Auge y caída de Freddy Krueger

Por obvias razones, Freddy Krueger se ha convertido en referente esencial del mejor cine de terror adolescente de los años 80. Este grotesco personaje, siempre debatiéndose entre lo terrorífico, lo repugnante y lo cómico, está ya situado en el Olimpo –o el Hades, según se mire– de los monstruos clásicos del cine.

La biografía de Fred Krueger lo convierte en el invitado ideal para un. Hijo bastardo de una monja violada por cien maníacos, Krueger tuvo una infancia perra que le llevó a convertirse en uno de los seres más malignos de la historia. Una vez llegado a la edad adulta, se dedicó a secuestrar niños y niñas que eran demencialmente asesinados con una invención propia de Freddy, un guante chapado en metal con cuatro cuchillos soldados a los dedos (exceptuando el pulgar) a modo de garras. Los cadáveres solían ir a parar a las calderas de la fábrica dónde trabajaba este psicópata.

Los padres afectados descubrieron al asesino. Recurriendo a la vieja Ley del Talión, quemaron vivo a Krueger dentro de su casa, el 1428 de Elm Street, en el pueblo de Springwood.

Poco antes de morir, los Demonios del Sueño se le aparecieron a Freddy, dándole la oportunidad se prolongar su matanza después de muerto.

Así, años después, Freddy ejercía su venganza, infiltrándose en las pesadillas de los hijos adolescentes de quienes lo quemaron. Controlando estos sueños, Freddy era invulnerable y omnipotente, y quienes morían en el sueño, nunca despertaban. El asesino se hacía fuerte alimentándose de sus miedos y de sus almas.

Hagamos un breve repaso a la carrera criminal post-mortem de Freddy Krueger.

Pesadilla en Elm Street (1984)

Escrita y dirigida por Wes Craven, un director irregular tirando a malo que aquí realizaba su mejor película, y de la que ha vivido durante años. Según nos quiere hacer creer, el personaje de Freddy está inspirado por sus investigaciones en torno a una extraña dolencia del sueño que luego alimentó con otras obsesiones.

En todo caso, esta Pesadilla es la mejor y la única realmente terrorífica, o al menos así nos lo pareció a todos los que la descubrimos en edades más tiernas. Los personajes son los típicos de estas películas, incluyendo a una virginal protagonista, Nancy (inolvidable Heather Langenkamp), hija de policía local (el gran John Saxon) como mandan los cánones desde la inaugural Halloween.

La cinta es recordada, entre muchas otras cosas, como el debut de un hombre que luego también llevaría objetos afilados en las manos, nada más y nada menos que Johnny Depp. Encarnaba al novio de Nancy, que acaba engullido por su propia cama y convertido en un geiser de sangre.

Freddy aún era Fred, y se trataba más bien de una presencia indefinida, que aparecía en unas pesadillas de toques surrealistas y tremendamente perturbadoras. Se jugaba con terrores adolescentes relacionados con lo grotesco, el sexo y la muerte, que impactaron con éxito en las retinas de los jovenzuelos de la época.

Respecto a esta mixtura psico-sexual, quedan para el recuerdo escenas como la de la bañera (plagiada luego en Trainspotting) o el primer asesinato, con la amiga de Nancy revolcándose en su propia sangre por paredes y techo, después de haberse revolcado con su novio.

Al final de todas las películas de Elm Street se acaba teóricamente con Freddy. El método en esta primera pesadilla es sacarle del sueño y darle para el pelo.

Pesadilla en Elm Street 2: La Venganza de Freddy (1985)

Considerada por la mayoría de los fans como la peor de la serie, esta película suscita dudas sobre si los responsables entendieron la primera parte o querían innovar.

Con los poderes debilitados, Freddy posee el cuerpo de un joven (Mark Patton, a medio camino entre Eloy Azorín y David Summers), miembro de una familia que se ha trasladado la casa de Elm Street, nada menos que seis años después de los acontecimientos de la primera parte.

En la casa hay extraños sucesos paranormales, como la explosión de periquitos que, junto a la aparición del diario de Nancy, iniciarán la nueva pesadilla.

La película está dirigida por Jack Sholder, quien dos años más tarde realizaría el film de culto Hidden. Poco pudo hacer este artesano con un guión en el que Freddy no era Freddy sino un chico poseído y donde no quedaban claros los poderes del asesino (¿mataba en sueños o fuera de ellos?).

Lo único destacable es el subtexto gay de toda la historia (bastante obvio en la ¿pesadilla? del entrenador) y la escena del autobús al infierno que abre y cierra la película.

La forma de acabar con Freddy, en esta ocasión, consiste en un beso por parte de la chica (un clon juvenil de Meryl Streep), que hace derretirse, literalmente, la parte mala del protagonista (según el subtexto, la parte homosexual) convirtiendo a Freddy en un charco viscoso.

Pesadilla en Elm Street 3 (Dreams Warriors) (1987)

Olvidándose de la terrible segunda parte, esta película retoma como protagonista a Nancy, ahora convertida en psiquiatra (especializada en terapia de sueño, claro). Nancy ayudará a unos chavales a enfrentarse a Freddy en sueños, en un antecedente de los guerreros de Matrix. Cada joven desarrollará un avatar onírico, transformándose uno en forzudo, otro en mago, otro en karateka...

Esta divertida secuela, la favorita para muchos, está dirigida por Chuck Russell, un director que posee una filmografía escasa pero variada, como el gozoso remake de The Blob (El Terror no Tiene Forma), La Máscara o El Rey Escorpión.

La serie admite aquí un nuevo giro, convirtiéndose más en una historia de aventuras gore-fantásticas, con un Freddy Krueger que se regodea en el humor negro, para delicia de los numerosos fans que tenía el personaje por entonces (por ejemplo, la cantante Alaska, que cantaba Mi Novio es un Zombie junto a una réplica de Freddy). Además, se daban explicaciones sobre los orígenes de Krueger con la aparición de su fantasmal madre monja.

Cabe destacar que esta secuela es la que tiene los personajes más memorables, incluyendo una casi debutante Patricia Arquette y el regreso de John Saxon, que protagonizaba una lucha contra el esqueleto de Freddy al más puro estilo Harryhausen.

En esta ocasión, la derrota de Freddy se producía al rociar su cadáver con agua bendita, siguiendo la tradición vampírica.

Pesadilla en Elm Street 4 (The Dream Master) (1988)

Realizada en pleno cenit de su popularidad, esta entrega es parte del trío favorito del fan (partes 1, 3 y 4). El director es el finlandés Renny Harlin, que hacía aquí su debut en el cine americano.

Renny Harlin es un director especializado en películas de acción bastante correcto pero que se ha quedado a un paso de la excelencia. Su matrimonio con Geena Davis le colocó en las revistas durante un tiempo, aunque las películas que dirigió para ella se saldaron con fracasos de taquilla, especialmente la estimable La Isla de las Cabezas Cortadas, que casi le cuesta la carrera. A destacar en su curriculum la segunda parte de La Jungla de Cristal y la comedia de culto Las Aventuras de Ford Farlaine.

En esta Pesadilla, Freddy resucita para acabar con los supervivientes de la tercera parte, y después de hacerlo usa a la pelirroja Alice (Lisa Wilcox) para que atraiga contra su voluntad a amigos suyos, a los que matará para quedarse con sus almas.

La película está dotada de un cierto estilo MTV (de la época, no el de ahora, los planos duraban más de medio segundo) a la que se hace referencia directa en una escena. Freddy era más humorístico si cabe, pero la historia presenta elementos bastante interesantes.

Alice tiene un espejo tapado con fotos de sus amigos, al ir muriendo, va quitando las fotos, viendo su propia imagen. De hecho Alice va adquiriendo las cualidades de todos sus amigos muertos, convirtiéndose en una guerrera del sueño. Destaca también una escena-bucle que se repite en varias ocasiones, todo un hallazgo para el mundo de la rallada cinematográfica.

En esta ocasión, Freddy verá su fin al ver su propia imagen en un espejo. Cuando lo hace, las almas que tiene en posesión se rebelan y le destruyen desde dentro, para luego volar hacia el cielo. No parece tan estúpido cuando se ve.

Pesadilla en Elm Street V (The Dream Child) (1989)

Aquí comienza la decadencia de Freddy. A pesar de todo, un esfuerzo para revitalizar la serie y origen de una polémica en Estados Unidos por abordar asuntos relacionados con el embarazo.

Freddy Krueger trata, en esta ocasión, de reencarnarse en el hijo de Alice, la superviviente de la anterior entrega. Vuelve a aparecer la mamá monja de Freddy y las muertes grotescas, como la del chico que se funde con su moto o la pesadilla de la chica anoréxica que es obligada a comer hasta reventar.

Esta es una de las secuelas menos recordadas, dirigida por Stephen Hopkins, un notable artesano al que se deben Depredador 2 o la muy interesante Los demonios de la noche. Lo más interesante de la película son los toques surrealistas, con decorados cercanos al universo de Dalí.

Pesadilla Final: La Muerte de Freddy (1991)

La productora de varios films de Freddy, Rachel Talalay, se ocupó de darle el finiquito a Freddy en esta decepcionante secuela. Springwood es ahora una ciudad sin niños ni adolescentes, un pueblo fantasma lleno de padres locos. Freddy intentará salir del pueblo usando a una mujer que resulta ser hija del asesino de la cara chamuscada.

El enfrentamiento final tendrá lugar cuando la mujer se introduce en la misma mente de Freddy, hecho al que asistiremos en tres dimensiones. Sí, con la película repartían unas gafas de cartón que nos permitían asistir a un tercer acto tridimensional, que no mejoraba un guión muy pobre y excesivamente autoirónico. Incluye un final bastante indigno que incluía simpáticos cameos de Johnny Depp o Rosseane Barr, por entonces muy popular.

Para matar definitivamente a Freddy, se recurría al método de la primera película, sacarle del sueño. Una vez fuera, el pobre Krueger era ensartado con toda clase de objetos punzantes y rematado con un cartucho de dinamita.

La saga de Krueger se completa con la serie de televisión Las Pesadillas de Freddy (1988-19990), en la que Freddy presentaba pequeñas historias de terror (algunas protagonizadas por él, la mayoría no) al estilo del Guardián de la Cripta. Una auténtica tontería.

No sería justo contar como secuela La Nueva Pesadilla de Wes Craven (1994), una especie de fallido experimento metanarrativo, en el que el Ego de Wes Craven era el protagonista. La historia iba sobre El Mal, que por un tiempo había sido representado por Freddy Krueger, y que ahora está enfadado porque ya no se hacían películas de este personaje. Wes Craven, Heather Langenkamp o Robert Englund hacen de protagonistas y de “ellos mismos” en una película inclasificable, con una especie de sosias de Freddy que lleva gabardina y luce cinco garras biomecánicas.

En cuanto a Freddy contra Jason (2003), uno no sabe si calificarla como una nueva parte de la saga, pero resulta cuanto menos un placer nostálgico volver a escuchar la canción infantil sobre Freddy, cantada por unas espectrales niñas vestidas de blanco que saltan a la comba en un juego posiblemente eterno.

Por motivos sobre los que no hace falta extenderse, me olvidaré del remake Pesadilla en Elm Street (2010), dirigido por Samuel Bayer. De hecho, creo que usted, lector, tampoco recuerda este retorno tan poco inspirado al mundo de Freddy.

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

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