Manuel Rodríguez Yagüe

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes (De viajes, tesoros y aventuras), el cómic (Un universo de viñetas), la ciencia-ficción (Un universo de ciencia ficción) y las ciencias y humanidades (Saber si ocupa lugar). Colabora en el podcast Los Retronautas.

Imagen superior. "Astronaut Academy", de Dave Roman. Emerald City Comic Con, Seattle, Washington.

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Más de treinta años después de su estreno, es difícil pasar por alto la influencia de Star Wars en el cine de ciencia ficción. Su masivo éxito popular y espectaculares imágenes pusieron punto y final a la larga lista de deprimentes filmes que el género había ofrecido en los años anteriores y directores y productores de todo el mundo se lanzaron a capitalizar la exigencia de los espectadores de una ciencia ficción escapista.

La década de los ochenta fueron años en los que la ciencia ficción de Hollywood redescubrió el negocio de las secuelas. Superman, Alien y Star Wars prolongaron sus éxitos de los setenta, mientras que Terminator o Regreso al futuro resultaron ser inversiones extraordinariamente rentables que iniciaron sus propias franquicias cinematográficas.

La primera película de Star Trek había nacido a la sombra de Star Wars y se apoyaba en sus largas secuencias de efectos especiales. La segunda, La ira de Khan recuperaba lo mejor de la serie televisiva original, utilizando la ciencia ficción como fondo para reflexionar sobre la naturaleza humana. Star Trek III buscó un equilibrio entre las dos anteriores, mezclando la space opera, la filosofía y los efectos especiales.

Misión salvar la Tierra fue la cuarta entrega cinematográfica de la serie basada en el programa televisivo de Star Trek (1966-1969). La primera de ellas, Star Trek: La película (1979) había sido una cara extravagancia que había decepcionado a los aficionados; la segunda, La ira de Khan (1982), bajo la batuta del director Nicholas Meyer, supuso una muy considerable mejora en cuanto al argumento y los personajes, logrando reconciliar a éstos con su ya madura edad.

En Star Trek III: En busca de Spock (1984), Leonard Nimoy había pasado a ocupar la silla del director de la vertiente cinematográfica de la franquicia. Su visión le llevó a alejarse de las aventuras galácticas que habían constituido el espíritu de la serie televisiva de los sesenta. Dio en cambio más relevancia al humor y, con el fin de satisfacer a los fieles aficionados, mantuvo inalterado el compacto reparto de viejos amigos que llevaban viajando en la Enterprise casi veinte años.

Star Trek llegó con esta película a la década de los noventa. La tripulación original ya está en las últimas y su reemplazo, extraído de las filas de Star Trek: La nueva generación, exigen convertirse en titulares. Es el momento del canto del cisne para el reparto original que dio forma al sueño de tantos aficionados. Y, por fortuna, lo hizo con una película que rompió la racha de cintas mediocres que ya empezaban a acumularse en su haber.

Hace ya mucho tiempo que el universo de Star Trek se convirtió en una región autónoma dentro de la ciencia ficción, con sus propias reglas y tópicos, su lenguaje, sus héroes y villanos, iconos y mundos. Y, sobre todo, sus aficionados.

Teniendo en cuenta que en su emisión televisiva original de los sesenta (1966–1969), Star Trek registró unas cifras de audiencia mediocres, resulta notable que el paso del tiempo la haya convertido en una de las franquicias más populares y lucrativas de la historia.

Quizá haya transcurrido ya el suficiente tiempo como para poder afirmar que 2009 fue un año excelente para la ciencia ficción cinematográfica. En ese periodo de doce meses se estrenó un buen número de películas del género, que destacaron no sólo por ofrecer una notable calidad, sino por su diversidad temática: Moon, Avatar, Watchmen, La carretera, Distrito 9, Los sustitutos, Pandorum, Más allá del tiempo, 2012, Splice: experimento mortal, Señales del futuro, Daybreakers, Terminator Salvation, Las vidas posibles de Mr. Nobody, Astro Boy, Preguntas frecuentes sobre viajes en el tiempo, Push…

Star Trek (1966–1969) es hoy un clásico del género. Aunque en su emisión inicial no disfrutó de un gran éxito y fue rápidamente cancelada por la cadena, creció hasta convertirse en algo verdaderamente grande, un fenómeno multimedia e intergeneracional que ha propiciado cuatro series de televisión, once películas e incontables productos derivados, desde fan fiction hasta merchandising pasando por cómics, novelas, videojuegos…

Aunque el capítulo final de Star Trek: La nueva generación ofrecía una excelente conclusión a la serie, no fue el final definitivo de la historia. Seis meses después, Star Trek: Generaciones (1994), la séptima película de la franquicia pero la primera en estar protagonizada por el reparto de LNG, llevó a la tripulación de la Enterprise a continuar sus aventuras en la gran pantalla.

Al comenzar su séptima temporada, Star Trek: La nueva generación estaba en boca de todos, incluso la de la Academy of Television, Arts And Sciences, que por fin se dignó reconocer la valía del programa nominándolo a Mejor Serie Dramática (perdió ante Picket Fences). El interés del público estaba en su mejor momento y no decayó en absoluto cuando Paramount anunció que esa séptima sería su última temporada y que en noviembre de 1994 se estrenaría la primera película: Generaciones.

Durante la sexta temporada de Star Trek: La nueva generación, llegó también el momento del lanzamiento del esperado spin-off: Star Trek: Espacio Profundo Nueve, que se estrenó en enero de 1993.

Hacia el final de la cuarta temporada, Star Trek: La nueva generación ya era todo un éxito. Las cifras de audiencia no hacían más que crecer, rompiendo nuevos récords. Aunque no era una serie emitida por una cadena puntera sino que su sindicación hacía que los episodios los ofrecieran una multiplicidad de emisoras en diferentes días de la semana, LNG se había convertido en una de las joyas de la televisión.