Dos hombres y un destino: Gilgamesh y Enkidu

Dos hombres y un destino, la película de George Roy Hill con guión de William Goldman y protagonizada por Robert Redford y Paul Newman, es uno de los ejemplos más conocidos de las tramas de amistad: dos amigos que emprenden un viaje juntos.

Estas historias a menudo acaban mal, como en Dos hombres y un destino o Thelma y Louise, de Ridley Scott, que es en cierto modo una variación del guión de Goldman, pero ahora protagonizado por dos amigas.

Es un tipo de aventura, como dice John Truby en Anatomy of story, que se remonta a Gilgamesh y su gran amigo Enkidu. Truby no llega a comparar la epopeya sumeria de Gilgamesh con el guión de Goldman, pero yo creo que existe al menos una coincidencia interesante.

La epopeya de Gilgamesh está protagonizada por el rey Gilgamesh de Uruk, lo que queda claro desde el mismo título. Sin embargo, su rival y luego amigo, Enkidu, no es un personaje secundario, sino casi de la misma importancia.

Dice Truby que en las historias de compañeros (buddy stories), uno de los dos debe jugar un rol más importante que el otro, del mismo modo que sucede en las historias de amor. Esto, como todas las reglas generales, es discutible, y se podrían encontrar ejemplos en contra, desde Stan Laurel y Oliver Hardy (el Gordo y el Flaco) a las ya mencionadas Thelma y Louise.

En el caso de Dos hombres y un destino, la intención de Goldman era desde el principio que Butch y Sundance estuvieran a la misma altura, que fueran ambos protagonistas. No un héroe y su colega, sino dos héroes o dos colegas.

El problema en el momento de rodar la película era que Paul Newman era una gran estrella de Hollywood, mientras que Robert Redford era casi un desconocido. Eso hacía temer a Goldman y al director George Roy Hill que todo el mundo pensara que Redford era tan sólo, como diría Truby, “el amigo del protagonista”.

Para resolver este prejuicio inevitable que sin duda surgiría en el público, el director y el guionista decidieron aprovecharse de otro prejuicio, otro código que los espectadores obedecemos sin saberlo: el protagonista suele salir en la primera gran escena.

Así que Goldman presentó a Paul Newman al principio de la película, pero sin permitirle lucirse, y a continuación, escribió una gran escena para Redford: una larga secuencia de una partida de cartas en el típico salón del oeste, llena de tensión y primeros planos de Redford. Cuando el espectador ha quedado ya deslumbrado por Redford, Goldman y Roy Hill permiten que entre Paul Newman en el salón.

A partir de ese momento, al espectador no le queda duda alguna de que no está viendo una película de Paul Newman en la que sale Robert Redford, sino una película de Paul Newman y Robert Redford.

Con el paso de los años, la fama de Newman y Redford se ha convertido casi en equivalente, e incluso hubo momentos en los que Redford fue más famoso. Eso tal vez provoca ahora un cierto desequilibrio en Dos hombres y un destino, pues Redford, al fin y al cabo se ha quedado con la escena de lucimiento inicial, lo que hace que el espectador pueda pensar que es el verdadero protagonista.

La última vez que vi la película, me pareció, en efecto, que el papel principal era levemente de Redford, pero muy levemente. Porque, en realidad, Dos hombres y un destino es uno de esos ejemplos que niegan la regla de Truby que afirma que en las películas de amistad uno de los dos debe ser más protagonista. Creo que Butch Cassidy y Sundance Kid son como el Gordo y el Flaco o como Thelma y Louise: los dos son protagonistas absolutos de la historia.

En cuanto a La epopeya de Gilgamesh, es un relato del que se conservan diversas versiones en distintos idiomas. La más importante es la versión ninivita, que podría haber sido escrita por un tal Sinleke Unnenni.

Fuese Sinleke o cualquier otro, es curioso observar que al principio de la narración, al autor parece preocuparle algo parecido a lo que preocupó a Goldman y Roy Hill: Gilgamesh, no sólo daba nombre al relato, sino que había sido un rey legendario y, además, se había acabado convirtiendo en Dios inmortal. Sin duda todos los oyentes, al menos en las primeras etapas del relato, ya conocían a Gilgamesh como un gran héroe, pero apenas sabrían nada de ese tal Enkidu.

En consecuencia, cualquier oyente o lector de la epopeya pensaría inevitablemente que Enkidu jugaba un papel secundario. Para evitarlo, en la primera tablilla, tras un prólogo anticipatorio (que también recuerda al de muchas películas) en el que Gilgamesh aparece como un rey tiránico y malvado al que hay que poner freno, Enkidu se apodera del protagonismo y disfruta de varias escenas de lucimiento, en las que no falta el sexo con una prostituta, e incluso su transformación de bestia en ser humano, provocada precisamente por su relación con la prostituta. A partir de ese momento, Enkidu es ya casi un igual de Gilgamesh, no un simple secundario.

Gilgamesh y Enkidu luchan contra Humbaba

Eso sí, a diferencia de Dos hombres y un destino o Thelma y Louise, en La epopeya de Gilgamesh no mueren los dos héroes al mismo tiempo, y eso hace que Gilgamesh se haga, finalmente, con el protagonismo.

William Goldman cuenta sus problemas con la excesiva fama de Newman al escribir Dos hombres y un destino en Aventuras de un guionista en Hollywood.

La paradoja del hombre, Gilgamesh, que buscó en vano la inmortalidad y, sin embargo, acabó convirtiéndose en dios inmortal es un aspecto interesante de la epopeya, del que he hablado en la entrada La paradoja de Gilgamesh.

Copyright del artículo © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos.

Daniel Tubau

Nacido en algún lugar de Barcelona en algún momento del siglo XX, Daniel Tubau ha trabajado como guionista, director de televisión, profesor de narrativa audiovisual en lugares como la Universidad Carlos III, la Juan Carlos I, la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), y muchas otras. También ha trabajado en productoras como Globo Media y ha escrito guiones o dirigido muchos programas y series de televisión.

En su juventud, Daniel Tubau escribió algunos libros extravagantes, como La espada mágica, uno de los primeros libros hipertextuales, Deep Purple, que tiene el mérito de haber sido escrito por alguien al que no le gustaba demasiado el rock duro, o diversos cuentos de terror en la Biblioteca Universal del Misterio y Terror.

Tras su fracaso como escritor precoz, Daniel Tubau se lo pensó durante un tiempo hasta que publicó de nuevo, dedicándose a su profesión de guionista y director, o periodista en El independiente. Finalmente, ya en el siglo XXI, Tubau empezó a publicar cuentos, ensayos y novelas, como Las paradojas del guionista, editado en Alba editorial, que es un perfecto complemento de El guión del siglo 21; o La verdadera historia de las sociedades secretas, Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), Elogio de la infidelidad, ambos en la editorial Evohé, o Nada es lo que es: el problema de la indentidad, en la editorial Devenir, un ensayo que ganó el Premio Ciudad de Valencia en 2009.

Asimismo, es autor de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes (Ariel, 2015) y El espectador es el protagonista (Alba, 2015).

Sitio Web: wordpress.danieltubau.com/

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