El libro de Eli, de los hermanos Hugues

El libro de Eli

Con este título se exhibe una de las producciones más originales de la reciente ciencia-ficción: un western postapocalíptico que avanza en línea recta hacia la religiosidad. Entretenido y audaz, El libro de Eli, como film de aventuras, está muy por encima de las adocenadas fantasías de este tipo que nos llegan regularmente desde los tiempos de Mad Max.

La película ha sido contada como debía contarse. Los hermanos Hughes, Albert y Allen, han sabido arreglárselas para no menospreciar una sola influencia. Un hilo de legítima espiritualidad corre a todo lo largo de este drama cuya moraleja no es nada confusa, pese a ir mezclada en un cóctel de géneros.

Tomemos por ejemplo al protagonista, un nómada que recuerda a Mad Max casi tanto como al Predicador de El jinete pálido (1985), pero cuya legítima estirpe proviene de samurais cinematográficos como Zatoichi y Sazen Tange.

Gracias a la interpretación de Denzel Washington, Eli se mueve en una latitud muy diferente a la de otros personajes de la moderna ciencia-ficción. No hace ningún esfuerzo por ser héroe, pero decide correr el riesgo de convertirse en un paladín que recita versículos de la Biblia, haciendo gala de una sobriedad y de un misticismo que para sí quisieran algunos caballeros medievales.

Este último rasgo no es casual, sobre todo porque otra de las plantillas sobre las que se arma la película es la clásica novela de caballerías. De hecho, si nos olvidamos de las armas automáticas, de las peleas de alto voltaje y de las ballestas de infalible puntería, no quedan muy lejos la búsqueda del Santo Grial y otros mitos divulgados por la literatura caballeresca.

Sacando el máximo valor fotográfico de esos páramos donde transcurre la peripecia de Eli, los hermanos Hugues saben retratar una civilización que ha desaparecido bajo los escombros. El paisaje de la devastación, abrasado por el calor y la radiactividad, se asemeja a las típicas planicies del western, y esa pequeña ciudad adonde llega el protagonista, dominada por el perverso Carnegie (Gary Oldman) y sus matones, adopta con clara intención el perfil de un poblado del Oeste.

A pesar de los forzados clichés y de algunas soluciones no del todo plausibles, El libro de Eli acentúa sus rasgos de originalidad en el último tramo. Y por cierto, en esos arranques de osadía tiene mucho que ver el personaje de Solara, la hijastra de Carnegie, encarnada por una joven actriz a la que le aguarda un espléndido porvenir, Mila Kunis.

¿Referencias? Las hay a cientos, pero los hermanos Hugues dejan bastante clara una de ellas. Se trata de otro film postapocalíptico, Un muchacho y su perro (A Boy and his Dog, 1975), basado en un excelente relato de Harlan Ellison.

Sinopsis

En un futuro no muy lejano, unos 30 años después de la guerra final, un hombre solitario camina sobre la desolada tierra que una vez fue los Estados Unidos. Ciudades vacías, autovías destrozadas, la tierra yerma. Todo a su alrededor denota la catástrofe de la destrucción total. No existe civilización ni ley. Las carreteras están en manos de pandillas que matarían por un par de zapatos o una pizca de agua, o sin razón alguna...

Pero ninguno de ellos está a la altura de este viajero.

Un guerrero por necesidad, no por elección, Eli (Denzel Washington) solo busca la paz, pero si se le desafía, antes de que sus oponentes tengan tiempo de darse cuenta de su fatal error, Eli terminará con ellos. Lo que defiende con tanto empeño no es su vida, sino la esperanza de un futuro; una esperanza con la que ha cargado y protegido durante 30 años. Una misión que está decidido a cumplir. Llevado por su compromiso y guiado por la fe en algo superior a sí mismo, Eli hace lo que sea por sobrevivir y continuar su camino.

Sólo otro hombre en este mundo en ruinas entiende el poder que Eli tiene en sus manos y está dispuesto a arrebatárselo: Carnegie (Gary Oldman), un déspota que se ha autoerigido en jefe en un improvisado pueblo de ladrones y pistoleros.

Al mismo tiempo, la hija adoptiva de Carnegie, Solara (Mila Kunis) se siente fascinada por Eli, pero por una razón muy diferente: por la visión que ofrece de lo que puede existir más allá del dominio de su padrastro.

Pero no será fácil disuadirlo. Nada, ni nadie, se interpondrá en su camino. Eli tiene que seguir avanzando para cumplir con su destino y darle la oportunidad de la salvación a una humanidad desolada.

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