Chasing Pumares

Imagínense un mundo con otras reglas. Un mundo en el que no pueden dejar de encontrarse a Carlos Pumares en los rincones más inesperados.

Esta extraña circunstancia se da en la ciudad más bella del mundo al menos en dos ocasiones al año. Una de ellas es el Festival Internacional de Cine de Donostia-San Sebastián.

Durante las casi dos semanas que dura este evento cultural, las fuerzas cósmicas y telúricas que se concentran alrededor del monte Urgul renacen ante la llegada de los Sacerdotes de lo Bizarro, entre los que se cuentan críticos de cine, actores, cineastas o fans, sin excluir a aprovechados y vividores.

En el Festival de este año, los fenómenos paranormales no han sido menores, como han podido comprobar los bravos enviados especiales. A continuación, les relataremos algunos de los espeluznantes hechos, en una información sin precedentes. Toda una Antología del Interés.

1) Cinco minutos después de llegar a la ciudad, tras un largo viaje en tren, encontramos al primer conocido. En una alucinada serie de encuentros, los cronistas no dejan de encontrar ex-compañeros de facultad. La casualidad no es una opción.

2) La ciudad que hallamos es parecida a San Sebastián, pero un posible error en Matrix nos ofrece la experiencia de un Donosti soleado, con 34 grados de temperatura en pleno septiembre y, lo más alarmante, la playa de La Concha superpoblada de bañistas, en lo que parece una versión cantábrica de Fuengirola.

3) Constatamos que la jerarquía dentro de los Sacerdotes de lo Bizarro se perpetúa, con el tradicional uso de acreditaciones de todos los colores posibles. Uno de los Portadores de la Suprema Acreditación, anterior conocido nuestro (y antiguo hermano de color), no se digna a dirigirnos la palabra a unos simples “acreditación verde”. Agradecemos esta actitud.

4) La superpoblación de Bizarros o bien la falta de organización deja sin casillero a los enviados de The Cult. Sin duda, las razones son más poderosas y ocultas. ¿Qué se esconde detrás de la enorme colmena de puertecillas metálicas? ¿Quién coloca los kits de prensa, camisetas e invitaciones a fiestuquis gratuitas? Nuestra teoría tiene que ver con otras dimensiones y agujeros de gusano.

5) El hecho más inquietante de todo el Festival se da en la actividad diaria de algunos Bizarros. Personas que en la ciudad más bella del mundo, en pleno Casco Viejo, con el mar ante ellos y con un goce potencial sin límites, se dedican a encerrarse en salas de cine durante todo el día, sin apenas tiempo para comer los extraordinarios bocadillos del establecimiento Juantxo (otro suceso paranormal y gustativo) ni charlar con los geniales donostiarras, eligiendo en cambio hablar sin cesar de cine con colegas de religión Bizarra.

6) Los hechos absurdos nos llegan en forma de cuchicheos. Escuchamos de primera mano la narración de cómo uno de los directores marroquíes de la sección Entre Amigos y Vecinos se tiene que quedar a dormir en una de las salas de los cines Príncipe. No obtenemos confirmación de tan dudoso rumor.

7) Las psicofonías resuenan en cada rincón del Hotel María Cristina, centro neurálgico de los visitantes del Festival. Rumores de tambores y consignas repetitivas atormentan a los prestigiosos huéspedes. En este caso hay explicación racional, las reivindicaciones de los empleados del ilustre Hotel. Algunos pasquines muestran a un Harvey Keitel despistado al lado de los manifestantes, intentando convencernos de un improbable apoyo del Señor Lobo a los trabajadores.

8) Ocurrió en 2004, pero aún lo recordamos diez años después. Entre vapores de dudosa legalidad, acudimos una madrugada al Hecho Extraordinario en sí, la proyección de Tánger, primer film del prestigioso escritor Juan Madrid. Entre estupor y carcajadas asistimos a la invocación de los espíritus de Ed Wood, Manuel Esteba o William Burroughs.

9) Para muchos, el Fallo del jurado es el hecho más absurdo del festival, con divertidos abucheos incorporados, pero para nosotros, lo es acudir a la fiesta organizada para los Bizarros. Una repentina lluvia de caspa inunda el precioso Palacio de Miramar cuando abren sus puertas varios autocares repletos de muertos de hambre, vestidos de punta en blanco. Una mujer obesa, dentro de un precioso y caro vestido, atropella a uno de nuestros cronistas derramándole una copa de vino encima. La razón: una bandeja de canapés.

Estos peligrosos objetos, quizá malditos por las fuerzas espirituales del antiguo edificio, convierten en poseídos sin alma a los más sofisticados miembros de la burguesía donostiarra y a los Sumos Sacerdotes de la Bizarrez.

10) Esta apoteosis de gula descontrolada, alcoholismo no disimulado, bailes alterados y jóvenes camareros hasta las pelotas es la erupción final, la catarsis de una serie de acontecimientos terroríficos, que estamos deseando volver a experimentar en próximas ediciones.

(Nota final: Año tras año, se vuelve a repetir un fenómeno inevitable, consistente en una lluvia torrencial el día que los cronistas abandonan la ciudad. ¿Se trata de algún tipo de mensaje?)

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

 

Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

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