Manucho. Una vida de Mujica Láinez, de Óscar Hermes Villordo

WilliamJWhiteAlexander

Manucho. Una vida de Mujica Láinez, Óscar Hermes Villordo, Planeta, Buenos Aires, 1991, 318 páginas.

Manuel Mujica Láinez (1910-1984) fue, a la vez, un perfilado escritor y un personaje. Éste, con sus luces, ocultó, por paradoja y a menudo, al otro. Manucho fue más conocido que Mujica Láinez. El conflicto y la armonía entre ambos, valga la fórmula sarmientina, es un buen acicate para el biógrafo y ha sido, sin duda, el punto de partida de Villordo en su proyecto.

El autor conoció muy bien al biografiado, lo cual implica ventajas e inconvenientes: noticias de primera mano, exceso de proximidad, amistad. En otro sentido, la abundancia de gente que aún puede testimoniar sobre Mujica plantea iguales ambivalencias: es posible recoger parte del tesoro oral de Manucho, pero las reticencias y el pudor también ponen sus límites, Villordo ha optado por la vía del medio, combinando las fuentes escritas y orales.

Entre las primeras, ha exhumado documentos, entre los que destacan las anotaciones de Manucho en sus álbumes de fotografías, sus libretas de apuntes cotidianos, sus cartas. Luego, hay una enorme obra suelta, periodística, que se une a sus textos autobiográficos y a su labor de ficción.

Como no podía ser menos, una biografía de Mujica obliga a los «ecos de sociedad» de una época esplendorosa y ya un tanto décadent de la alta burguesía porteña, pero también señala las contradicciones de Manucho con su milieu, las cercanías y extrañezas que suscitaban en él un medio fascinante y, al tiempo, henchido de maniáticos, alucinados, inútiles y perversos.

En esta dualidad radica el mayor interés de su obra. Destaca Villordo en la sutileza con que encara las penumbras de la vida sexual y sentimental de Manucho y de su madre, así como en la evocación de las tertulias literarias, teatrales y pictóricas de estas últimas décadas porteñas. Dentro de muchos años, podrá escribirse una biografía de Mujica Láinez dotada de documentos más abundantes, que se irán conociendo a medida que el secretismo ceda ante el tiempo.

No obstante, ya no podrá recuperarse el tiempo perdido de las memorias personales, los juegos de palabras y el arte del chisme, esenciales a toda reconstrucción histórica, y que son el tesoro particular de este libro.

Copyright del texto © Blas Matamoro. Este artículo fue editado originalmente en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. El texto aparece publicado en Cine y Letras con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.


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Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC