"Ya no somos dos" (John Curran, 2004)

Ya no somos dos

Basada en dos trabajos de Andre Dubus, Ya no somos dos es un drama sexy y provocador sobre la vida marital y sus decepciones. La película nos muestra la relación entre un hombre casado y la mujer de su mejor amigo y nos cuenta cómo esa unión rompe el equilibrio de cada una de las parejas, culminando con una fuerte discusión entre las dos mujeres.

Desde cuatro puntos de vista diferentes, la historia captura las paradójicas acciones de unos padres amantísimos, decididos a salvar unos matrimonios de los que en secreto desean escapar y las parejas más jóvenes que luchan a través de enredos sexuales y emocionales. Ya no Somos Dos revela la perversa lógica de la infidelidad y la complicidad, el rechazo y la crueldad que pueden acompañarla.

Dos profesores de universidad de una pequeña ciudad, Jack Linden y Hank Evans tienen una relajada amistad que incluye carreras entre clase y clase y copas en el pub después del trabajo. La mujer de Jack, Terry, es la mejor amiga de Edith, mujer de Hank, y les gusta cenar juntos, una vez que han acostado a los niños, haciendo grandes fiestas en las que el vino fluye en abundancia y la colección de discos está en constante rotación.

Pero los Evans y los Linden no son en realidad tan felices como parecen. A Jack y Terry, la vida cotidiana siendo padres de niños pequeños y los esfuerzos por llegar a fin de mes le están pasando factura a la que fue una pareja apasionada. Hank, que en el fondo es un escritor egocéntrico, quiere a su hija y le gusta la vida familiar, pero no resulta ser un incondicional de la monogamia. Edith acude a Jack en busca de consuelo. Lo que empieza como un juego se convierte en toda una infidelidad, llevando a los cuatro a pasar por una criba de emociones para encontrar su camino de vuelta a casa.

Publicados en la segunda mitad de los años 70, las dos obras en las que se basa YA NO SOMOS DOS – el cuento homónimo y “Adulterio” – son las historias reflexivas y provocadoras de dos parejas que se enfrentan a la infidelidad. “Ya no somos dos”, contado desde el punto de vista de Jack, es la crónica de su aventura con Edith y cómo culmina con un lío entre sus respectivos esposos. “Adulterio”, contado desde el punto de vista de Edith un tiempo después de su aventura con Jack, hace un seguimiento de su creciente desilusión con su matrimonio. En esta historia revive la primera época de su matrimonio y su descubrimiento de la infidelidad de Hank.

Cada uno de los esposos en estas historias tiene una actitud distinta hacia (y distintos motivos para) sus transgresiones. Infundidas de las ácidas e incisivas observaciones sobre la naturaleza humana que hace Dubus, las historias retratan a cuatro adultos luchando con ambivalencia con el lento, gradual y poco excitante paso hacia la mediana edad y la vida familiar.

Cuando leyó los cuentos de Dubus, al guionista Larry Gross le pareció que estaba ante un complejo retrato tanto vital como realista de la crisis entre dos parejas, que exploraba en las numerosas fuerzas que tiran de cada uno de los personajes. Los cuentos se enfrentaban a preguntas difíciles sobre la vida en pareja con una clara honradez, reflejando las decepciones, las menudencias y las distintas formas de engaño que pueden entrar en un matrimonio antes de que exista siquiera una traición.. Gross comenta “Describen una combinación de cosas que pasan en la vida de cuatro personajes principales que se mezclan para encerrarlos en situaciones difíciles: las presiones, la debilidad, el cansancio, el miedo, la compasión, la nostalgia, las exigencias de los hijos, el dinero, la ambición, la falta de ambición, la oportunidad, la inercia, la pena, el deseo. Dubus demuestra que aunque a menudo el amor y el matrimonio son asimétricos, siguen estando completamente entrelazados. Los cuentos de Dubus articulan una idea que puede incomodar a algunos: Que el amor no implica necesariamente la tranquilidad, la sinceridad y el bienestar. El amor no implica necesariamente la felicidad”.

Los cuentos de Dubus nos proporcionan una punzante disección de las distintas clases de amor que pueden complicar la vida en pareja y la amistad así como la tensión que puede surgir en un conflicto de lealtades. Gross explica “El tema de los desconcertadores efectos del amor es lo que obsesionó a Andre Dubus en todos sus cuentos. En estos cuentos en concreto, se contrastan toda clase de amores: el amor entre esposos, el amor entre amantes clandestinos, el amor entre amigos del mismo sexo, el amor entre padres e hijos, el amor sexual, el amor nacido de la amistad, el amor que se ha quedado reducido a la compasión, el amor que provoca engaños, el amor que conduce a la violencia”.

Al adaptar los cuentos, Gross se basó fundamentalmente en los hechos de “Ya no somos dos”, incorporando la visión del matrimonio entre Edith y Hank de “Adulterio”. Además, optó por cambiar el punto de vista del personaje central a una combinación de los puntos de vista de los cuatro personajes principales, elaborando una pieza de cámara en la que cada uno de los personajes actúa como contrapunto de los demás.

Gross afirma “Me interesaba complicar la estructura del punto de vista del material original.. seguía el dictado de Jean Renoir en La Regla del Juego, ‘El problema en la vida es que cada cual tiene sus razones’. Quería reflejar los puntos de vista de los demás personajes. También me pareció que incluir la perspectiva de los cuatro personajes era la forma de convertirlo en material cinematográfico”.

Al modificar el punto de vista, Gross permite al público identificarse con cada uno de los personajes, realzando las complejas corrientes ocultas de emociones que existen en la historia y los conflictos de lealtades. Este delicado equilibrio de perspectivas enriquece las posibilidades dramáticas del material, añadiendo capas de interpretación a escenas aparentemente normales debido a los distintos grados de conocimiento de los personajes. ¿Parece que Hank anima a Jack para que traicione a su mujer para poder hacer él lo mismo, o sólo intenta que su amigo se relaje? ¿Jack es consciente de que está empujando a su mujer en brazos de su mejor amigo o sólo expresa su frustración con su matrimonio? Con el mismo realismo que se encuentra presente en los cuentos, las complejidades del corazón infiel se muestran no sólo en las acciones de los amantes infieles, sino también en su interacción con aquellos a quienes traicionan.

Gross dice “Todo el que se ve envuelto en una crisis emocional es consciente de distintas partes de la situación en distintos momentos. Sigues lo que pasa, lo que sabe cada uno de los personajes por separado y lo que sabe cada personaje sobre lo que saben los demás personajes. Esta variación en el grado de consciencia de los personajes produce un suspense completamente heterodoxo”.

Escrito hace más de veinte años, el guión y sus derechos subyacentes se cortaron cuando Columbia Pictures compró los derechos sobre los cuentos. Gross y el productor Jonas Goodman, cuyo padre había sido el editor de Dubus, intentaron vincular el guión a estos derechos a lo largo de los años, consiguiendo algo tras el éxito de En la habitación, la adaptación de Todd Field’s del cuento de Dubus “Killings”. Gross y Goodman, ya productor de Front Street Productions, renovaron sus esfuerzos para poner en marcha el proyecto y su perseverancia finalmente dio sus frutos. Gross, Goodman y los otros productores de Front Street Harvey Kahn y Ruth Epstein empezaron a poner en marcha el proyecto, con Epstein como productora ejecutiva.

Al pensar en directores para la película, los productores dieron rápidamente en el clavo con John Curran. El director respondió de forma inmediata y con tal pasión que los productores supieron que la película se beneficiaría de su visión y de su interpretación del material. Curran dice “lo primero y principal que me atrajo del guión fue su brutal sinceridad, su tratamiento compasivo de unos personajes principales tocados y la idea valiente y elemental que estaba en su base: que el verdadero compromiso exige ciertos sacrificios personales y que, en distintos grados, las mentiras y el doble juego forman parte de todas las relaciones. En segundo lugar, me atrajo lo bien que se explora esta idea a través de los puntos de vista cambiantes, construyendo un drama siguiendo la línea de un thriller emocional, con esa sensación de no saber quién sabe qué o cuándo lo sabrán por fin o qué harán entonces”.

Curran se dio cuenta de la gran importancia de encontrar un elenco capaz de capturar las sutilezas de la dinámica en juego en este inusual ménageaquatre desde el principio. Quería encontrar actores que pudieran incorporar el calor y la humanidad de cada personaje a pesar de las cosas cuestionables que cada uno hace en la historia, empezando por el personaje central de Jack. Curran tenía a Mark Ruffalo en mente para el papel y se alegró muchísimo cuando vio la entrega que mostró el actor por el material.

Curran afirma “Mark es una de las personas más sinceras y agradables que he conocido en mucho tiempo y creo que esto se refleja en cualquier cosa que haga en la pantalla, independientemente de las decisiones morales que tomen sus personajes. Le horrorizaba gran parte de lo que hace Jack, pero estaba decidido a no restar nada en el retrato que hacía de él”.

Cuando Ruffalo leyó el guión por primera vez, el retrato de dos matrimonios en crisis le pareció perturbador. Ruffalo cuenta “En Estados Unidos, algo más del 50% de los matrimonios acaban en divorcio. Esta gente está inmersa en uno de los empeños más difíciles al que nos podamos enfrentar en la vida. El sufrimiento es sincero, los problemas y las personas son complejos y el diálogo está maravillosamente escrito. El guión refleja las dudas morales y el maduro examen que Dubus hace las dificultades que atraviesan los matrimonios. Lo describe en sus peores momentos, pero deja espacio para la sencillez y belleza que hay en la capacidad de volver al amor inicial que hizo que todo aquello funcionara para empezar. Evidentemente este tema se ha tratado en incontables ocasiones, pero nunca lo he visto reflejado con tal sinceridad ni con un sentido del humor tan sutil, sin ceder a la intriga ni menospreciando los motivos ni la humanidad de cada uno de los personajes”.

La respuesta inicial de Ruffalo al material fue profunda, su compromiso con la película desde el principio le inspiró para involucrarse además como productor ejecutivo. En cuanto a su participación como actor, le preocupaban las acciones de Jack y en un principio le interesaba más interpretar el papel de Hank. Cuando se reunió con Curran, se le persuadió para que se lo replanteara. Sobre Jack, Ruffalo comenta “Está pasando por un momento muy difícil. Está llegando aun punto en su vida en el que cree que lo mejor de sí mismo ya ha quedado en el pasado. Siente el paso del tiempo, lo ve en la corriente del río, en la actividad del pueblo que le rodea, en el tren. Ha perdido el contacto con su mujer y aprende a mentir sobre su infelicidad así como los que cree que son sus defectos (de ella). Intenta hacer lo que muchos hombres hacen cuando les llega la crisis de la mediana edad: recrearse destruyendo su pasado. Pero acaba por comprender que no es tan sencillo como tirarlo todo abajo y empezar desde cero. Sus propias acciones le obligan a ver la realidad de su vida en toa su complejidad y aceptarla. Ésa es la auténtica hombría. Esta crisis es una fase más en su desarrollo como ser humano”.

Para el papel de Edith, Curran tenía, de nuevo, alguien concreto en mente: Naomi Watts. La dinámica actriz era claramente capaz de proporcionar al personaje la combinación exacta de vulnerabilidad y decisión y a Curran le intrigaba la idea de trabajar con una actriz de semejante talento que, además, hace muchos años que es amiga suya.

Curran dice “Siempre imaginé a Naomi como Edith – un personaje enigmático y etéreo—y me gustó el hecho de que a Naomi le costara mucho respetar y entender al personaje en un principio. Naomi es en realidad el polo opuesto de Edith. Se enfrenta a los problemas desde el principio y no tolera a los idiotas. Me interesaba colaborar con ella con un personaje que la constriñera emocionalmente”.

Cuando se le propuso el proyecto, Watts estaba en medio de un rodaje agotador en el plano emocional y no estaba convencida de meterse en otro proyecto con tan poco tiempo. Sin embargo, la fuerza del material así como la oportunidad de trabajar en el proyecto a un nivel más creativo le resultaron irresistibles. Watts se enganchó al proyecto como actriz principal y como productora.

Watts comenta “Me daba miedo atacar otro trabajo tan poco tiempo después de 21 Gramos, pero llegué a la conclusión de que podía forzarme porque se trataba de un nuevo reto para mí. John confiaba en mis instintos y sugerencias sobre el reparto, la fotografía y otra serie de cosas. Aunque no estuve implicada en la fase de desarrollo del proyecto, esto abrió una parte de mí misma que quiero seguir explorando”.

Sobre el guión Watts dice “Me pareció una maravillosa representación de la verdad sobre la pérdida de la comunicación en el matrimonio. Trabajar con este material ha sido una experiencia increíble, intentando comprender quiénes son estas personas. Son personas que, en su vida diaria, luchan por hacer que sus relaciones funcionen y eso es lo que me interesa como actriz en los libros que leo y en todo lo que observo”.

Watts continúa “Hay muchos momentos en los que Edith juzga a Hank por sus infidelidades y, de repente, ella se dedica a lo mismo. Pero ésa es la naturaleza humana, en parte se trata de una reacción y n parte se trata de una necesidad básica de intimidad. La falta de comunicación en su matrimonio lo detiene todo y hace que se convierta en algo muy triste. Me costó mucho aceptar algunas decisiones de Edith, pero hace muchos años que ni se la escucha, ni se la ve ni se la quiere en su matrimonio. Eso me resultaba devastador, que alguien pudiera vivir así. Ella había aprendido cómo enfrentarse o no enfrentarse a las cosas, encerrándose. Jack despierta algo en su interior. Es una especie de efecto “dominó”. Cada uno de nosotros afecta a otro que a su vez está destrozando a otra persona y Edith es quien tiene el valor de retirarse de esta tremenda situación que se está saliendo de madre. La aventura tiene mucho sentido, pero también es autodestructiva. Es casi como si a veces tuvieras que provocar una crisis para evitar la muerte interior, para redescubrirte y bien salvar el matrimonio, bien abandonarlo”.

Para equilibrar el conjunto, John Curran propuso a Laura Dern que interpretara a Terry Linden, un papel que requería la ingenuidad que ha hecho famosa a la actriz. Al igual que Ruffalo y Watts, la reacción de Dern ante el sincero retrato de la vida en pareja fue inmediata, pero le costaba aceptar en que los personajes estuvieran embebidos en sí mismos. Dern comenta “Yo tenía una idea muy distinta de la historia, una idea, en cierto sentido, estrecha de miras, hasta que me reuní con Mark y John. Me conmovió lo que veían en los Linden: una historia de amor sobre personas que luchan por tomar conciencia del otro… Forma parte del viaje emocional que emprenden y uno de los descubrimientos que hacen por el camino, quizá ambos, es que ella le quiere de manera absoluta, con cierta inocencia. No se trata sólo de seguir juntos por los hijos – Dios sabe que a veces no puedes elegir esa opción cuando no hay un cariño auténtico o hay mala voluntad – pero se trata de una mujer que le desea lo mejor y cree en la versión más auténtica de él. Él quizá haya olvidado quien es esa persona pero con un poco de suerte podrá volver a ella. Eso es lo que está en el núcleo de la historia y es lo que haces que quieras que sigan juntos”.

Curran afirma “Laura no tiene ningún miedo como actriz y, aunque Terry no le parecía una víctima inocente, protegió a su personaje en todo momento. En unas manos menos capaces, Terry podría haberse convertido en una arpía antipática, pero Laura siempre buscó un equilibrio de belleza o humor en las escenas para contrarrestar la ira”.

Con cada uno de los nuevos miembros que se añadía al reparto, los productores se aseguraron un reto a la hora de la logística, aunque sólo fuera por una cuestión de disponibilidad. La calidad del reparto era impecable, sin duda, pero las posibilidades de rodaje eran complicadas, sobre todo teniendo en cuenta la agenda del actor que querían que interpretara a Hank: Peter Krause. Muy metido en la tercera temporada de A dos metros bajo tierra, Krause reaccionó muy favorablemente al material.

Krause cuenta “Es un material evocador que tiene numerosas interpretaciones posibles… Me gustaba el hecho de que el guión no te decía qué debías pensar de los personajes y sus relaciones y también el hecho de que tiene un final abierto. Da algo en qué pensar en vez de ser una historia que te cuenta qué es la vida o cómo es. Simplemente te deja ver un momento de estas cuatro vidas y sus relaciones”.

Copyright de texto e imágenes © Vertigo Films. Reservados todos los derechos.


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