"Chandú el Mago" ("Chandu the Magician", 1932)

Hubo un tiempo en el que la fantasía y la diversión no estaban mal vistas, un tiempo de héroes impolutos, malos megalómanos y elegantes, exotismo soñado, peligros imposibles, romance, humor, estética y nada de cinismo.

Chandú el Mago (1932) pertenece a ese tipo de escapismo del que ha bebido y sigue bebiendo la industria del ocio, pero con la pureza de no haber pasado por revisiones, reconstrucciones o enfoques adultos. Es pulp sin cortar, y toda una delicia para cualquier soñador con ganas de huir un rato de la tediosa y aterradora realidad actual.

Dirigida por Marcel Varnel y William Cameron Menzies, la huella de este último es evidente en la puesta en escena de la película, rebosante de hallazgos visuales: cámaras que vuelan hacia el corazón de templos abandonados y guaridas del mal, como si se tratase de una moderna película de El Señor de los Anillos, uso de perspectivas forzadas, sombras imposibles, decorados fantásticos… En fin, todos esos toques de un mago cinematográfico al que convendría reivindicar más, y cuyo talento ha sido esencial en películas tan únicas como El Ladrón de Bagdad (1924), Duelo al sol, Lo que el viento se llevó o Los invasores de Marte (1953).

Chandú el Mago es la adaptación de un programa radiofónico muy popular en la época. Dicha radionovela fue ideada por Harry A. Earnshaw y R. R. Morgan, y se emitió entre 1932 y 1935.

En el atropellado guión de la película se nota que estamos viendo un serial “condensado”. Eso no quiere decir que el film no sea ágil: es más, resulta refrescante que los personajes se presenten de una manera brevísima (quizá se diera por hecho que el espectador ya debería conocerlos de la radio). Si el film tuviera un remake en la actualidad –los dioses no lo quieran–, nos tocaría “tragarnos” una narración de hora y pico sobre los orígenes de Chandú. En cambio, aquí no hay explicación de por qué el héroe se dedica a combatir el mal usando el hipnotismo. Como mucho, hay una introducción de apenas cinco minutos en la cual el mago aprende unos cuantos trucos entre yoguis del Lejano Oriente.

La trama, repleta de secuestros y peripecias, es muy simple: Chandú (Edmund Lowe) intenta proteger a su familia y al Mundo, así en general, del pérfido y megalómano Roxor (Bela Lugosi en su mejor momento), quien dice ser descendiente del mismísimo Alejandro Magno, y que pretende destruir el mundo con un Rayo Mortal.

La mayor parte de la película transcurre en un imaginario Egipto repleto de templos abandonados, bellas mujeres y granujas malencarados. No faltará el secundario cómico de turno, un soldado borrachín al que Chandú hipnotiza para que tenga visiones cada vez que prueba el alcohol.

Chandú el Mago fue seguida por un serial de doce episodios protagonizado por ¡Bela Lugosi como Chandú! Llevaba por título The Return of Chandu (1934), y fue dirigido por Ray Taylor. A partir de ese metraje, se montaron dos filmes distintos, The Return of Chandu (1934) y Chandu on the Magic Island (1935).

Los amantes de joyas añejas y los creyentes en la diversión sin prejuicios no deben perderse Chandu el Mago. Hay muchas razones para ello, pero quédense con ésta: el sentido de la maravilla está presente en cada uno de sus fotogramas.

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

Es coautor del libro 2001: Una Odisea del Espacio. El libro del 50 aniversario (Notorius Ediciones, 2018).

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