Edgar Allan Poe. Vida de un escritor maldito

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Pionero de la novela policiaca y de la ciencia-ficción, renovador de la literatura de horror y maestro del relato. Esos, entre otros, son los méritos que distinguen a Edgar Allan Poe (Boston, 19 de enero de 1809 - Baltimore, 7 de octubre de 1849), de cuyo nacimiento se cumplen dos siglos. Sólo alcanzó a vivir cuarenta años y sus obras completas caben en tres volúmenes. No obstante, Poe continúa siendo un genial explorador de lo sobrenatural, capaz de fascinar a todo tipo de lectores. Blas Matamoro recupera la negra sombra de Poe en tres de facetas llenas de interés: su biografía, revisada a partir del libro de Georges Walter; su influencia en los escritores de nuestro idioma; y por último, su proximidad al universo musical.

Se conocen unas cincuenta biografías de Poe. Walter, buen sabedor del dato, ha decidido hacer una enquete, que así se subtitula este libro (Poe. Edgar Allan Poe, poeta americano, Anaya & Mario Muchnik, Madrid, 1995) en su original francés. Hace una encuesta en busca de Poe, convocando a las numerosas voces que interpelan a su fantasma y a las que interpelaron a su persona.

A pesar de la longitud del libro y de la acumulación de documentos, la fluidez de la narración, la alternancia de tiempos (el cuento empieza con la muerte enigmática del escritor y está mechado de escenas presentes, en las que Walter recorre lugares poeianos y sus propios territorios mentales) hacen de la lectura algo movido y placentero, como no lo fue la vida de Poe, inmovilizado por su relación con la muerte y atenaceado por dolores mentales y físicos incesantes.

Walter, además, intenta despejar algunas leyendas francesas sobre el poeta americano. Su especial fobia se dirige contra Marie Bonaparte y su dura lectura freudiana, pero también contra la fábula del escritor maldito, mártir laico y apóstol de la religión del arte en en medio de una sociedad fenicia, erigida por la admiración ilustre de Baudelaire y Mallarmé.

En efecto, éstos universalizaron a Poe desde París, pero con un empeño por desamericanizarlo que lo cubrió con la propia fantasía malditista de los escritores franceses.

Más bien, Walter suscribe la versión Valéry del poeta-filósofo de Eureka, aficionado al pitagorismo, a Plotino y a la herencia neoplatónica que desagua en el simbolismo.

Valéry, enterado en ciencias físicas y matemáticas, hace justicia a las anticipaciones de Poe, tomadas a broma por los duros positivistas de su tiempo.

El Poe de Walter tiene poco de maldito. Es alcohólico, pero no a tiempo completo; toma láudano, pero no se droga; vive pobremente por que resulta incapaz de ganarse la vida y prefiere deambular por casas ajenas y ejercer de huérfano menesteroso.

Su literatura es un ejemplo de sobriedad, en todos los sentidos de la palabra: contracción del lenguaje y lucidez expresiva y constructiva.

Hasta su relación con la muerte es la de un lúcido suicida, que se sabe superviviente mientras la escritura sea capaz de alejar el momento final.

Poe no fue un incomprendido ni un perseguido. Se lo reconoció tempranamente como el más importante escritor americano de su tiempo y alcanzó a conocer su fama europea.

Sus lecturas contaban con el apoyo de la buena sociedad y sus libros se deseaban y vendían en la misma medida en que los escritos por otros grandes nombres de su país. Fue polémico y querulante, pero también lo fueron los escritores norteamericanos de la época.

Se enfrentó con el puritanismo y la calumnia, pero no como un outsider, sino como un caballero del sur, aristocrático, antipolítico, y, por ello, escasamente democrático y nada progresista.

Hijo de un actor alcohólico y de una actriz tuberculosa, huérfano recogido por un matrimonio que gastó grandes sumas en su educación pero no lo quiso, Poe halló en su tía María Cremm a una madre sustituta, y en su prima Virginia, a la esposa-niña (y tal vez virgen) que lo fascinaba como sustituta de una hermanita subnormal, perpetua nena.

Rechazó a su familia adoptiva porque ésta pretendía obligarlo a madurar, hacerlo militar u hombre de negocios.

Él prefirió conservar la infancia creadora de países de Jauja y reinos del terror, y fue siempre un niño pedigüeño, desastrado y encantador.

A ello hay que agregar el detalle de su inmenso talento y de su capacidad fabuladora, que lo llevó a concebir el universo como el poema de Dios, creación desde la nada y avocada a la nada: destinada, por hacer un gálico juego, ya que estamos cerca de Francia.

Walter tiene la virtud de despejar la atmósfera en torno a Poe, dejándonos a solas con el personaje y con una obra que, examinada con minucia y agudeza, dibuja el retrato imaginario del escritor y se desprende de él, como el universo se desprende de Dios: como un poema cósmico.

 

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Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

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Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC