"Babel" (Alejandro González Iñárritu, 2006)

Babel

Rodada en el transcurso de un año en tres continentes, protagonizada por un reparto multilingüe encabezado por Brad Pitt, Cate Blanchett, Gael García Bernal, Kôji Yakusho, Adriana Barraza y Rinko Kikuchi, además de actores no profesionales procedentes de Marruecos, México y Japón, la película ha acabado siendo, para todos los que han participado en ella, un viaje físico y psicológico muy parecido al que realizan los personajes. El film cuenta la historia de unas personas a la deriva por las barreras culturales y la imposición de las fronteras, pero el director y su equipo se enfrentaron a estos problemas meses antes de que empezara el rodaje.

Para el director Alejandro González Iñárritu, premiado por la Academia, hacer esta película ha sido el equivalente a un recorrido transformador. Según dice, ha sido el mayor reto fílmico al que ha tenido que enfrentarse y que ha cambiado a todos los que se han visto involucrados. “BABEL cobró vida a partir de la necesidad moral de liberarme y hablar de cosas que me llenaban el corazón y la mente: el dolor que existe en el mundo, en lugares cercanos o distantes, simbolizado por el estudio de tragedias personales”.

“La realización de BABEL ha sido en sí una especie de torre de Babel”, añade el director. “El rodaje no ha tenido nada que ver con lo que había hecho hasta ahora. En realidad, ha sido como rodar cuatro películas diferentes, intentando sumergirnos en cuatro culturas y no verlas desde un punto de vista foráneo. Para empezar, la logística ya era todo un reto, pero lo más difícil era la parte emocional e intelectual. BABEL no solo era un viaje externo, sino interno. Nos ha transformado a todos sin excepción. La película también cambió porque me vi obligado a reescribir cada historia según la cultura y las circunstancias”. Como suele pasar en estos casos, el choque de puntos de vista diferentes tanto ideológicos como físicos acabaron por transformar no sólo la perspectiva del director, sino el proceso creativo en sí.

Alejandro González Iñárritu reconoce que la idea de rodar BABEL es una causa directa de haber salido de su país natal y por su estado anímico actual. “BABEL no contesta a la pregunta ‘¿De dónde soy?’ sino más bien a la de ‘¿Adónde voy?’”.

“Lo mejor de BABEL fue que empecé rodando una película acerca de las diferencias que separan a los seres humanos, las barreras físicas y del idioma, pero en el camino me di cuenta de que estaba haciendo una película acerca de lo que nos une, el amor y el dolor. Es muy posible que lo que hace feliz a un marroquí y a un japonés sea muy diferente, pero lo que nos hace sentir mal es lo mismo para todos”, dice el director.

Al rodar una película que cruza fronteras, culturas, conflictos y las barreras internas que las personas interponen entre ellas, Alejandro González Iñárritu y su equipo tuvieron que abrirse camino entre un laberinto de idiomas, estilos de vida y personalidades diferentes.

“Durante el rodaje tuvimos problemas muy parecidos a los que están en la película; la comunicación no fue nada fácil”, explica el director. “BABEL depende de cientos de personas procedentes de diversos lugares del mundo. Por ejemplo, en el plató de Marruecos se hablaba árabe, bereber, francés, inglés, italiano y español. Incluso teníamos actores de la misma ciudad que no hablaban el mismo idioma; fue todo un reto conseguir que se entendieran”.

La película BABEL, inspirada en la cacofonía de voces humanas que surgió de la torre bíblica, narra cuatro fascinantes historias que transcurren en puntos muy alejados del planeta, pero que de algún modo están unidos. Todo empieza a partir de un hecho trivial - un turista olvida un rifle de caza en Marruecos – que desencadenará una serie de interacciones personales y globales. Aunque vuelve a los temas de sus dos películas anteriores, 21 gramos y Amores perros, el destino y la interconexión, esta película va más lejos, es un lienzo mucho más grande desde el punto de vista emocional, intelectual y geográfico. “La única razón por la que estas tres películas pueden considerarse una trilogía, aparte de tener una estructura parcialmente coincidente, es porque, al fin y al cabo, son historias de padres e hijos. Lo son 21 gramos y Amores perros. A pesar de que hay temas sociales y políticos implícitos en BABEL, no deja de ser un cuarteto de historias muy intimistas”, dice Alejandro González Iñárritu.

Uno de los objetivos principales del director era evitar a toda costa retratar las diferentes culturas desde el punto de vista convencional de un extranjero, pues destruiría la intimidad que el espectador crease con los personajes multiculturales. Para conseguirlo, se sumergió en lo que él describe como “un proceso de observación y absorción”, quedándose largos periodos de tiempo en los países donde rodaría, observando las costumbres locales. Además recurrió a numerosos actores no profesionales que hicieron gala de una naturalidad sin igual además de aportar conocimientos únicos de las sutilezas culturales locales. A pesar de que muchos actores nunca habían visto una cámara de cine, el director dejó que reaccionaran a las situaciones dramáticas de la película de acuerdo con sus pautas culturales.

Esta forma de narrativa ayudó a romper las barreras que tan a menudo rodean a los personajes foráneos en las películas de Hollywood. Para el director, una de las mayores dificultades era representar honradamente el entorno cultural de cada personaje, además de mostrar el conmovedor e innegable humanismo de cada historia.

“Las auténticas fronteras, más que líneas físicas exteriores, están dentro de nosotros, son barreras del mundo de las ideas. Entendí que lo que nos hace felices como seres humanos puede ser muy diferente, pero lo que nos hace desgraciados y vulnerables, más allá de la cultura, la raza, el idioma o el nivel económico, es lo mismo para todos”, dice Alejandro González Iñárritu. “Descubrí que la mayor tragedia humana es la incapacidad de amar y ser amados, la incapacidad de tocar y ser tocados por este sentimiento que sin embargo es la razón de ser de todos los seres humanos. Por eso BABEL se transformó en una película acerca de lo que nos une, y no de lo que nos separa”.

El núcleo de BABEL es un tema candente del siglo XXI, la comunicación. La película estudia la incómoda contradicción que representa vivir en un mundo donde la comunicación, gracias a las últimas tecnologías, es relativamente simple en el ámbito global, pero donde sus habitantes se sienten aislados y alejados los unos de los otros. Esa fue la razón por la que Alejandro González Iñárritu escogió la palabra “Babel” para el título de la película, pensando en la torre de Babel del Génesis. Durante siglos, la ira de Yahvé y la consiguiente dispersión de una humanidad que ya no podía comunicarse, sirvió para explicar por qué no teníamos la misma cultura ni hablábamos la misma lengua. Para el director, también nos recuerda que seguimos divididos por barreras y malentendidos superficiales.

“Quería expresar con una palabra la idea general de la comunicación humana, sus ambiciones, su belleza y sus problemas”, dice el director, refiriéndose al título de BABEL para la película. “Barajé muchos títulos, pero cuando se me ocurrió la historia del Génesis, vi que era la metáfora perfecta. Todos tenemos un idioma propio, pero creo que compartimos la misma espina dorsal espiritual”.

Alejándose de las condiciones de rodaje de sus dos anteriores películas, filmadas en países familiares y conocidos, el director era consciente de que BABEL no sólo requería una mayor inmersión en un complicado viaje emocional e intelectual, sino también una forma de explorar otras culturas y modos de ver el mundo a través de una película mucho más compleja. Y, como suele pasar, el enfrentamiento de puntos de vista culturales tan diversos en el plano ideológico y físico acabaron por transformar su perspectiva personal y el mismo proceso creativo.

El director no quería relatar las historias de personajes nacidos y criados en los lugares retratados en la película desde el punto de vista de un extranjero. Para evitarlo, se sumergió en un proceso de “observación y absorción”. Además de observar cuidadosamente las costumbres cotidianas locales, decidió trabajar con actores locales no profesionales que le aportarían un mayor contacto con los detalles culturales. Para alcanzar su objetivo, dejó que estos actores noveles reaccionasen de forma natural ante situaciones que quizá no tenían el mismo significado en otro país. Muchos no habían visto una cámara de cine antes.

Sinopsis

En las lejanas arenas del desierto de Marruecos suena un disparo que desencadena una serie de acontecimientos fortuitos que servirá para conectar a una pareja estadounidense en su desesperada lucha por sobrevivir, con los dos chicos marroquíes responsables involuntarios del accidente, una niñera que cruza la frontera de México ilegalmente con dos niños estadounidenses y una adolescente japonesa sorda y rebelde sobre cuyo padre pesa una orden de busca y captura.

A pesar de las enormes distancias y de las culturas tan antagónicas que los separan, estos cuatro grupos de personas comparten un destino de aislamiento y dolor. Sólo bastarán unos pocos días para que se encuentren totalmente perdidos, perdidos en el desierto, perdidos para el mundo, perdidos para sí mismos, mientras avanzan hacia el borde del abismo de la confusión y el miedo, al tiempo que se hunden en las profundidades de las relaciones y del amor.

 

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