Elefantes, martinis y canciones de amor

Imagino la cara que debió de quedársele a Hrundi V. Bakshi cuando, después de ser expulsado del rodaje de una película que supuestamente tenía lugar en el desierto (que es un sitio lejano, con mucha arena, donde no se usan relojes de pulsera), recibe una invitación del productor de la misma para una fiesta en su mansión de las afueras de Hollywood.

No lo he hecho tan mal, pensaría. Al fin y al cabo, cualquier puede cometer un error…o dos.

En este caso el error era la voladura anticipada de los estudios donde se rodaba la película en cuestión. Miles de dólares gastados en humo. Los estudios son, por supuesto, los de la Warner Bros. la productora de la película que se está rodando y la de The Party, que es la película sobre la que escribo.

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Cine dentro del cine, como se dice. Cine cómico dentro de cine histórico. El caso es que Bakshi, con un enorme parecido a Peter Sellers pero con el rostro maquillado en el tono más oscuro que L´Oreal tenía en su despensa ese año de 1968, mientras en Francia Dani el Rojo y otros cuántos hacían la revolución y se convertían al flower power, decide aceptar la invitación y disfrutar del encanto de una fiesta nocturna en una casa maravillosa, con piscina interior, grandes habitaciones en torno a complicadas escaleras, camareros que pimplan más de lo debido y toda clase de personajes que rulan en torno a los canapés y las bebidas.

Una mansión al estilo de las que pueblan la Meca del Cine en la que todo el mundo busca hacer negocio. Las starlettes quieren una oportunidad. Los actores de segunda, asegurarse un papel. Los productores, ganar dinero. Y los directores conseguir el sueño de hacer la película de su vida.

Nada de esto es fácil si, merodeando por allí, está Bakshi-Sellers. El anfitrión del evento es Fred Cutterbuck (J. Edward McKinley) un productor de películas como lo son todos: ansioso por prosperar y poco respetuoso del trabajo de actores y directores. Su mimada esposa es Molly (Kathe Green). Por allí anda con cara angelical y una guitarra que ella tañe con delicadeza, la chica más guapa de la fiesta, Michele (Claudine Longet), que se pone de parte de ese actor patoso, risueño, educado y sencillo que comienza a liarla desde que entra en la casa y termina desencadenando una catarata de catástrofes.

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El papel de Sellers es delicioso. En el doblaje en español, debido a Simón Ramírez, se aprecia ese acento oriental que convierte su dicción en algo suave y melodioso. Es un tímido en medio de un acontecimiento social cuyo alcance desconoce. En realidad, lo desconoce todo de ese mundo, pues él es una persona insignificante, que nunca hubiera llegado a un sitio así y a un festejo así salvo por error. Y es que el error es el inicio de todo. Y la explicación máxima de lo que allí ocurre.

La película tiene una evolución muy estudiada en cuanto al desarrollo de los gags. Comienza suavemente y termina en plena ebullición. Es, desde luego, un gran homenaje a los genios del cine mudo, todos ellos llenos de bondad, ternura y de una risa contagiosa y sencilla. El gran Charlot, el Gordo y el Flaco, todos son modelos.

Las confusiones inocentes son la base de ese torbellino de problemas que el actor indio va provocando. Y hay momentos grandiosos, como el del surtidor, inspirado en una preciosa película de Jacques Tati, Mi tío, de 1958.

El romance existe en este paraíso del disparate, aunque modulado, elegante y sin estridencias. Con suavidad propia del director, Blake Edwards. Con estilo. El amor surge entre Michele, la guapa aspirante a actriz, francesa por más señas, cantante y guitarrista, que entona con una voz susurrante una canción que desarme a Sellers y que le confirma que su corazón, esta vez sí, no se ha equivocado.

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Sinopsis

Hrundi V. Bakshi es un actor de origen hindú, una especie de educado gafe, que, después de crear un enorme revuelo en el rodaje de una película debido a un error, se encuentra invitado, también por error, a una fiesta en casa del productor.

La forma de ser del actor y su encuentro en un medio hostil desencadenará toda una serie de situaciones cómicas.

Algunos detalles de interés

The Party, estrenada en España como El Guateque es una película estadounidense de 1968, de solo 99 minutos de duración (un metraje muy corto para una película de esa época), dirigida por Blake Edwards con guión del propio Edwards y de Tom y Frank Waldman. El gag con el que comienza el film es un guiño a los cinéfilos, pues toma como referencia el momento culminante del clásico Gunga Din (1939), de George Stevens.

La música, extraordinaria, genuina, genial, es del gran Henry Mancini, asiduo colaborador de Edwards en la saga de La Pantera Rosa.

La fotografía es de Lucien Ballard.

El reparto está formado por Peter Sellers, Claudine Longet, Marge Champion, J. Edward McKinley, Natalia Borisova, Fay McKenzie, Jean Carson, Al Checco, Corinne Cole y Dick Crockett.

Sellers, el protagonista principal, es un actor inglés que nació en 1925 y murió en 1980. Perteneciente a una familia de actores de teatro cómico, debutó muy joven en las tablas y trabajó también en la radio. Participó en un gran número de películas en el Reino Unido, donde consiguió fama y prestigio. Su participación en Lolita (1962) fue el comienzo de la mejor etapa de su carrera. A ella le siguieron importantes títulos como Teléfono Rojo: Volamos hacia Moscú (1964), dirigida por Kubrick, la saga de la Pantera Rosa en el papel de Inspector Clouseau, con Blake Edwards de director, desde 1964, y Qué tal Pussycat (1965), dirigida por Clive Donner, entre otros muchos títulos.

Su última gran película, en la que hacía un papel con cierto parecido al del actor de El Guateque, en cuanto a su inocencia e ingenuidad, es Bienvenido, Mr. Chance (1979), del director Hal Ashby.

Sellers la rodó un año antes de morir. Su personaje era un jardinero que solo conocía el mundo a través de la televisión, pero que poseía, sin embargo, un notable sentido común.

Copyright del artículo © Catalina León Benítez. Reservados todos los derechos.

Caty León

Gaditana de nacimiento y crianza; trianera de vocación. Lectora y cinéfila. Profesora de Geografía e Historia y de Orientación Educativa. Directora del IES Néstor Almendros de Tomares (2001/2012). Como experta en organización escolar he publicado los libros La secretaría. Organización y funcionamiento y El centro educativo. Función directiva y áreas de trabajo, artículos en prensa (ABC: 12, 3, 4) y revistas especializadas, así como ponencias en cursos y jornadas.

En noviembre de 2009 recibí la medalla de oro al Mérito Educativo en Andalucía. En 2015 he obtenido el Premio “Antonio Domínguez Ortiz” por la coautoría del trabajo Usos educativos de la robótica. Una casa inteligente.

En el ámbito flamenco he publicado decenas de artículos en revistas como Sevilla Flamenca, El Olivo, Alboreá y Litoral, sobre el flamenco y las artes plásticas, la mujer y el flamenco, entre otras temáticas, así como varios libros, entre los que destacaría la primera incursión en la enseñanza escolar del flamenco, Didáctica del Flamenco, mi libro sobre El Flamenco en Cádiz y el ensayo biográfico Manolo Caracol. Cante y pasión (ver reseña en ABC), así como mi investigación sobre la Noticia histórica del flamenco en Triana. Conferencias, jornadas, jurados, cursos de formación, completan mi dedicación al flamenco. En 2015 he sido galardonada con el Premio de Honor “Flamenco en el aula” de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía.

Por último, la literatura es mi territorio menos público pero más sentido. Relatos, microrrelatos, cuentos, poemas y una novela inédita Tuyo es mi corazón. I Premio de Relatos sobre la mujer del Ayuntamiento de Tomares, en su primera edición. Premio de Cuentos Infantiles de EMASESA en 2015 por Hanna y la rosa del Cairo.

En mi blog Una isla de papel hay un poco de todo esto.

Sitio Web: unaisladepapeles.blogspot.com.es/

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