Irene Galicia del Olmo

Irene Galicia del Olmo

Irene Galicia es licenciada en Historia del Arte y y Máster oficial en Cultura Contemporánea: Literatura, Instituciones artísticas y Comunicación cultural (UCM y Fundación Ortega y Gasset).

Su conocimiento del mundo artístico queda de manifiesto en una trayectoria profesional que le ha llevado a trabajar para galerías (Depósito 14) y en publicaciones especializadas (Arte y Parte).

En el mundo editorial, ha trabajado para empresas como Langenscheidt, Libsa, Ópera Prima y Jaguar Ediciones. Asimismo, sus artículos han aparecido en medios como la Revista Osaca (suplemento dominical de Diario de Ávila, Diario de Burgos, Diario Palentino, El Día de Valladolid, El Adelantado de Segovia, La Tribuna de Albacete, La Tribuna de Ciudad Real, La Tribuna de Puertollano, La Tribuna de Talavera y La Tribuna de Toledo).

 

URL del sitio web: http://www.irenegalicia.com

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Guerrilla Girls 1985-2015

Instituciones culturales, temblad porque vuelve la palabra con "f"; una palabra que desata recelos y provoca controversia incluso entre las personas que creen en las ideas feministas (igualdad de oportunidades, fin de la discriminación por género, libertad de derechos reproductivos o denuncia del comportamiento sexista). Y las Guerrilla Girls han demostrado que siguen al pie del cañón para rehabilitar el término.

Desde la novela Nosotros, del ruso Yevgeny Zamyatin, una de las primeras antiutopías de la historia, pasando por Rebelión en la granja o 1984, hasta nuestros días, con Los juegos del hambre, la ficción distópica ha sido un género de inagotables recursos. Ya sea por su aterradora cercanía con la realidad o como fórmula de protesta, nos atrae y nos repele, pero es innegable que nos arrastra con ella hasta los más dispares infiernos de nuestra imaginación.

Desde las conspiraciones satánicas de Polanski pasando por No matarás al vecino, Noche de miedo o Misterioso asesinato en Manhattan, el vecino como elemento discordante ha generado siempre curiosidad, terror o comicidad. Viene a ser una representación de la alteridad –a veces, reflejo de uno mismo– que genera atracción o rechazo. En esta comedia se combinan ambos elementos.

El espectador de cine fantástico y de ciencia ficción es un público siempre agradecido, especialmente si hablamos de ciencia ficción británica. De ahí que, desde Dr Who a  series actuales como Black Mirror o Utopía, los problemas que enfrentan a la humanidad con la tecnología o la crítica a la inteligencia artificial hayan dado grandes frutos en la pequeña y gran pantalla anglosajona. 

Cualquier superproducción épica con una antigua civilización como telón de fondo supone un reclamo. Si además su publicidad presagia una prominente experiencia 3D, resulta doblemente atractiva, y si contiene una catástrofe natural de las características de Pompeya, con tsunami incluido, pensamos automáticamente en un éxito de taquilla. Sumemos a esto romance y venganza, y tendremos como resultado una película que contiene de todo: de todo menos alma.

En la nueva película de John Turturro todo parece estar sacado de una película de Woody Allen de los años setenta: la música de jazz, las calles de Nueva York, el retrato a la comunidad judía, la presencia del propio Woody Allen… y en un principio, podemos llegar a pensar que estamos ante una especie de comedia-homenaje que augura grandes dosis de diversión y sutilezas, inspirada en el aura de inestabilidad emocional y el prisma cómico de Annie Hall.

El fenómeno del doppelgänger siempre ha sido un tema recurrente en la literatura y en el cine. Ya en La comedia de las equivocaciones, de Shakespeare, o en El vizconde demediado, de Italo Calvino, encontrábamos esta romántica figura del doble fantasmagórico, de materialización del lado oscuro del ser humano.

Se puede decir que Wes Anderson es un director fiel a su propio imaginario. En cada una de sus historias encontramos una serie de denominadores comunes: estética simétrica y preciosista, obsesión por el fetiche retro, escenografía teatral, planos exquisitos, melancolía, humor y un viaje, ya sea interior, exterior o ambos, en el que conviven un íntimo aprendizaje e hilarantes aventuras. Desde Bottle Rocket hasta El Gran Hotel Budapest, sus fábulas se desarrollan en un mismo lugar: un mundo onírico, ficticio, irreal que con cada nueva película va ampliando sus fronteras. Esta vez la imaginación andersoniana hace hueco a un nuevo país, esculpido a partir de los países del este de Europa.

Decir que la figura de Dalí nunca ha suscitado indiferencia ni el ámbito crítico ni entre otros artistas no es ninguna novedad. Tras haber sido objeto de los más diversos análisis e incluso llevada al cine por Andy Warhol o Paul Morrison, no es de extrañar que la vida del pintor por fin haya encontrado su lugar en el cómic.