"Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal" (Steven Spielberg, 2008)

Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal

En realidad, no sé si Indiana Jones es más popular ahora que en el año que le vio nacer, pero lo cierto es que su figura provoca un consenso de entusiasmo y simpatía que ni siquiera George Lucas y Steven Spielberg hubieran podido imaginar en 1981.

La nueva entrega de sus aventuras, como todas las obsesiones, a veces parecía improbable y, con frecuencia, era desmentida por los hechos. Y eso que Lucas, desde mediados de los ochenta, no ocultaba su intención de rodar cinco películas con el personaje. Incluso llegó a contratarlas con Paramount Pictures, asegurándose el control absoluto de la franquicia.

En todo caso, Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal (Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull) llega por fin a las pantallas, y más que como un blockbuster, se presenta como un clásico de culto que hubiera sido comentado durante décadas.

Quizá por eso mismo una parte de la crítica ha reaccionado como suele hacerlo en estos casos: con un rigor del que nunca se sabe si es genuinamente implacable o un tanto artificial, como esa inocencia que muchos de mis colegas creen haber perdido. ¿Conserva la nueva entrega el espíritu de la saga? ¿Está a la altura del cine moderno de aventuras o es un anacronismo nostálgico?.. Estas y otras preguntas sobrevuelan los titulares, tal como ocurre en la calle. Pero no se dejen confundir. Cada época tiene sus falacias predilectas, y en la nuestra, el gozo y el entretenimiento parecen estar reñidos con el arte.

En sus diferentes niveles, nos hallamos ante un espectáculo de destila amor por el Hollywood clásico. Muy bien rodado, impecablemente interpretado, y lo mejor de todo, tan ameno y encantador que uno acaba creyendo que Lucas y Spielberg fijan sus propias reglas a la hora de ofrecer cine con mayúsculas.

En esto estoy con Roger Ebert: si les gustaron las otras les gustará esta. Si no, de poco o de nada les servirá mi recomendación.

La cinta, como todos esperaban, está repleta de guiños a sus predecesoras y se basa en emociones sinceras. Nada pretencioso, el guión recibe aportes del cine popular de los cincuenta, con sus oportunas dosis de guerra fría y ficción científica.

A todos los efectos, Harrison Ford se mantiene espléndido, y además tiene la suerte de enfrentarse a una dama con agallas, Cate Blanchett, para quien el respeto de sus subordinados debe convertirse en puro y simple pánico.

A primera vista, y a juzgar por la cronología establecida por las tres cintas previas, era casi obligatorio ubicar las aventuras otoñales de Indy en la Guerra Fría. Por lo demás, aunque la peripecia tenga su fecha en el año 1957, la verdad es que su esquema es felizmente previsible. El veterano Indiana (Harrison Ford), aliado en este caso a un bala perdida, arrogante y ambicioso, llamado Mutt (Shia LaBeouf), explora unos secretos yacimientos en el Perú, en busca de la fabulosa Calavera de Cristal de Akator. Para complicarles la existencia, un grupo de agentes soviéticos al mando de Irina Spalko (Cate Blanchett) persigue el mismo trofeo.

Al escribir esto, uno teme que el lector esté a punto de rememorar cien argumentos idénticos, reiterados por los seriales y el clásico cine de aventuras. Pero es justamente ahí donde reside el encanto de esta película: en su fidelidad a un género que, para lo bueno y para lo malo, tuvo su razón de ser en libros baratos y en cintas de consumo dominical.

No dudo que a los expertos en el personaje les interesará ubicar esta nueva producción en el canon ideado por Lucas. Veamos cómo queda establecida la secuencia: En busca del Arca Perdida (Raiders of the Lost Ark, 1981) situaba al doctor Jones en 1936. Sus enemigos eran el arqueólogo francés Belloq y un buen número de comandos nazis.

Pese a que no muchos espectadores se dieron cuenta, Indiana Jones y el Templo Maldito (Indiana Jones and the Temple of Doom, 1984) no era una continuación, sino una precuela. Esta vez los misterios tenían lugar en la India colonial de 1935. El robo de una piedra sagrada y un sinnúmero de niños desaparecidos eran, en aquella ocasión, las claves a resolver.

En el tercer largometraje de la saga, Indiana Jones y la Última Cruzada (Indiana Jones and the Last Crusade, 1989), llegamos al año 1938. Una vez más, los nazis se interponían en la ruta de Indy, que en este caso adquiría resonancias artúricas. Fíjense que el tesoro a conseguir era nada menos que el Santo Grial.

Por cierto, el preludio de esta última aventura transcurría en 1912, con un Jones preadolescente (River Phoenix), enredado en una correría que le llevaba a adquirir sus tres señas de identidad: el látigo, la cicatriz en la barbilla y su sombrero fedora.

Convencido de que la Historia es una asignatura pendiente para los más jóvenes de la casa, Lucas produjo entre 1992 y 1996 una teleserie memorable, Las aventuras del joven Indiana Jones (The Young Indiana Jones Chronicles). Tres actores encarnaron al arqueólogo, George Hall (Jones a los 93 años), Sean Patrick Flanery (Indy a los 17) y Corey Carrier (Indiana Walton Jones, con diez años justos).

Para no desvirtuar la intención didáctica del proyecto, los argumentos incluían acontecimientos históricos e implicaban a personajes reales.

Este afán de verosimilitud contrasta, no obstante, con los fantasiosos orígenes del personaje, que vino al mundo en medio de una conversación informal.

"Parece como si George y yo nos conociéramos desde siempre –dice Steven Spielberg–. Nos encontramos por primera vez en una fiesta entre bastidores después de un festival de cine estudiantil y nos hicimos amigos. Años después, George había terminado Star Wars y tenía planeado embarcarse en un viaje que le llevaría muy, muy lejos de la semana del estreno, así que le acompañé a Hawai, a esperar que se supiera la recaudación; fue como esperar a los resultados de unas elecciones. (...) Me preguntó qué tipo de película me gustaría rodar; a lo que respondí que siempre había deseado una película de James Bond. Entonces me dijo que tenía algo mejor, y ante mi petición de que se explicara, me contestó: «Tengo En busca del arca perdida», y aquel fue el principio de nuestra asociación profesional. En cierto sentido, al final no quise imitar la serie de James Bond, en ninguna faceta siquiera. Creo que todos estuvimos de acuerdo en que Indiana Jones tenía que ser vulnerable, que debía ser una persona real; parte de él debía hacer que la audiencia pudiera identificarse" (Indiana Jones: Historia de una saga, Norma Editorial, 2008).

El argumento de la nueva entrega se basa en una calavera de cristal auténtica, adquirida por el Estado francés en 1875. El vendedor fue el arqueólogo y coleccionista Alphonse Pinard, quien la describió, en su momento, como una reliquia azteca.

Estos días hemos sabido que la calavera de Pinard es una falsificación elaborada en el XIX, pero eso no resta interés a la fantasía urdida por Lucas y Spielberg. En cualquier caso, es probable que este último se lo haya echado en cara a su amigo. Por lo que sabemos, a Spielberg no le convencía ese tesoro azteca, y quizá por ello rechazó tantos guiones desde 1989.

Desde esa fecha, Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal ha sido objeto de borradores, observaciones y tratamientos por parte de guionistas tan prestigiosos como Frank Darabont, Lawrence Kasdan, Jeb Stuart, Jeff Nathanson, Jeffrey Boam, Stephen Gaghan, Tom Stoppard y M. Night Shyamalan. Dicho de otro modo: la realeza de la moderna escritura cinematográfica.

El guión con el que la cinta va a estrenarse lleva la firma de David Koepp, pero es fácil imaginar que el equipo de Lucas habrá introducido enmiendas y mejoras a cada momento, obteniendo en cada página el famoso sello rojo con el que el productor da su visto bueno.

El primer plano de la cinta se rodó el 18 de junio de 2007, y los escenarios fueron acondicionados en Deming (Nuevo México), New Haven (Connecticut), Hawai y Chandler Field (Fresno, California).

A ello hay que sumar los cinco estudios (Downey, Sony, Warner Bros., Paramount y Universal) que Spielberg tuvo a su disposición en Los Ángeles, y en los que el largometraje adquirió toda su espectacularidad.

"Dos décadas después –añade Spielberg–, estoy muy contento de volver a trabajar con George, Harrison Ford, Frank Marshall, Kathy Kennedy y... Karen Allen. Aunque echo de menos a muchos de los incondicionales de los repartos y equipos anteriores -tanto a los que se han retirado, como Dougie Slocombe, Rober Watts, Sean Connery, como a los que ya no se encuentran entre nosotros, como David Tomblin, Denholm Elliot y tantos más-, me alegra tener ahora conmigo a un nuevo grupo para esta entrega: Cate Blanchett, Shia LaBeouf. Ray Winstone, John Hurt, el director de fotografía Janusz Kaminski, el diseñador de producción Guy Hendrix Dyas, y el guionista David Koepp, por mencionar a unos pocos. Nunca antes habíamos trabajado tan rápido y frenéticamente" (Indiana Jones: Historia de una saga, Norma Editorial, 2008).

Sinopsis

La última aventura de Indiana Jones empieza en el desierto del suroeste Estados Unidos en 1957, en plena Guerra Fría. Indy y su amigo Mac (Ray Winstone) acabar de escapar por los pelos de las garras de unos infames agentes soviéticos en un remoto aeropuerto.

El profesor Jones regresa a casa y se entera de que las cosas van de mal en peor. Su mejor amigo, el decano de la Universidad (Jim Broadbent), le dice que muchos sospechan de las últimas actuaciones de Indy y que el gobierno presiona a la Universidad para que le despidan. Indiana, a punto de irse, conoce a un joven rebelde llamado Mutt (Shia LaBeouf), que le propone un trato. Si el arqueólogo le ayuda a resolver un problema personal, podría hacer uno de los descubrimientos más espectaculares de la historia; se trata de la Calavera de Cristal de Akator, un objeto legendario que despierta la fascinación, la superstición y el miedo.

Indy y Mutt viajan al rincón más perdido de Perú, tierra de antiguas tumbas, exploradores olvidados y rumores de una ciudad de oro. Pero no tardan en descubrir que no están solos; los agentes soviéticos también quieren apoderarse de la Calavera de Cristal. Los miembros de una unidad militar de élite, dirigidos por la fría, calculadora y letalmente bella Irina Spalko (Cate Blanchett), quieren apoderarse de la Calavera, convencidos de que ayudará a los soviéticos a dominar el mundo... si consiguen descifrar su secreto.

Indy y Mutt deberán despistar a los despiadados soviéticos, seguir la pista de un misterio insondable, sortear a enemigos y amigos dudosos y, sobre todo, impedir que la Calavera de Cristal caiga en las manos equivocadas.

Copyright de las imágenes, de la sinopsis y de las notas de producción © Paramount Pictures, Lucasfilm Ltd. Autor de la fotografía superior: David James. Cortesía del Departamento de Prensa de Paramount Spain. Reservados todos los derechos.


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