Diálogo con Julia Ormond y Antonio del Real. "La conjura de El Escorial"

Julia Ormond

El cine histórico recobra fuerza entre nosotros. Esto suena a generalidad, pero no lo es en absoluto, y se puede acreditar con estrenos como La conjura de El Escorial, de Antonio del Real.

Hoy hablaremos con el director y con parte del equipo artístico de esta costosa producción de época: Julia Ormond, Jürgen Prochnow, Jordi Mollá, Juanjo Puigcorbé, Blanca Jara, Fabio Testi, Rosana Pastor, Pablo Puyol y Anthony Peck.

Entre los temas que saldrán a relucir en la charla, hay uno que interesa particularmente al realizador de este largometraje: la rehabilitación popular de Felipe II, un monarca renacentista cuya memoria ha ido deformando la Leyenda Negra.

La Conjura de El Escorial se presenta como un thriller. Claro que en este caso el misterio y el crimen no se ambientan en una metrópoli contemporánea, sino en la España de Felipe II. La intriga cortesana que nos narra la película tiene su razón de ser en el enfrentamiento entre la Casa de Alba y la Casa de los Mendoza.

Dos personajes adquieren extraordinario relieve en esa oscura lucha por el poder: el ministro Antonio Pérez, a quien da vida ese espléndido actor británico que es Jason Isaacs, y la Princesa de Éboli, encarnada por su compatriota Julia Ormond.

La atractiva Ormond, que por cierto está a punto de estrenar The Curious Case of Benjamin Button (2008), de David Fincher, se sienta a la izquierda de Antonio del Real para responder a nuestras preguntas. No lejos de ella, Jürgen Prochnow, inolvidable protagonista de cintas como Dune (1984), de David Lynch, y El Submarino (1981), de Wolfgang Petersen, observa con curiosidad y aparente buen humor a los periodistas convocados a este encuentro.

Entre los argumentos que Antonio del Real resalta para defender su película, destaca el rigor histórico. “Me enorgullece –comenta– que Manuel Fernández Álvarez, el ilustre historiador, cuando da conferencias sobre Felipe II y la Princesa de Éboli, recomiende La conjura de El Escorial. Espero que, a traves de la interpretación de este monarca por parte de Juanjo Puigcorbé, la película contribuya a ponerle en su sitio, con sus luces y sus sombras”.

De forma indirecta, y sin citarla expresamente, sale a relucir la comparación del personaje que compone Puigcorbé con otra versión de Felipe II, interpretada por Jordi Mollá en Elizabeth: La Edad de Oro (Elizabeth: The Golden Age, 2007), de Shekhar Kapur. No deja de tener su gracia que el propio Mollá se encuentre hoy con nosotros.

Rechazando lo que muestran cintas más acordes con la Leyenda Negra, al estilo de la dirigida por Kapur, Antonio del Real insiste con ironía en que el monarca español “no era nada corto de inteligencia. Ni los españoles de la época eran tontos, incapaces de construir barcos”

“Hablamos del denostado Felipe II… –tercia Juanjo Puigcorbé–. Desde luego, hay una leyenda negra encima del personaje. Yo me he informado lo suficiente para saber que era de otro modo, tal y como muestra la película. Por ejemplo, se lo asocia con la Inquisición… Pero la inquisición de la época era mucho más terrible en Suiza, en Alemania y en Francia. Muchísimo más terrible... Otro detalle: pese a su fama en materia religiosa, Felipe II se enfrentó con Carranza, el obispo de Sevilla”.

Es imposible desmontar con una sola película, y menos aún con las declaraciones de sus artífices, un mecanismo tan elaborado y eficaz como la Leyenda Negra. En la época de máxima expansión del Imperio español, sus oponentes confeccionaron una larga lista de agravios que luego pasó a formar parte de la novela popular y del cine.

Por esa misma razón, casi todos hemos asumido que, al menos desde un punto de vista cinéfilo, los piratas protegidos por la Corona inglesa son mucho más encantadores y gallardos que sus víctimas españolas.

“Cuando los cineastas ingleses –dice Antonio del Real– retratan en sus películas a figuras como Francis Drake, éste es el bueno de la historia. En realidad, los piratas como él eran unos asesinos implacables”.

Cansado de que el cine español no reaccione ante ese tipo de lugares comunes, el director echa mano de argumentos de autoridad: “Yo tuve el honor –comenta– de escuchar al historiador Henry Kamen durante un curso en El Escorial. Y Kamen se quedó muy sorprendido porque los propios alumnos se creían la Leyenda Negra y tenían esa imagen tan negativa de Felipe II. Y él les reprochó que se creyeran esa historia, que es una pura ficción”.

La conjura de El Escorial ha costado catorce millones de euros –“el plan de financiación ha sido terrible”, dice Del Real–, y esa inversión se advierte en detalles decisivos, como el fastuoso vestuario, lo lucido del reparto y una dirección artística de primer nivel.

A este respecto, pregunto al director por su trabajo de localización de exteriores e interiores naturales. Interesan en particular sus relaciones con una entidad, Patrimonio Nacional, cuyo permiso ha sido imprescindible para que La conjura de El Escorial se ruede en el interior de algunos de los recintos monumentales más importantes de España.

“Decorados hay pocos en esta película –me aclara Antonio del Real–. La mayoría del rodaje se ha hecho en interiores y exteriores naturales. Han sido unos viajes sin fin, porque hemos tenido que rodar en El Escorial, Toledo, Ciudad Real, Guadalajara, Jaén, Úbeda, Baeza, el Algarve portugués, con todo lo que eso conlleva de traslado de carrozas, caballos… No es fácil hacer una película de estas características en España. Patrimonio Nacional pone muchas pegas a la hora de dejar los lugares para rodar, aparte de que cobran muy caro. Pero en esta ocasión, yo me dirigí a los responsables principales de Patrimonio, porque sabía por experiencias anteriores que íbamos a tener muchas dificultades. La verdad es que me quedé muy sorprendido porque, cuando leyeron el guión, no pusieron ninguna pega, y nos han dado toda clase de facilidades. No sé si les gustará en Patrimonio que lo contemos, pero nos han dejado incluso meter humo en la Biblioteca de El Escorial. Yo pensaba que no nos dejarían rodar en El Escorial, pero de no haber sido así, esta película hubiera sido imposible de realizar”.

A nadie se le oculta hoy el interés con el que Julia Ormond atiende a cuanto dice el director. También ella tiene una opinión formada acerca de estas dificultades que conlleva el género histórico.

“Producir películas –dice– es algo cada vez más complicado. A través de mi experiencia, he comprobado que en España hay equipos de filmación espléndidos, magníficos profesionales en el departamento de dirección artística, maravillosos operadores… Personas que están apasionadas por el hecho de relatar una historia. En este sentido, es bueno que el Gobierno respalde este tipo de iniciativas. También es bueno para nosotros, como europeos, que nos acerquemos al pasado desde la perspectiva de cada país. No en vano, si analizas cualquier hecho histórico, encontrarás al menos cinco versiones de lo que ocurrió. Lo comenté con Antonio: hay que hacer algo que sea interesante de ver, entretenido, que atraiga a los espectadores más jóvenes y que eso les sirva de acicate para que luego se sientan atraídos por la Historia”.

Con la inteligencia al servicio de su trabajo, la actriz inglesa hace una lectura vibrante de lo que ha supuesto esta interpretación suya de la duquesa de Éboli. Sin rebajar ningún valor a los auténticos acontecimientos que inspiran La conjura de El Escorial, Ormond insiste en que la ficción debe sostenerse por sí misma.

“Hay elecciones creativas –dice– con las que estás de acuerdo, y otras con las que no. Ejercer como profesional implica que debes tomar ambas en cuenta. Pondré un ejemplo: el personaje de la duquesa de Éboli y la esposa de Antonio Pérez, Doña Juana de Coello, a quien interpreta Rosana Pastor, eran amigas en la vida real. Esto era cierto, pero no resultaba útil para narrar esta historia. Por consiguiente, es legítimo tomarse ciertas licencias a la hora de llevar a término una película”.

El resto del equipo también se dirige a nosotros, pero saben que los protagonistas del encuentro son Del Real y Ormond. Consciente de ello, un risueño Jürgen Prochnow toma la palabra, y lo hace para expresar ese tipo de elogios que raramente acabarían en un titular de prensa. “Para mí –dice– fue una maravillosa oportunidad el hecho de participar en La conjura de El Escorial. Lo cierto es que estoy muy orgulloso del resultado. Lo pasé bien durante el rodaje y mantuve una estupenda relación con el director. Lo mismo me ocurrió con el resto de los actores, así que sólo puedo mostrarme agradecido”.

(© Guzmán Urrero)

Sinopsis

A finales del siglo XVI, en la corte de Felipe II (Juanjo Puigcorbé), la Casa de Alba pugna por recuperar el favoritismo real que goza su oponente, la Casa de los Mendoza, a cuya cabeza está la Princesa de Éboli (Julia Ormond).

La noche del lunes de Pascua de 1578, unos asesinos a sueldo emboscan a Juan de Escobedo (Joaquim de Almeida), dándole muerte. Mateo Vázquez (Jordi Mollá), un sacerdote e íntegro funcionario de la secretaria real, es encargado de investigar el crimen.

El Duque de Alba (Fabio Testi) que, a pesar de sus 71 años, no ha perdido ni un ápice de su energía y vigor legendarios, lleva tiempo postergado en la Corte, a expensas del protagonismo creciente que tiene el principal secretario del soberano, el Primer Ministro Antonio Pérez (Jason Isaacs).

La situación en Flandes, bajo el mando del carismático hermano bastardo del Rey, es extremadamente delicada. Por un lado, Guillermo de Orange, por el otro, Inglaterra y, de forma aún latente, la herejía protestante, hacen de los Países Bajos un lugar inhóspito y en continuo conflicto, donde, quien posea información privilegiada, puede llegar a hacerse con una inmensa fortuna.

Don Juan de Austria ha enviado a su secretario particular, Juan de Escobedo, a que interceda ante su rey Felipe II. Escobedo, todo presunción y arrogancia, ha regresado a El Escorial con la misión de exigir dinero a Felipe II para financiar la liberación de María Estuardo, reina de Escocia, y así iniciar una nueva línea monárquica, casándola con Don Juan de Austria.

La casualidad hace que Escobedo sea testigo de los turbios y apasionados amoríos entre Ana de Mendoza, Princesa de Éboli, cuya extraordinaria belleza es tan peligrosa como su ambición, y ante la cual es difícil no sucumbir, con el Primer Ministro Antonio Pérez. Además, es también conocedor del plan de ambos para impedir que sea enviada cualquier ayuda a las tierras flamencas, ya que ello truncaría sus intereses financieros.

A partir de entonces, una serie de intentos fallidos ponen en peligro la vida de Juan de Escobedo...

Copyright del texto y de la fotografía de Julia Ormond y Jürgen Prochnow © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de la sinopsis, las notas de guión y el texto Logros de Felipe II © Máscara Films y Settima Luna. Cortesía de Sony Pictures Releasing de España. Reservados todos los derechos.


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