"Soy el Número Cuatro" (D.J. Caruso, 2011)

Soy el número cuatro

Cuando Alfred Gough, Miles Millar y Marti Noxon convirtieron en guión la novela del mismo título, tenían claro que este es uno de esos productos que no están destinados a los críticos ni a los cinéfilos, sino a un auditorio juvenil que desea ver, no necesariamente por este orden: amores difíciles, fuegos artificiales a base de CGI, monstruos que obligan a respirar hondo, y adolescentes guapos que parecen ser y acaban siendo de otro planeta.

La novela Soy el Número Cuatro, firmada por Pittacus Lore (es decir, por el dúo formado por Jobie Hughes y James Frey), es una de esas pepitas de oro que en el mundo editorial acaban inaugurando una lucrativa franquicia. A su modo, viene a ser una variante de Crepúsculo con extraterrestres, mucha acción y algo menos de ese romanticismo teen –y más bien cursi– sobre el que han corrido ríos de tinta.

D.J. Caruso pone en imágenes esta aventura con la ventaja de un reparto idóneo, en el que destacan Alex Pettyfer, Timothy Olyphant, Dianna Agron, Kevin Durand y Teresa Palmer.

Produce Michael Bay –ya están advertidos–, pero esta vez el equipo técnico es tan solvente que nada se puede criticar sobre la factura del film. La fotografía del gran Guillermo Navarro es sensacional, el equipo de producción de DreamWorks demuestra lo que vale –o lo que cuesta–, y el montaje de Vince Filippone y Jim Page no deja un solo hueco para la incoherencia.

El personaje principal es un fugitivo del planeta Lorien, John Smith (Alex Pettyfer), enviado a la tierra junto a su protector, Henri (Timothy Olyphant). Huyen de una raza de matones góticos –los llaman Modadorianos– que planean su exterminio y el de los restantes supervivientes de Lorien, uno por uno. De ahí el título de la cinta.

Soy el Número Cuatro

Como si fuera Clark Kent, John se refugia en un pueblo que parece salido de un cuento de Ray Bradbury: Paradise, Ohio. Allí, las virtudes de la América tradicional se han detenido en el tiempo: aún hay carnavales llenos de freaks y concursos de tarta de manzana, y ello contribuye a que John pueda descubrir el amor junto a su compañera de instituto, la inteligente y tirando a rara Sarah Hart (Dianna Agron).

El resto es más o menos predecible. El romance se complica –¡y de qué manera!–, aparecen los feroces antagonistas de John y éste, como sucedía con Superboy en Smallville, descubre que tiene poderes sobrehumanos.

D.J. Caruso remata con solvencia este trabajo artesano, cuya comercialidad es tan obvia como sus intenciones. Lo cual es algo que se agradece, porque Soy el Número Cuatro es puro cine de entretenimiento, sin ambiciones ni grandes méritos, pero realizado con profesionalidad.

Tras ver la película, no dudo que su público específico –demográficamente situado entre los doce y los dieciocho años– la disfrutará sin reservas. Pero me queda una duda: ¿Hubiera sido ésta la misma película si el papel de protector lo hubiera interpretado, como en principio estaba previsto, el bueno de Sharlto Copley?

Sinopsis

Soy el Número Cuatro es un thriller de suspense sobre un joven extraordinario llamado John Smith (Alex Pettyfer), un fugitivo que huye de los implacables enemigos enviados para destruirle. Se ve obligado a cambiar su identidad y a mudarse de ciudad con su guardián Henri (Timothy Olyphant), así que John siempre es el chico nuevo sin vínculos con su pasado.

Por fin, John logra convertir a la pequeña ciudad de Paradise, Ohio, en su hogar. Allí vivirá acontecimientos que cambiarán su vida para siempre. Conocerá a su primer amor (Dianna Agron), descubrirá sus nuevos poderes y entrará en contacto con los que comparten su increíble destino.

 

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