Barsoom: Marte según Edgar Rice Burroughs

Una princesa de MarteEl Planeta Rojo siempre ha sido, con permiso de la Luna, el astro más evocador y la inspiración de la mejor (y peor) ficción literaria. El creador de Tarzán lo pobló de ciudades asombrosas, fieros guerreros, animales increíbles y, sobre todo, se sirvió de él para ambientar una larga serie de novelas: la saga de Barsoom.

Sucede frecuentemente que los personajes literarios que, con el tiempo, se transforman en iconos pop (Sherlock Holmes, Frankenstein, Drácula, Conan, Tarzán…) terminen por ser más conocidos que sus propios autores.

Es más, puede que incluso se desvirtúe el modelo original (¡qué poco tiene que ver la criatura de Frankenstein “popular” con la que aparece en la novela!) a causa de constantes cambios e interpretaciones despistadas.

También ocurre que la popularidad de estas creaciones, además de ensombrecer a sus propios padres, lo haga con sus hermanos. Si bien todo el mundo conoce a Tarzán, las demás invenciones de Edgar Rice Burroughs no han gozan de tanta popularidad, aunque sean tan influyentes como el Capitán John Carter, cuyas aventuras en Marte han sido una importante fuente de ideas para la ciencia-ficción y la fantasía del último siglo, desde Flash Gordon a Avatar, sin olvidar La Guerra de las Galaxias.

El ciclo de historias marcianas de Burroughs comenzó en 1912, en forma de episodios publicados en la revista All-Story. La primera serie se tituló Under the Moons of Mars, donde el autor firmaba con el seudónimo Norman Bean, algo que dejó de lado cuando, tras el éxito de la publicación, el editor de la revista decidiera sacar al mercado Under the Moons of Mars en formato de novela en 1914.

Una princesa de Marte

El libro se tituló Una Princesa de Marte, y supuso el modelo para las siguientes historias marcianas de Burroughs, nada menos que 11 libros con los que el autor dio forma a un planeta moribundo pero lleno de vida: Barsoom.

Así llaman los habitantes de Marte a su mundo, un lugar en el que los mares se han secado casi por completo y cuya atmósfera enrarecida es mantenida artificialmente por medio de estaciones generadoras de oxígeno.

En medio de tan pobre situación ambiental, los habitantes de las naciones-estado marcianas siempre están guerreando entre sí, eso cuando no están siendo devorados por fieras salvajes. Y, a pesar de todo, Barsoom es un lugar maravilloso lleno de aventuras, hallazgos asombrosos, héroes valerosos, mujeres bellas y longevidad casi ilimitada (siempre y cuando no te maten guerreros o bestias).

La mayor aportación de Edgar Rice Burroughs a la literatura fantástica es el detallismo y la dedicación que puso a la hora de crear un planeta con su propia fauna, idioma (sin llegar a ser tan exhaustivo como posteriores autores, ERB crea los rudimentos de un lenguaje ficticio más que aceptable), historia, cultura, economía y política, algo que nos parece muy común hoy en día, pero que por entonces (hablamos de una obra anterior a la invención de la Era Hiboria o de La Tierra Media) no era nada común, en especial en literatura de usar y tirar como era el caso de las revistas pulp.

En Una Princesa de Marte, el capitán confederado John Carter, un clásico caballero sureño de Virginia, se traslada a Barsoom mediante un viaje astral, saliendo proyectado de su propio cuerpo tras un ataque de los indios. Mientras su cuerpo reposa en las salvajes tierras de Arizona, su ¿espíritu? (un espíritu sólido, en todo caso) aparece en el desierto marciano, como Dios le trajo al mundo y con toda la fuerza de un ser procedente de un mundo con más gravedad.

Carter es más fuerte que los marcianos, y puede dar saltos de rana como si nada, algo que potencia sus facultades marciales, ya de por sí impecables.

ajedrezmarteLos primeros seres que John Carter conoce en ese nuevo mundo son los marcianos verdes, humanoides el doble de alto que cualquier humano, con seis extremidades (una constante en la mayoría de la criaturas del planeta), rostros monstruosos y un carácter de perros.

Viven para la guerra y el saqueo en los desiertos que antes fueron lechos marinos, y su sentido del humor se basa en la crueldad y la violencia, un detalle que John Carter observa y utiliza para ganarse la simpatía de estos salvajes, seres que, pese a todo, no carecen totalmente de honor.

Es más, uno de los primeros aliados del héroe es el feroz guerrero Tars Tarkas, quien se convierte en el Jeddak (caudillo) de los suyos con la ayuda de Carter.

Y es que, como muchos autores de novela aventurera como H. Rider Haggard, Emilio Salgari o Robert E. Howard, Edgar Rice Burroughs muestra mayor admiración por los hombres de armas y los bárbaros que por los hombres civilizados, con su hipocresía y decadencia, más nefastas que el honesto mandoble de la batalla.

Más tarde, Carter conocerá a los habitantes humanos del planeta, también aficionados a la guerra, aunque menos brutales que los mostrencos verdes, y se meterá de lleno en los asuntos marcianos.

Tras una serie de aventuras, capturas, rescates, luchas contra bestias y batallas épicas, nuestro héroe acaba emparejado con Dejah Thoris, la Princesa de la ciudad-estado de Helium.

Dejah es la marciana más bella del planeta y pertenece a la raza roja de humanos, la más frecuente en las novelas (también hay marcianos amarillos y negros).

A Carter lo nombran Príncipe de Helium y, finalmente, salva al planeta de la extinción sacrificando su vida para reparar la planta generadora de oxígeno. Tras “morir”, Carter despierta en su cuerpo terrestre, y pasa muchos años deseando volver con su Princesa, por cierto embarazada del virginiano.

Edgar Rice Burroughs, como es costumbre en sus obras, se incluye a sí mismo en la introducción del libro. Afirma haber conocido a su tío carnal John Carter cuando el escritor sólo era un niño, y asegura haber encontrado el manuscrito del aventurero interplanetario que conforma la novela.

Más que por motivos egocéntricos, da la impresión de que el amor por el escapismo del escritor le lleva a intentar dar una sensación de vida real a sus personajes y mundos, participando en primera persona de esa ilusión de realidad.

Burroughs crea un universo propio en el que, como luego ha sucedido en algunas editoriales de cómics, todos sus personajes existen a la vez, e incluso coinciden en alguna ocasión (léase Tarzán en el Centro de la Tierra), siendo el propio escritor el nexo entre sus creaciones.


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