Héctor T. Arita

Héctor T. Arita

Héctor Arita es biólogo por la Facultad de Ciencias de la UNAM (1985) y doctor en ecología por la Universidad de Florida, Gainesville (1992).  Desde 1992 es investigador en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), primero en el Instituto de Ecología y luego en el Centro de Investigaciones en Ecosistemas (CIEco).

En el Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad (IIES), realiza proyectos de investigación que se enfocan a la comprensión de los patrones de composición, estructura y diversidad de los conjuntos de especies a nivel local (ecología de comunidades) y regional y continental (macroecología). Realiza también investigaciones sobre las aplicaciones de estos estudios a la conservación de la diversidad biológica.

Ha sido representante académico en diferentes cuerpos colegiados de la UNAM, además de haber sido el primer jefe del Departamento de Ecología de los Recursos Naturales y director del Instituto de Ecología.  También fue presidente de la Asociación Mexicana de Mastozoología (AMMAC) y coordinador de la sección de biología de la Academia Mexicana de Ciencias.

 A nivel internacional, ha participado en comisiones y mesas directivas de asociaciones como la American Society of Mammalogists, la North American Society for Bat Research y la International Biogeography Society.  Ha participado también en el consejo científico asesor del National Center for Ecological Analysis and Synthesis (NCEAS) de los Estados Unidos y actualmente es miembro del consejo de editores de Ecology Letters.

En 2016, ganó el III Premio Internacional de Divulgación de la Ciencia Ruy Pérez Tamayo por su obra Crónica de la extinción. La vida y la muerte de las especies animales.

URL del sitio web: http://hectorarita.com/

"Nadie está dispuesto a sacrificar su vida por la de una sola persona, pero todos la sacrificarán si con ello pueden salvar más de dos hermanos, o cuatro medio hermanos u ocho primos..." (W. D. Hamilton)

A regañadientes acepté la invitación de mi amigo. De acuerdo, juntos habíamos experimentado toda clase de aventuras. Nuestras correrías iban desde travesuras infantiles ‒aquella vez que iniciamos un incendio en el terreno baldío que había en la esquina de la casa– hasta diversiones más de adultos (y por lo tanto mucho más caras) como la ocasión en que nos atrevimos a lanzarnos de paracaídas. Habíamos vivido grandes emociones y jurado nunca rajarnos, pero explorar una cueva ¿a quien se le podría ocurrir? A Javier, me imagino.

El jueves 13 de agosto de 1863 se hizo a la mar una pequeña embarcación improvisada por tres intrépidos aventureros. Partiendo de Puerto Graüben, los tres osados exploradores subieron a la frágil balsa que habían construido con troncos rotos y tocaron por primera vez las aguas del vasto océano recién descubierto por ellos mismos.

Se dice que la lejanía y la nostalgia exacerban el espíritu nacionalista de las personas. Esta aseveración resulta evidentemente cierta al leer algunos pasajes de la Historia antigua de México, obra del jesuita mexicano Francisco Javier Clavijero.

"He visto muchas veces un gato sin sonrisa. ¡Pero una sonrisa sin gato!" (Lewis Carroll, "Alicia en el País de las Maravillas")

En algún momento hacia el año 800 de nuestra era el ser humano llegó a las islas de lo que ahora es Nueva Zelanda. Según la tradición maorí, hubo varias oleadas de inmigración que culminaron con el arribo de la "gran flota" desde la mítica isla de Hawaiki.

Historias de tlacuaches

Alfredo López Austin nos introduce así al mundo de las historias sobre tlacuaches en las mitologías mexicanas: “Dicen los mazahuas que cuando el tlacuache tenía peluda la cola mandaba a los demás animales. Los mazatecos aseguran que cuando se formó la tierra, cuando todavía no era dura, el tlacuache era el rey del mundo.”

El joven de Chan Hol

Los seres humanos actuales son el resultado del tercer intento de los dioses por crear al hombre, de acuerdo con el relato de los mayas quichés de Guatemala, el Popol Vuh: “La abuela Ixmucané tomó del maíz blanco y del amarillo e hizo comida y bebida, de las que salió la carne y la gordura del hombre, y de esta misma comida fueron hechos sus brazos y sus pies. De esto formaron el Señor Tepeu y Gucumatz a nuestros primeros padres y madres.” [I] 

Una zorra disfrazada de erizo

Entre los numerosos y aparentemente inútiles ornamentos que abarrotan mi escritorio se encuentra una pequeña concha fósil con el siguiente rótulo: “Pelecípodo, Cretácico, Ojinaga, Chihuahua, diciembre 1976”. Se trata de una valiosa prenda personal que encontré durante una excursión de aventuras juveniles en busca de tesoros geológicos. Siendo yo un estudiante de preparatoria, tenía poca idea de la paleontología, aunque sabía lo necesario como para asombrarme con aquel pedazo de roca, evidencia tangible de que grandes poblaciones de moluscos habitaron un mar en lo que ahora es el desierto de Chihuahua, hace más de 65 millones de años.

 “El universo tiene un diseño, y un libro también”, afirman Stephen Hawking y Leonard Mlodinow (H & M) en los agradecimientos de su nuevo libro The Grand Design (2010, Bantam Books).

Maní, Gainesville y "Fahrenheit 451"

Maní es un antiguo pueblo situado en el sur del estado de Yucatán, en México. Gainesville es una tranquila ciudad del estado de Florida en los Estados Unidos. ¿Qué tienen en común estos dos lugares? En primer lugar, los dos son sitios que me traen gratos recuerdos personales.

Los grandes ciclos de la Tierra

Hace unas horas completé mi quincuagésima vuelta alrededor del Sol. Como el niño que lleva horas montado en el carrusel y no se quiere bajar, yo quiero más, quiero seguir dando vueltas y continuar experimentando el complejo y no muy bien explicado fenómeno de la vida humana.

El tamaño del universo

De la Naturaleza de las Cosas (De Rerum Natura) es un extenso poema filosófico del pensador romano Lucrecio escrito en el primer siglo antes de nuestra era. El poema es la fuente más completa y representativa que se conserva sobre el pensamiento de Epicuro de Samos, el filósofo griego del siglo IV a.C.