.

La música es de Ron Grainer y en ella se incluye la canción que se hizo muy famosa y que interpreta la cantante Lulu.

El guión estaba basado en la novela de E. R. Braithwaithe. La fotografía es de Paul Beeson.

En el reparto, encabezado por Sidney Poitier, figura un buen número de actores, pues, en cierto sentido, es una película coral y, en cierto sentido, multirracial: Christian Roberts, Judy Geeson, Suzy Kendall, Lulu, Christopher Chitell, Adrienne Posta, Gareth Robinson, Lynn Sue Moon, Anthony Villaroel, Richard Willson, Micheal Des Barres, Faith Brook, Geoffrey Bayldon, Patricia Routledge, Edward Burnham, Rita Webb, Fred Griffiths y Ann Bell.

Las películas basadas en la vida en las escuelas han sido muchas. Sin embargo, pocas conservan el encanto de mostrar, como esta, al tiempo que el uso de métodos pedagógicos distintos a los tradicionales, esa inocente rebeldía sesentera que tantos ríos de tinta ha hecho correr en la música y las artes en general.

Copyright © Catalina León Benítez. Reservados todos los derechos.

Caty León

Gaditana de nacimiento y crianza; trianera de vocación. Lectora y cinéfila. Profesora de Geografía e Historia y de Orientación Educativa. Directora del IES Néstor Almendros de Tomares (2001/2012). Como experta en organización escolar he publicado los libros La secretaría. Organización y funcionamiento y El centro educativo. Función directiva y áreas de trabajo, artículos en prensa (ABC: 12, 3, 4) y revistas especializadas, así como ponencias en cursos y jornadas.

En noviembre de 2009 recibí la medalla de oro al Mérito Educativo en Andalucía. En 2015 he obtenido el Premio “Antonio Domínguez Ortiz” por la coautoría del trabajo Usos educativos de la robótica. Una casa inteligente.

En el ámbito flamenco he publicado decenas de artículos en revistas como Sevilla Flamenca, El Olivo, Alboreá y Litoral, sobre el flamenco y las artes plásticas, la mujer y el flamenco, entre otras temáticas, así como varios libros, entre los que destacaría la primera incursión en la enseñanza escolar del flamenco, Didáctica del Flamenco, mi libro sobre El Flamenco en Cádiz y el ensayo biográfico Manolo Caracol. Cante y pasión (ver reseña en ABC), así como mi investigación sobre la Noticia histórica del flamenco en Triana. Conferencias, jornadas, jurados, cursos de formación, completan mi dedicación al flamenco. En 2015 he sido galardonada con el Premio de Honor “Flamenco en el aula” de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía.

Por último, la literatura es mi territorio menos público pero más sentido. Relatos, microrrelatos, cuentos, poemas y una novela inédita Tuyo es mi corazón. I Premio de Relatos sobre la mujer del Ayuntamiento de Tomares, en su primera edición. Premio de Cuentos Infantiles de EMASESA en 2015 por Hanna y la rosa del Cairo.

En mi blog Una isla de papel hay un poco de todo esto.

Sitio Web: unaisladepapeles.blogspot.com.es/

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