"Vidas contadas" (Jill Sprecher, 2001)

Vidas contadas

Un hombre de mediana edad decide cambiar su vida. Los planes de un joven abogado provocan el caos a consecuencia de un solo acto. Una mujer se enfrenta a la infidelidad de su marido. Un envidioso hombre de negocios busca venganza en un alegre compañero de trabajo. Y una joven y optimista mujer de la limpieza espera un milagro. Simplemente las idas y venidas del día a día en Nueva York: caótico, aislado, difuso.

¿O no? ¿Cómo podemos saber que efecto causamos en un desconocido? ¿qué pasaría si la más mínima señal cambiara el curso de la vida de alguien? Quizás el destino es, de hecho, producto de las elecciones que hacemos cómo aceptamos acontecimientos aparentemente fortuitos, si optamos o no por ver la interconexión de las cosas. Quizás, también haya una luz al final del túnel, incluso aunque no podamos verla todavía.

Vidas contadas mezcla cinco historias contemporáneas en un solo cuento que examina el impacto dramático que la gente tiene en los demás. Con una narración cuidadosamente construida que se entrecruza en el tiempo y retrocede sobre sus mismos pasos, la película ofrece una mirada insólita en el pasado, presente y futuro de cada personaje tanto de forma divertida como conmovedora. Y las ideas que explora el significado de la verdadera felicidad, la noción del karma, el eterno poder de la esperanza golpea con una particular relevancia en nuestro frenético e inconexo mundo.

Notas de la directora

Siempre me han intrigado los hechos que dan forma a la vida de la gente, que pueden llegar a reconducirla. Estos hechos pueden ser magníficos, dramáticos, simples, pueden llegar en forma de pequeños gestos, como una sorpresa… pero nunca cuando los buscamos.

El destino ha tenido mucho que ver en la creación de esta película. Empezamos sin tener muy claro como acabaría todo, pero algo nos hacía seguir adelante superando todos los obstáculos. Había muchas extrañas coincidencias entre lo que pasaba en la pantalla y fuera de ella; un grupo de individuos unidos por un mismo hilo y un conjunto de experiencias marcadas por la determinación y la resistencia, por la esperanza y por la fe.

Cómo se hizo

Vidas contadas tuvo su origen en un hecho fortuito. A principios de los 90, la directora y guionista Jill Sprecher fue herida seriamente en un atraco en Nueva York. Al año siguiente un completo desconocido la abofeteó en el metro. Sprecher se sentó y mientras las lágrimas corrían por sus mejillas y pensaba “odio a la gente”, echó un rápido vistazo a un pasajero que se encontraba al otro lado de la vía. “El pobre hombre me miró y sonrió. Yo estaba muy enfadada por lo que me acababa de pasar, y esa sonrisa deshizo toda esa ira acumulada; fue como una cura final para mi”.

El incidente permaneció en la memoria de Sprecher muchos años. Tras completar la producción de Esperando la hora en 1997, se sentó con su hermana Karen para explorar los impresionantes efectos que pueden causar hechos aparentemente intrascendentes. Como con su anterior guión, empezaron por el final. “Siempre pensamos antes en el final, incluso en la toma final, ya que eso nos ayuda a encaminar la historia”, dice Jill. “Así que empezamos con la escena en la que uno de los personajes está en el metro mirando a otro, entonces volvemos atrás y completamos sus historias”

El resultado fue una complicada y poética meditación sobre el destino, la tolerancia y la naturaleza de la felicidad. “Ambas leímos – explica Karen La conquista de la felicidad de Bertrand Russell, que trata sobre los diferentes obstáculos para conseguirla. El libro se divide en categorías como la envidia, el aburrimiento y la culpabilidad; conceptos que utilizamos como un punto de partida. Lo más duro del guión fue la estructura porque queríamos al mismo tiempo que estuviera interconectada pero que no fuera lineal.”

Afortunadamente, la simbiótica relación entre las hermanas Sprecher simplificó el proceso. “trabajamos rápido porque estamos en la misma onda,” dice Jill. “Karen estudió trabajo social y yo soy filósofa, así que ella tiende a centrarse en los detalles, como qué es lo que debe haber en la mesa de un personaje mientras yo pienso ¿qué significado tiene la mesa?”.

Una vez tuvieron el guión pulido, las Sprecher acudieron a la productora de Esperando la hora, Gina Resnick para ayudarles a que VIDAS CONTADAS despegara. “Me sentía comprometida con Jill y como cineastas a causa de Esperando la hora,” “y el guión era tan indicativo de su talento, preciso en los detalles, en las conexiones e incluso en los silencios”

En la búsqueda financiación,Gin se acercó a Rena Ronson y a Cassian Elwes de la Agencia William Morris. Estos le sugirieron que hablara con Beni Atoori. Beni tiene bastante experiencia a sus espaldas en lo que se refiere a financiar y producir películas y cuando Rena y Cassian le pidieron ayuda, cogió el primer avión a Nueva York. Se reunió con Gina y en veinticuatro horas la financiación estaba en curso y la rueda rodando con rapidez.

Mientras Resnick trabajaba para asegurar la financiación, Jill y Karen pedían a un amigo común que convenciera a Alan Arkin para el papel de Gene. “Alan es un ídolo para nosotras, un verdadero actor de actores, así que siempre le hemos visto para ese papel,” dice Jill. Impresionado por la honestidad emocional del guión, Arkin firmó casi inmediatamente. “Había algo Chehoviano en la profundidad y en lo absurdo de la obsesión de Gene con Wade,” dice “Incluso después de intentar volver correcto este increíble mal, él todavía está reluctante para dejarlo entrar, para mirarse a sí mismo detenidamente.”

Con Arkin en el reparto, Resnick envió el guión a su vieja amiga Sandy Stern a Single Cell Pictures (John Malkovich) quien junto con su compañero Michael Stipe, admiraron su maravillosa inteligencia. “El guión era como poesía dice Stern era elegante, y contenía un bonito mensaje.” Los profundos lazos de Stern con los actores de talento de Hollywood le permitieron incluir a su viejo amigo Matthew McConaughey, ofreciendo al proyecto tanto una estrella como un versátil actor dramático.

Para el papel de Bea, Stern sugirió a Clea Duvall, que estaba obteniendo alabanzas por Girl Interrupted. “No la había visto interpretar un personaje como éste, pero cuando volví y miré su trabajo me sorprendí por sus increíbles registros,” dice Jill. “Es tan centrada e intensa, y podía ver las diferentes facetas en cada papel que hacía.”

Para Duvall, que acababa de terminar una película de cienciaficción, VIDAS CONTADAS le permitía hacer algo más anclado en la realidad. “Era un honor formar parte del proyecto porque está muy bien escrito. Sentí que Bea era la persona más honesta en todos los aspectos. Admiraba su sinceridad y su respeto y la manera en que se enfrentaba a la idea de que la gente necesariamente no encontraba lo que esperaba.”

Desde el principio, las Sprechers habían visto a John Turturro como el exigente Walker, y Turturro tuvo tiempo para hacer el papel. “Lo encontré poco común, a diferencia de otros guiones, trataba de algo, de lo que la gente persigue y busca en la vida,” dice. “Y éste no es un material fácil de hacer porque hay algo elíptico en ello.” Por suerte, Turturro es amigo y vecino de la actriz alemana Barbara Sukowa, a la que sugirió para el papel de Helen. “Había sido fan de Barbara desde que vi su trabajo con Fassbinder en la universidad,” dice Jill. “Para nosotros fue una suerte que viviera en Nueva York y que conociera a John.”

Encontrar a una actriz de Nueva York para interpretar a Patricia era esencial debido al complicado horario de la película. En un viaje a Los Angeles, Jill pudo ver un corte de Traffic, en el que su editor Stephen Mirrione estaba trabajando. “La película me recordó lo buena actriz que Amy Irving es. Cuando volví al este, nuestra directora de casting, Adrienne Stern, me enseñó una lista de actrices locales, y el nombre de Amy era el primero. Era el destino.”

Con respecto a la búsqueda del reparto, los extensivos contactos de Stern con el teatro de Nueva York fueron indispensables, especialmente para el papel de Wade `Smiley´ Bowman. Jill dice, “Ya habíamos empezado a rodar, así que Karen y Adrianne hicieron el casting sin mí. Karen vino tarde a casa ese día y dijo, `Encontré al tipo. Es Smiley.´ Y lo era. Bill Wise es la persona más dulce y feliz. Cuando estábamos rodando la escena en la que le despiden, Alan vino hacia mí y dijo, “Lo está haciendo realmente cruel porque es realmente bueno.”

Para llevar a cabo la producción en Manhattan, acudieron a Andrew Fierberg y a Amy Hobby en Double A Films, una empresa comprometida a preservar la historia visual de Nueva York. Fierberg dice, “Nuestro objetivo siempre ha sido retratar a la gente de Nueva York con un sentido de humanidad que no siempre se revela en las películas modernas. VIDAS CONTADAS se ajusta perfectamente a esa visión del mundo.” Fierberg se reunió con la unión de representantes de la ciudad, los cuales estuvieron de acuerdo en hacer las concesiones necesarias para rodar la película en Nueva York.

Con su delicado equilibrio entre representación y atmósfera, VIDAS CONTADAS necesitaba una paleta visual muy específica. Antes de la producción, Jill dio un libro de pinturas del artista John Register al diseñador de producción Mark Ricker. “El trabajo de Register evoca un fuerte sentido del lugar, de la historia y la eternidad,” dice Sprecher. “Nos lleva hacia atrás, hacia Edward Hopper, cuyo trabajo tiene una soledad similar. A la misma vez, parece que la gente que Hopper pinta tiene una vida interior rica.”

El vínculo entre el mundo interior y el exterior de los personajes fue vital para el diseño de la película. Junto con la diseñadora de vestuario Kasia Maimone, Sprecher y Ricker trazaron un esquema de color diferente para cada una de las historias. “Expusimos matices dorados para Clea, verdes para John y Amy, sombrios azules para Matthew, y tonos neutrales para Alan,” dice Sprecher. “Era un reto porque queríamos que el diseño fuera como un todo, a la vez que hacíamos que cada ambiente reflejara el humor de cada personaje.”

Otro componente clave para la película, tanto visual como dramático, fue la elección de los exteriores. Fierberg explica, “Como la mayor parte de la película es interior, tanto en espacio como en personajes, necesitábamos puntos de Nueva York que fueran esenciales pero sin ser iconos clásicos como el Empire State Building.”

Uno de los grandes retos era encontrar en Manhattan una calle en la que McConaughey pudiera golpear a alguien sin ser visto. Sprecher dice, “Condujimos por toda la ciudad hasta encontrar esta pequeña calle llamada Minetta Lane, un santuario anidado entre dos avenidas muy concurridas. Era perfecta y ni siquiera tuvimos que controlar el tráfico – en dos días de rodaje ni un coche pasó por allí.”

Copyright de texto e imágenes © Vertigo Films. Reservados todos los derechos.


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