"Somos la noche" (Dennis Gansell, 2010)

Somos la noche

Lena, una joven berlinesa de 20 años se las arregla como ratera. En uno de sus "trabajos" nocturnos en un club de mala muerte, conoce a Louise, de 250 años de edad.

Louise es una glamurosa tigresa, quien no sólo es la dueña del club, sino que además lidera un inusual trío de vampiresas que completan la "joven" Nora y la elegante Charlotte.

Louise se enamora perdidamente de Lena y la muerde durante su primera noche juntas. Una vez mordida, Lena descubre la maldición y la bendición de su nueva vida eterna. Se deleita en el glamour, las fiestas y la libertad infinita. Pero rápidamente descubre que la sed interminable y el apetito asesino de sus nuevas amigas tienen un alto precio.

Cuando el inspector jefe de la policía de Berlín, Tom Serner, empieza a investigar a las mujeres, es sólo cuestión de tiempo que los acontecimientos desencadenen en una espiral fuera de control.

Somos la Noche es la nueva película del premiado director Dennis Gansel (Napola, Before the fall), y el productor de éxito Christian Becker (Wickie and the mighty vikings, Hui Buh The Goofy Ghost, The Vexxer). De su colaboración, que comenzó hace ya una década con el thriller televisivo The phantom, han surgido en estos años varias películas multipremiadas y reconocidas internacionalmente incluyendo su éxito más reciente, La Ola. Ahora, Gansel y Becker nos presentan este adrenalítico film de vampiros lleno de intriga, suspense y sensualidad.

Junto al guionista Jan Berger (The door, A different league, FC Venus), Dennis Gansel desarrolló esta provocativa historia de una banda de vampiresas que viven a lo grande, con sus propias reglas y dejando un rastro de sangre sin piedad. Rodada en el invierno de 2009 en Berlín, se escogieron localizaciones como el Teufelsberg (“El monte del diablo”), la feria de Plänterwald, el nuevo túnel Tiegarten, Lichtenberg o Tropical Island, un antiguo aeródromo.

Nueva sangre en venas antiguas

Los vampiros encienden la imaginación de los directores de cine como pocas otras figuras míticas y literarias consiguen hacer. Una mirada a los archivos confirma que se han hecho más de 3000 películas sobre vampiros desde 1912, incluyendo clásicos mudos, slashers, comedias porno y emotivos dramas para adolescentes. Somos la noche es un thriller repleto de acción sobre hermosas vampiresas que viven por encima de la ley disfrutando de la vida nocturna de la vibrante Berlín y matando a su antojo, en todo un ejercicio de combinar lo mejor del género de los chupasangres de todos los tiempos.

Las cuatro protagonistas representan diferentes épocas de la historia, en función del momento en que fueron convertidas en vampiro. Así la película se convierte en una especie de viaje en el tiempo, que transcurre en el moderno Berlín, con su famosa variedad de clubes nocturnos, y el submundo del crimen, la pobreza y la desesperanza, pero al mismo tiempo volviendo la vista atrás para rendir homenaje a grandes piezas del género tanto en literatura como cine.

Louise, interpretada por Nina Hoss, lidera el grupo y nos recuerda a otra vampiresa deslumbrante buscando desesperadamente un compañero perfecto: en 1872, el irlandés Joseph Sheridan, novelista gótico escribió su versión de la historia de “Camilla”, que aterrorizó Styria, Austria, durante siglos.

Quince años más tarde, el periodista irlandés Bram Stoker publicó su famoso “Drácula”, basado en la leyenda eslava, cuyo poder sexual desenfrenado golpeó a la represiva sociedad victoriana como un murciélago surgido del mismo infierno. En 1921, la historia de terror de Bram Stoker inspiró a la pionera industria del cine para producir la seminal Nosferatu, a symphony of horror, influenciando a todo el género durante años. La historia dirigida por Friedrich Wilhem Murnau sobre el Conde Orlok, interpretado por Max Schreck, fue rodada en Berlín, Wismar, Lübeck, Lauenburg, Rostock y la isla de Sylt, además de los Cárpatos.

Con su estreno en 1922, Murnau no sólo revolucionó el cine con un número de copias sin precedentes, 540, sino el género de vampiros en general. El hecho de que la luz del sol los convierta en polvo, por ejemplo, es contribución suya.

Casi 100 años después, Somos la noche está profundamente en deuda con la visión de Murnau. Tras el estreno de Nosferatu, la viuda de Bram Stoker demandó a los productores por vulneración de los derechos del autor. La corte de Berlín estuvo de acuerdo y en 1925 ordenó la destrucción de todas las copias y negativos de Nosferatu.

Afortunadamente, el éxito mundial de la película aseguró que hubiera demasiadas copias en circulación para conseguir que la sentencia se cumpliera en su totalidad. Siguiendo el éxito de Nosferatu, la viuda de Stoker firmó un contrato de 40,000 dólares con los estudios Universal de Hollywood para una adaptación autorizada de Drácula, que rodó Tod Browning en 1931.

El protagonista fue otro actor descubierto por Murnau en The Janus head, de 1920: Bela Lugosi. Hollywood se apresuró a exprimir el género y siguiendo a este Drácula se realizaron La hija de Drácula (1936) o La casa de Drácula (1945). En 1958, Christopher Lee hinca sus dientes al ya legendario papel, protagonizando nueve películas. En 1967, Fearless vampire killers, de Roman Polanski, añadió una gota de humor inteligente al sangriento cocktail, lo que desembocaría directamente en comedias como Amor al primer mordisco (1979) o Drácula: Dead and loving it (1985), de Mel Brooks. En 1992, Francis Ford Coppola volvió a la novela original para rodar la sangrienta y sexual historia para la nueva generación MTV, Bram Stoker’s Dracula. El regreso a un vampiro más “serio” siguió con Near Dark de Kathryn Bigelow, Abierto hasta el amanecer, de Robert Rodriguez, Blade, de Stephen Norrington, o Vampiros, de John Carpenter, mostrando a los chupasangres en toda su brutalidad.

Al mismo tiempo, los vampiros impregnaron la cultura pop a todos los niveles, desde la serie adolescente Buffy Cazavampiros al musical El baile de los vampiros, adaptación de la película de Polanski, o la serie de libros infantiles Pequeños Vampiros. La “domesticación” del terror fue conseguida sobre todo gracias a autoras más interesadas en el melodrama que en el caos, y más en los corazones rotos más que en los atravesados por estacas.

Así fue como Anne Rice se convirtió en pionera del subgénero con Entrevista con el vampiro, convertida en película por Neil Jordan en 1994. Más recientemente, la serie Crepúsculo de Stephanie Meyer ha extendido el fenómeno a escala global. Mormona, madre de tres hijos y creadora de un universo de vampiros castos, casi sin sangre ni sexo, su visión es apta para una generación de jóvenes cuyos padres les esperan a la salida del centro comercial con el monovolumen. Mientas que el sensacional éxito de Drácula en 1897 fue un shock para el público por sus referencias al sexo oral, sus herederos en este siglo parecen haber tomado votos de castidad eterna.

Algo que no sucede en Somos la noche, donde nuestras vampiresas van de compras y bailan hasta el amanecer en una fiesta permanente de 24 horas al día, siempre vestidas para matar y siempre al borde del abismo. “Podemos comer, beber, esnifar coca y follar todo lo que queramos, nunca engordamos, nos enganchamos, ni nos quedamos embarazadas”, dice Nora en un momento de la película. La metrópolis berlinesa es su territorio de caza, la noche, su capa de invisibilidad, la sangre de sus víctimas, el néctar de la vida. Justo como los pioneros del género los imaginaron.

Los vampiros viven eternamente, y a veces puede costar una eternidad llevar sus aventuras a la gran pantalla. Prueba de ello, la historia épica de chupasangres berlinesas Somos la noche. “Tenía 23 años cuando tuve la idea para esta película”, comenta Dennis Gansel, guionista y director, “y tendré 37 cuando finalmente se estrene en Octubre de 2010”. El proyecto nació en un apartamento compartido por los estudiantes de cine Dennis Gansel y Christian Becker. Ambos estudiantes se matricularon en la escuela de cine HFF de Munich en 1994 y trabajaron juntos en el cortometraje The wrong trip, que se proyectó antes del film Muerte súbita en 700 salas, y acabó convertido en todo un éxito underground que consiguió cimentar aún más su amistad.

En septiembre de 1996, Dennis Gansel sugirió una idea para una película a Christian Becker que les tendría ocupados los siguientes catorce años. Dos experiencias le dieron la idea a Dennis: “Mi novia estudiaba teatro en esa época y tenía una foto suya muy sexy en blanco y negro que me recordaba a un vampiro”, recuerda el director. “El otro momento clave fue mi visita a Berlín verano de 1996, cuando conocí esa arquitectura decadente y Victoriana en la zona de Schlesisches Tor y visité algunos clubs de la época como el Tresor o el WMF.” Dennis Gansel se encontró con el apoyo entusiasta de su compañero de piso y estudios. “Christian Becker lo pensó un momento y dijo: ¡Estupendo! Desde entonces hemos estado juntos en este proyecto. A él le gustaban los elementos de acción y a mí me interesaban más los aspectos románticos.” El director escribió un esbozo de tres páginas llamado The Dawn, una historia de amor entre una joven vampiresa de Berlín y una joven mortal. Otra coincidencia le condujo hasta la protagonista de la película: “Estaba en el estreno de Girl called Rosemarie de Bern Eichinger y vi a Nina Hoss en pantalla. Me di cuenta al momento de que tiene un talento único, y modelé el guión a su medida”.

Se conocieron por primera vez en la primavera de 1999. “Le di a Nina el guión y le pedí que dejara su agenda libre para el otoño de 1999”, recuerda Gansel. “Estaba totalmente convencido de que rodaríamos aquel año”. Nina Hoss recuerda aquel primer encuentro marcado por el entusiasmo del joven director: “Dennis me enseñó el primer borrador del guión. La trama no estaba todavía resuelta, era algo diferente al guión que pretendía rodarse, pero me encantó la parte de las vampiresas así que le dije: ¡llámame cuando el guión este acabado!”.

Con una sonrisa, Nina añade: “Diez años después, lo estaba”. Durante los siguientes años, Dennis Gansel tuvo que aprender que a menudo no es fácil dar vida los no muertos, especialmente en un país europeo que favorece las películas “artísticas” y con poca tradición en películas de género. “Mi guión estaba terminado en el 2000, pero creo que se adelantó a su tiempo”, dice el director. Ningún productor ni distribuidor quería financiar su romance vampírico. Mientras tanto el director dirigió sus esfuerzos a otros proyectos exitosos como Girls on top, Napola, Before the fall y La Ola. Al mismo tiempo sin embargo, nunca dejó de trabajar en el guión de The Dawn. Y su paciencia y perseverancia finalmente dieron su fruto: el éxito de La Ola, producida por Christian Becker, proyectada en Sundance y vista sólo en Alemania por 2,6 millones de espectadores, tuvo el efecto deseado para conseguir que el proyecto de Gansel obtuviera luz verde por parte de Constantin Film. “Naturalmente el éxito de Crepúsculo también le dio alas a nuestra película”, admite Becker, “pero ten en cuenta que nuestro guión ya estaba hecho antes de que Stephanie Meyer hubiera escrito una sola palabra”. Además, Jan Berger añadió un toque especial con grandes dosis de acción. “Dennis y yo somos grandes fans de Luc Besson, y el estilo de sus primeras películas fue una gran inspiración. Queríamos hacer un thriller de acción europeo, con una identidad única. Puesto que las protagonistas eran cuatro vampiresas en Berlín, ricas, hermosas, eternamente jóvenes e inmortales, para ellas la fiesta nunca acaba”. Celluloid Dreams, que también se encargó de la venta de La Ola en medio mundo, se unió a otras compañías para respaldar Somos la noche.

“Nos ganamos el apoyo de Media Board Berlin Brandenburg, Bavaria’s FilmBoard, el Comisión Federal para el Cine y el German Film Fund”, comenta el productor. “Junto al NRW Bank y Constantin Film, conseguimos un presupuesto multimillonario, que nos permitió contar la historia como realmente queríamos”.

Ficha técnica / Ficha artística:

Wir sind die Nacht

Alemania, 2010

Dirección: Dennis Gansell

Producción: Christian Becker / Constantin Film, Rat Pack Filmproduktion

Guión: Jan Berger, Dennis Gansel

Fotografía: Torsten Breuer

Música: Heiko Maile

Montaje: Ueli Christen

Intérpretes: Nina Hoss,

Jennifer Ulrich, Karoline Herfurth, Anna Fischer,

Max Riemelt

Duración: 95 minutos

Copyright de texto e imágenes © Vertigo Films. Reservados todos los derechos.


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