Manuel Rodríguez Yagüe

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes (De viajes, tesoros y aventuras), el cómic (Un universo de viñetas), la ciencia-ficción (Un universo de ciencia ficción) y las ciencias y humanidades (Saber si ocupa lugar).

"Perdidos en el espacio" (1965)

Hay una ironía implícita en ciertos títulos, como el de esta serie norteamericana. Durante su emisión inicial, que constó de tres temporadas con un total de 83 episodios, fueron alternándose diversos grados de éxito y fracaso creativos, ofreciendo una clara indicación del dilema al que se ha tenido que enfrentar la ciencia ficción desde sus inicios, a saber: ¿debe tener más peso la ciencia o la ficción? ¿Aventura, Emoción y Miedo o Física, Química y Matemáticas?

¿Qué se puede decir de King Kong que no se haya dicho ya? Es sin duda una de las películas de ciencia ficción más conocida de todos los tiempos y su criatura, el rey Kong, un icono cultural que sirvió de modelo para otros muchos monstruos gigantes en años venideros, desde El monstruo de los tiempos remotos (1953) y Godzilla (1954) hasta Parque Jurásico (1993).

Los años centrales de la década de los sesenta supusieron una travesía del desierto para los aficionados a la ciencia ficción cinematográfica. Tras diez años de éxito, las adaptaciones de obras de Julio Verne y H.G. Wells que comenzaran con 20.000 Leguas de Viaje Submarino (1954) ya habían completado su recorrido y los estudios volvían a mostrarse reacios hacia un género que, en el fondo, seguían considerando propio de la serie B.

Chris Foss

El británico Chris Foss fue uno de los nombres más importantes en la ilustración de ciencia ficción durante la década de los setenta. Sus portadas para novelas del género ayudaron a vender incontables ejemplares de ediciones en tapa blanda e inspiró a una legión de imitadores.

Los seriales radiofónicos de CF tienen una larga tradición que se remonta a los populares programas de Buck Rogers (1932) o Viaje al Espacio (1953-1955) de la BBC. Más tarde, la experiencia visual de la televisión desplazó a la sonora de la radio. Las únicas excepciones fueron aquellas que se apoyaron en la comedia, en la fuerza del humor, en lugar de la recreación de imágenes espectaculares, mucho más atractivas en la forma de una imagen que en la dramatización sonora.

"Pesadillas" (1980), de Katsuhiro Otomo

El nombre de Katsuhiro Otomo es hoy conocido en Occidente sobre todo por su postapocalíptica Akira. Ciertamente, no es su única obra, pero tal es su calibre en términos de extensión, ambición e influencia que no puede extrañar que siempre que se mencione su nombre sea para relacionarlo con ella.

Esta es la primera y la más extraña de las novelas pertenecientes al subgénero de "Tierras Huecas". A principios del siglo XIX, John Cleves Symmes propuso su Teoría de las Esferas Concéntricas, según la cual nuestro planeta está hueco y es habitable por dentro, existiendo acceso a su interior en ambos polos.

La vida de la joven Mary Wollstonecraft Shelley fue tan novelesca como muchos de los folletines publicados en el siglo XIX. Era hija de William Godwin, autor de Caleb Williams, y de Mary Wollstonecraft, autora de A Vindication of the Rights of Woman, que ya tenía otra hija ilegítima de otro hombre y murió de fiebre tras el nacimiento de Mary. Godwin volvió a casarse, en esta ocasión con una viuda con dos hijas, y tuvo un hijo con ella. Mary creció en un hogar problemático e inquieto.

"1984" (1949), de George Orwell

Mientras que la ciencia ficción norteamericana apostó en la primera mitad del siglo XX por un tono optimista, orientado hacia el espacio y con vocación escapista (entiéndase esto no como algo necesariamente peyorativo), en Europa y particularmente en Gran Bretaña, las visiones futuristas siguieron un camino muy diferente, dominado por el pesimismo.

"Un mundo feliz" (1932), de Aldous Huxley

Julian Huxley, nieto del principal defensor de Darwin, T.H. Huxley, fue no sólo un notable biólogo evolucionista, sino un activo divulgador científico. En colaboración con H.G. Wells, publicó un tratado en nueve volúmenes titulado La Ciencia de la Vida.

No hay consenso acerca de la primera vez que apareció el concepto de viaje temporal en la literatura. ¿Fue el primer viajero Ebenezer Scrooge en Cuento de Navidad (1843), de Charles Dickens? ¿Quizá el compatriota que Mark Twain imaginó llegando a tiempos medievales en Un Yanqui en la Corte del Rey Arturo (1889)?

No creo que sea necesario demostrar la versatilidad del western como género. Su marco geográfico, temporal y conceptual ha permitido contar todo tipo de historias, pero sin duda sus pioneros cinematográficos no pensaron que un día a alguien se le ocurriría mezclar el desierto y los cowboys con dinosaurios.

Si se tuviera que escoger la película más influyente en el moderno boom de la ciencia ficción, Star Wars (1977) tendría muchas posibilidades de ser la elegida. Sin embargo, si nos limitáramos a films que hayan inspirado copias más o menos exactas de sí mismos, la lista se reduciría considerablemente: probablemente incluiría a Alien (1979), Blade Runner (1982) o Terminator (1984); pero quizá la ganadora, con clara diferencia respecto al resto, sería Mad Max 2.

Por alguna razón que se me escapa, a comienzos y mediados de los ochenta del pasado siglo, se produjo en el cine de ciencia ficción un florecimiento de películas relacionadas con el viaje en el tiempo: Los héroes del Tiempo (1981), Terminator (1984), Regreso al Futuro (1985), Star Trek IV: Misión Salvar la Tierra (1986), Peggy Sue se Casó (1986)… La moda, no obstante, arrancó en 1979 con una película que revisitaba la idea de la Máquina del Tiempo de Wells bajo una nueva perspectiva.