Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista Thesauro Cultural (The Cult), un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, Thesauro Cultural sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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Pese a lo que pueda parecer, las películas de robos nos hablan de nuestra propia experiencia. No de nuestras tentaciones delictivas, por supuesto, sino de esos anhelos que podríamos colmar con un arranque de coraje. O de locura. Al fin y al cabo, un gran robo de guante blanco exige esas tres condiciones: ganas de dar ese golpe que cambiaría la vida de cualquiera, valentía para seguir el plan, y por supuesto, la chifladura necesaria como para no pensar en el juez o en la cárcel.

Aventureros al azar de los vientos o lobos sanguinarios que, gracias a las intrigas británicas, castigaron duramente a las plazas españolas en ultramar. De las dos maneras podemos juzgar a esa piratería caribeña que, impulsada por el cine y la literatura, saltó de la realidad histórica a los clichés y las fabulaciones.

Quien dice Venecia, dice arte y literatura. La ciudad no conoce apenas rivales como escenario de relatos y poemas inolvidables, y en este sentido, la percepción de lo veneciano ‒gracias sean dadas a los dioses‒ no depende de los folletos turísticos, sino de la estratificación de muchos recuerdos ilustres.

Ejercicio de agudeza lectora. Adivine cuál de estas dos virtudes corresponde a Impresiones de Irlanda: la corpulencia literaria e intelectual o ese ingenio que se expresa mediante chispeantes paradojas.

Se viene escuchando con frecuencia creciente la necesidad de evitar la interpretación androcéntrica de la historia. Esto apunta no solo a una urgencia ética o social, sino a un imperativo intelectual, sobre todo si tenemos en cuenta que la presencia femenina en los procesos históricos ha sido silenciada de forma lamentable. Hora es, pues, de ampliar el foco, reconociendo qué negativa ha sido esa distorsión del pasado en los textos académicos.

Villeneuve sabe que en su film es necesario que hable el pasado. Al fin y el cabo, Blade Runner 2049 es una secuela ‒una magnífica secuela‒ de un clásico que, a pesar de su edad, sigue definiendo en nuestro imaginario ese porvenir oscuro, condicionado por la biotecnología, por la inteligencia artificial y por los desastres medioambientales.

Idealización y realidad. Igual que Irlanda se disfraza de Yeats declamando un poema, de Cúchulainn aprendiendo a manejar la lanza con la druidesa Skatsha, o de Barry Fitzgerald (Michaeleen en El hombre tranquilo) repitiendo aquello de "¡Homérico!", usted o yo nos acercamos a lo irlandés para poner el foco en su poesía, en su épica o en su tradición.

Hay certezas que se publican con una intención pero que acaban consiguiendo el objetivo contrario. Pensemos en el evidente declive de la biodiversidad y en el impacto que sobre ella tiene la irresponsabilidad humana. Lo razonable sería aunar esfuerzos ‒sin fisura alguna‒ para evitar ese naufragio global. Y sin embargo..., bueno, creo que ya adivinan a qué me refiero.

"Hero: David Bowie", de Lesley-Ann Jones

Como cualquier momento es bueno para escuchar a Bowie, e igual tiene (o va a tener) varios de sus clásicos en su discoteca, estará pensando que voy a dedicar estas líneas a glosar sus mejores LPs y videoclips.

Por muchos motivos, la franquicia Kingsman me recuerda el humor extremo que caracterizaba a varios de los Bond alternativos que surgieron en los sesenta, en particular Derek Flint (James Coburn), el protagonista de Flint, agente secreto (1966).

A la vista de su larga y colmada trayectoria, uno podría describir la obra del editor y ensayista José Esteban como la intersección entre el amor por los libros y el que demuestra por la cultura española, tanto en su franja más popular como en su aspecto académico.

"La apasionada vida de Modigliani", de André Salmon

El malditismo es uno de esos rasgos que soportan bien el paso del tiempo, quizá porque la naturaleza humana aprecia mejor a los genios cuando estos concilian su imponente legado con una vida pública deplorable.

"Vampiros", de Alexéi K. Tolstói

Leí por vez primera a Alexéi Konstantinovich Tolstói (1817-1875) por casualidad, que es la manera en que uno acaba descubriendo siempre a los escritores de culto. Se lo debo a aquella magnífica antología en dos volúmenes que J.A. Molina Foix reunió bajo el título de Horrorscope: mitos básicos del cine de terror (Madrid, Nostromo, 1974).

Leyendo a Anthony Ashley-Cooper, tercer conde de Shaftesbury (1671–1713), uno confirma lo que destacan sus estudiosos: un claro interés por el pensamiento clásico y, en el ámbito ensayístico, una clara afinidad con ese buen criterio que definieron y pusieron en práctica los filósofos estoicos.