Saga Canción de Hielo y Fuego

Saga Canción de Hielo y FuegoNos hallamos ante la saga monumental que se ha convertido en referente de la fantasía moderna. Desde que apareció su primera entrega, Juego de tronos (1996), su prestigio se ha visto acrecentado con los siguientes volúmenes, Choque de reyes (1998), Tormenta de espadas (2000) y Festín de cuervos (2005).

En un mundo cuyas estaciones pueden durar decenios y en el que retazos de una magia inmemorial y olvidada surgen en los rincones más sombríos y maravillosos, la traición y la lealtad, la compasión y la sed de venganza, el amor y el poder hacen del juego de tronos una poderosa trampa que atrapará en sus fauces a los personajes... y al lector.

El escritor George R.R. Martin es sobradamente conocido por los aficionados de habla hispana. Su primera novela, Muerte de la luz, publicada por Edhasa (en Nebulae Segunda Época), es una pieza de coleccionista, o más bien lo era antes de su reedición en esta misma colección.

Sus obras Sueño del Fevre y Los viajes de Tuf son clásicos del género, y han gozado de un respetable éxito en España. Asimismo, Martin da muestra de su destreza en una serie de cuentos cortos, recopilados en varias antologías, que le han valido cuatro Hugos y dos Nebulas hasta la fecha.

Especialmente recomendables son “Los reyes de la arena”, premios Hugo y Nebula, una escalofriante historia sobre los peligros de jugar a ser Dios, y “Una canción para Lya”, premio Hugo, un bellísimo canto a una mujer que abraza una religión alienígena.

La saga Canción de hielo y fuego es descrita en los siguientes términos por Luis G. Prado: “El mundo que Martin despliega ante nuestros ojos hunde sus raíces en referencias históricas: Poniente es una imagen especular de Gran Bretaña, y las principales familias, los Stark y los Lannister, remedan a los York y los Lancaster de la guerra de las Rosas; la perdida Valyria, medio Roma, medio Atlántida; las oleadas de antepasados que hacen las veces de celtas, sajones y normandos; los jinetes de las estepas recuerdan a los mongoles; los guerreros de las Islas del Hierro a los vikingos... Pronto descubrimos otra interesante característica: que, al contrario que en las series de la estela de Tolkien, en Canción de hielo y fuego la magia no está desapareciendo, sino que está regresando, tras un largo hiato llamado verano y acompañando a la llegada del temido invierno que resuena en el lema de los Stark”.

Otro analista de la saga, Josep Burillo, comenta sus orígenes en la introducción de Juego de tronos: “Concebida originalmente en cuatro volúmenes, la saga vio pronto aumentada su longitud a seis tomos, aunque tras la aparición de Festín de cuervos en octubre del 2005, el autor se plantea ampliarla a siete. En castellano están disponibles, además de este Juego de tronos, sus dos continuaciones, Choque de reyes y Tormenta de espadas. Los títulos provisionales de los volúmenes quinto y sexto son A Dance for Dragons y The Winds of Winter, respectivamente”.

La saga, añade Burillo, “no tuvo un arranque espectacular; la edición en tapa dura de Juego de tronos no llegó a ser éxito de ventas, y no fue hasta la aparición de la edición en rústica que las ventas se dispararon. El enorme éxito de la edición en tapa blanda aumentó las ventas de Choque de reyes, ya en tapa dura; Tormenta de espadas alcanzó el duodécimo puesto en la prestigiosa lista de libros más vendidos del New York Times en noviembre del 2000, para debutar en el primer puesto con Festín de cuervos. A consecuencia de este éxito a posteriori, la primera edición de Juego de tronos se cotiza a precios espectaculares en el mercado del coleccionista”.

Alberto Cairo señala que Canción de hielo y fuego “no es sólo un folletín sino también, y esto es fundamental, una novela histórica de aventuras situada (paradojas) en un universo imaginario. Es difícil expresar la alegría que sentí cuando el propio Martin recomendó en su página web la lectura de la también monumental saga sobre la Roma republicana de Colleen McCullough, cuya inicial y magnífica entrega es El primer hombre de Roma. Y es que ése fue el primer referente claro que se me vino a la cabeza cuando sólo llevaba unas cincuenta páginas de Juego de tronos, que da inicio a la llegada del invierno a Poniente”.

“El segundo –escribe Cairo– fue Bernard Cornwell (la serie de El señor de la guerra en particular) y, en general, la nueva hornada de escritores de novela histórica, que comparten con Canción de hielo y fuego el gusto por la brutalidad y la absoluta falta de escrúpulos a la hora de eliminar personajes a priori fundamentales para el desarrollo de la historia”.

Martin, con pulso firme y enérgico, nos deleita con un brillante despliegue de personajes, engranando una trama rica, densa y sorprendente. Nos vuelve testigos de luchas fratricidas, intrigas y traiciones palaciegas en una tierra maldita por la guerra, donde fuerzas ocultas se alzan de nuevo y acechan para reinar en las noches del largo invierno que se avecina.

A la hora de describir el estilo de Martin en la saga Canción de hielo y fuego, Álex de la Iglesia tiene claros los antecedentes del escritor: “Diez años en Hollywood le permiten recoger la información suficiente para intentar lo que para todos es algo nuevo: trasladar la manera de estructurar un episodio de televisión a su formato adorado: la saga de fantasía. Cada novela es como una temporada de la serie. Cada temporada está protagonizada por varios personajes; cada personaje protagoniza un capítulo diferenciado. Los capítulos son siempre breves, de lectura rápida, y de una duración determinada (aproximadamente 10-20 páginas). Eso facilita terriblemente la lectura, que siempre es amena, al pasar, por corte directo, de un personaje a otro. Diríamos que este montaje permite avanzar sin tiempos muertos, consiguiendo un ritmo trepidante”.

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