Javier Sánchez Ventero

Javier Sánchez Ventero

De su trayectoria de más de veinte años como ingeniero y de su responsabilidad a cargo de complejos proyectos en distintos rincones del mundo, le queda a Javier Sánchez Ventero una experiencia que va más allá de las aplicaciones más vanguardistas y de los retos tecnológicos más innovadores.

En realidad, esa experiencia tiene una faceta intelectual, que le ha hecho moverse a medio camino entre la tecnología y las humanidades, alternando las aplicaciones más complejas del software con el estudio y el análisis de la economía global y de su vertiente sociológica.

Es el cofundador de conCiencia Cultural, una entidad sin ánimo de lucro creada para acercar las disciplinas humanísticas al saber científico. Asimismo, es uno de los creadores de The CULT (Thesauro Cultural), cuya labor divulgativa y cultural se alterna con el fomento de la educación y del pensamiento crítico en nuestra sociedad.

Social Profiles

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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: Madrid, España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

La ligereza y el vacío intelectual, disfrazados de brevedad, han convertido a buena parte del periodismo digital en una constante apuesta por transformar cada titular en un tuiteo, en un click, en un reguero de pólvora viralizado... En definitiva, en algo que mejore la estadística de visitas de cada revista o periódico, sin que importen ya el rigor, la comprobación de hechos y datos, o la pulcritud literaria del texto.

“En las culturas donde la gente trata con la muerte simplemente sacándola de su mente, la perspectiva de su cercanía de forma repentina y terrible, incluso si es extremadamente improbable, causa una neblina mental de miedo y un desproporcionado y utópico deseo de reducir el riesgo de esa posibilidad a cero, dejando de lado cualquier otra consideración. Cuando se dan estas condiciones, nos enfrentamos con una espiral emocional que desarrolla su propia inercia.

La rata bibliotecaria

Paseo en mis sueños por un mundo de ficción absurda en el que busco desesperadamente un ejemplar del Ulysses, de James Joyce. Tras subir unas escaleras por el lado inverso, encuentro una biblioteca que lo engulle todo a su alrededor.

Explotar burbujas

La publicidad se aproxima al fin de una era, y la inevitabilidad de ese desastre nos permite anticipar dos predicciones. La primera es que las acciones de Facebook y Twitter no valdrán nada. La segunda es que, cuando explote la burbuja publicitaria, la onda expansiva se llevará por delante a numerosos medios de comunicación y destruirá sectores que hoy parecen invulnerables. Podemos desviar la mirada, pero el emperador va desnudo. No es tan difícil comprobarlo.

El cambio mínimo necesario

Una de las innumerables razones por las que me gusta la ciencia ficción es porque permite crear un entorno en el que un contexto social real se pueda llevar hasta el extremo, experimentando mentalmente con sus consecuencias. La aparentemente idílica utopía en la que viven los protagonistas no suele requerir una justificación, pero la naturaleza de algunos autores les lleva a buscarla de muchas maneras.

Rescatar la literatura

El miércoles pasado, al salir de recoger a mis hijas del colegio, vi un libro tirado en la calzada en el puente de Francisco Silvela, en Madrid. Aprovechando el natural atasco, detuve el coche al lado del libro e Irene se lanzó al rescate. El libro era Las cenizas de Angela, que confieso que no he leído.

La cultura de la mayoría

Hace poco leí un pequeño reportaje en el New York Times sobre una chica que, convencida por su novio (tras haber cortado con ella dos veces y reunirse de nuevo), le envió unas fotos ligera de ropa y supongo que en alguna pose y actitud más atrevida de lo que la prudencia podría aconsejar. Como no podía ser de otra manera, las fotos han acabado en un sitio web que se dedica a publicar fotos y videos porno de las exnovias a modo de venganza.

Lugares confortables

Aunque me resisto a reconocerlo, hay unos cuantos restaurantes y cafeterías de entre mis frecuentados donde ya no miro la carta. Sé lo que voy a pedir antes de sentarme; no salgo tanto como para que su repetición me resulte aburrida. Hoy, mientras disfrutaba del confortable dúo de sandwiches del Vait reflexionaba si esto será una cosa de la edad o de la etapa que me toca vivir. En otros tiempos y lugares mi estómago vivió aventuras tales como el tazón de escargots que mi francés de emergencia consiguió en una callejuela del barrio de Medina en Casablanca. Pero aunque tal vez anhelo repetir momentos como aquel, soy consciente de que ahora toca otra cosa.

Librería 2.0

Hace diez años Guzmán Urrrero me estuvo torturando durante unas horas para documentar la parte técnica de un artículo que estaba escribiendo sobre el libro electrónico.



REVELACIÓN DE ION

Yo. Ion. Trito.

En el umbral de la vida me ha sido regalado un eco. Su impronta es lo que comparto con mis sucesivos.

Hablar de música culta en zonas donde escasea lo más elemental parece una incongruencia, y sin embargo, puede que las próximas líneas demuestren que ambos conceptos −la práctica orquestal y el avance de una sociedad− no son excluyentes ni se limitan a la retórica de los utopistas sociales. Hay otros escenarios con los que podría ilustrar este planteamiento, pero hablaré del país africano que mejor conozco, Ghana, adonde llegué como director de operaciones en proyectos de cooperación internacional.