León Arsenal

León Arsenal

León Arsenal fue piloto de la Marina Mercante Española. Desde 1990, ha escrito ensayos (Una historia de las sociedades secretas españolas, Rincones de historia española, Godos de Hispania), libros de género fantástico (Besos de Alacrán, Máscaras de matar, obra por la cual obtuvo el Premio Minotauro), thrillers (El espejo de Salomón, Los lugares secretos) y novelas históricas, un género que cultiva con éxito desde que publicó El hombre de la plata (2000) y Las lanzas rotas (2002).

Después de darse a conocer a nivel internacional con La boca del Nilo. La expedición de Nerón al corazón de África (2005), libro por el que recibió el Premio Espartaco y el Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza 2006, ha publicado la versión definitiva de Las lanzas rotas. Sixto el Celtíbero (2006), Los malos años. La guerra entre Pedro el Cruel y la Reina Blanca (2007), El hombre de la plata. Tras los tesoros de Tartessos (edición revisada en 2009), La luz de Egipto (2009), Última Roma (2012) y Corazón oscuro. La cruzada escocesa en la frontera de Granada (2014).

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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: Madrid, España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

Tomábamos una copa en una terraza después de la paella y la sobremesa. Estamos hablando del barrio de Hortaleza. Y de repente ahí, a la mesa, a la caza de las migajas de las patatas fritas acudieron los gorriones. Los gorriones, esos pajaritos tan tímidos; al menos si se les compara con otros como las palomas, bien calificadas como «ratas con alas». Y es que los pobres gorriones están pasando mucha hambre en algunas zonas de Madrid. La culpa la tiene una especie de aves importadas: las cotorras argentinas.

De mitos gastados

El 4 de julio de 2008 se suicidó Thomas M. Disch. Para quienes no lo conozcan, Disch era un eximio representante de esa rama de la ciencia-ficción que mantiene una vocación social, que pretende mostrar en claves fantásticas los lados más feos de nuestras sociedades actuales.

Allá a comienzos de los 90 navegaba en un buque gasolinero de Campsa. Un buen trabajo, la verdad. Tranquilo, costeando por toda la costa española mediterránea. Cargando en las refinerías, descargando en Barcelona, Valencia, Alicante, Palma, Mahon…

Una última frontera

Entre finales del siglo XIX y principios del XX, nuestro planeta se volvió de repente mucho más pequeño. Los Estados Unidos cerraron oficialmente su frontera, dando por acabada una expansión de tres siglos, y los exploradores europeos llegaban al corazón de África y los Polos. Desaparecían las últimas zonas en blanco de los mapas y, pocos años antes, los rusos habían conquistado toda el Asia Central, incluidos los últimos principados gengiskánidas, solventando así a cañonazos la milenaria pugna entre civilización y nómadas.

Quioscos y telediarios

Hay quienes dicen que todo está en constante evolución a mejor. Que la flecha del progreso siempre apunta hacia el futuro. No comparto esa visión y me apoyo tanto en la simple lectura de la historia humana como en la experiencia, tanto en las grandes cosas como en los pequeños detalles. Eso no quiere decir que opine lo contrario. Pero no siempre las situaciones se modifican para mejor.

Godos y francos. Guerras y bodas

Las relaciones entre el reino visigodo y los reinos francos fueron siempre problemáticas. Estuvieron marcadas por la voracidad territorial de los segundos, que ansiaban apoderarse de la Septimania y además establecer cabezas de puente en las costas norte de Hispania. Por suerte para los visigodos, la costumbre franca de, a la muerte del rey, dividir el reino entre sus hijos había llevado a los merovingios a una espiral de guerras, conspiraciones y fratricidios que no solo no tenía nada que envidiar a las conjuras de Hispania sino que las superaban con creces.

Hace unos días nos dejó uno de los grandes maestros de la ciencia-ficción. Las palabras «grande» y «maestro» se usan con excesiva alegría al hablar de escritores, sobre todo si estos acaban de morir. Pero en el caso de Jack Vance (28 de agosto de 1916 – 26 de mayo de 2013) son esas dos, juntas, las que mejor le cuadran. Ha muerto casi con cien años y con una obra extensa a sus espaldas, tanto en el campo de la novela de misterio como en el de la ciencia-ficción, que es por el que será recordado.

A poco que se piense, salta a la vista que la aplicación de códigos QR a los libros ofrece todo un universo de posibilidades. Es sin embargo lógico que, sumergidos como estamos en una vorágine de nuevas tecnologías y aplicaciones que surgen a diario ante nuestros ojos, tales posibilidades puedan pasar desapercibidas. De hecho un servidor, el que estas líneas escribe, cuando comenzó a experimentar con los códigos QR en una novela, no buscaba un principio más que una forma de ofrecer algo de material adicional sin engrosar el libro con apéndices tradicionales.

Así como hay géneros que tienen una características muy concretas, que definen a las obras que se encuadran de lleno dentro de los mismos (no hay más que pensar en la literatura de piratas, oeste o ciencia-ficción), otros, como el gótico, siempre han sido mucho más indefinidos, una suerte de territorios de límites imprecisos, en los que las novelas catalogadas como tales no tienen, a veces, nada que ver las unas con las otras.

Los códigos QR son parte del futuro de muchos de los sectores de la Cultura. O más bien lo es eso que estos códigos representan y hacen posible: la vinculación del arte físico –objetos, obras, lugares– a Internet.